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Pasajero: el amor también es un juego de rol

Crítica Pasajero Pillion 2026

SINÓPSIS Impresionado por la belleza de Ray (Alexander Skarsgård), el introvertido Colin (Harry Melling) inicia una relación BDSM con el líder de un club de moteros. Sin embargo, la ausencia de ternura comienza a mermar el entusiasmo de Colin hacia su nueva vida, ya que la frialdad de Ray es más parecida al abuso que a una forma alternativa de afecto. 

La secretaria (Secretary, 2002) podría considerarse una obra atrapada en la incorrección política del pasado, pero fue adelantada en sus reflexiones sobre la reciprocidad en cualquier tipo de romance, incluso si se trata de un sugestivo juego de control y sumisión. Dos décadas después, Pasajero (Pillion, 2025) también coincide en que el amor y los fetiches son incompatibles sin el mutuo acuerdo de “días libres” o palabras clave que permitan diferenciar lo lúdico de lo cotidiano.  

El emergente Harry Lighton (director) toma un texto tan áspero como la novela Box Hill (editorial Temas de Hoy) para convertir la brutalidad en una “rom-com” ambientada en el mundo del BDSM. La producción omite la violencia explícita y todos los tipos de abuso en la obra de Adam Mars-Jones (etiquetada como la versión británica de Llámame por tu nombre), sustituyendo la crudeza literaria por una relación cuando menos consensuada. En la versión fílmica, los episodios impactantes son cambiados por una historia edificante sobre autoestima y amor personal

Con propuestas que van desde Maîtresse (1975) hasta Dogs Don’t Wear Pants (2019), los cineastas interesados en lo kinky siempre terminan explorando el choque entre los ideales clásicos del amor y los juegos de sumisión, produciendo largometrajes con más extravagancia y morbo que verismo. A diferencia del libro, la adaptación de Lighton tiene una perspectiva equidistante a la hora de representar la diversidad sexual, dibujando fronteras entre los códigos del BDSM y la tóxica relación de los protagonistas. La participación de miembros reales de la comunidad biker y fetichista aporta al filme un toque documental que contrarresta la hostilidad retratada en la novela. 

Al estilo de El desconocido del lago (L’Inconnu du lac, 2013), Harry Lighton logra capturar la autodestructiva fascinación por el peligro en forma de virilidad, pero añadiendo algunas anotaciones sobre los roles dominantes y su conexión con los problemas más retorcidos del machismo. Teniendo como base la fantasía arquetípica del amante sádico, Pasajero establece diferencias entre el dolor placentero y la violencia psicológica que sufre el protagonista cuando intenta establecer límites en el juego, puesto que dicho atisbo de voluntad termina evidenciando la simpleza de un hombre que se derrumba sin su efímero control. 

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La violencia está a nivel de las emociones, siendo el desdén de Ray (Skarsgård) lo más incómodo en la ficción. La película imita al erotismo fílmico del siglo XX, principalmente cuando se reflexiona sobre la fragilidad de una seducción a la vez que los roles no cumplen su función en el juego sexual. Evocando al desencanto final de El último tango en París, los espectadores descubrimos que el misterio de ese semental que lee a Karl Ove Knausgård es solo una performance para ocultar su narcisista mundanidad. 

Pasajero no solo es una película sobre sexo y fetiches, también aborda los prejuicios y tabúes replicados en subculturas como el BDSM.

La indiferencia de Ray se contrapone a la calidez hogareña de los transigentes padres de Colin, interpretados por Lesley Sharp y Douglas Hodge, quienes representan el lado sentimental del personaje. A grandes rasgos, Pasajero es un viaje para encontrar el punto medio entre el sofocante ambiente paternal y lo sórdido del apartamento de Ray, disyuntiva que oculta una posible crítica a la heteronormatividad en las relaciones homosexuales. La irritación del protagonista ante la algarabía queer de su cita al inicio del filme refleja una insatisfacción que desaparece cuando lo kinky se reduce a un escenario binario de control y sumisión. 

Pasajero no solo es una película sobre sexo y fetiches, también aborda los prejuicios y tabúes replicados en subculturas como el BDSM. La belleza hegemónica de Ray es un elemento que contribuye a la desmoralización de Colin, situación enfatizada mediante diálogos que valoran la poca gracia del protagonista como una desventaja que exalta los atributos de su novio dominante. Debido a que la “devoción” es un perturbador eufemismo para la resignación ante las vejaciones involuntarias, el final cinematográfico resulta más satisfactorio que el desenlace literario, porque otorga dignidad a Colin para exigir límites a quien tiene el mundo a sus pies. 

Conceptualmente, la película se limita a cumplir con los estándares de cualquier drama británico, recurriendo a una fotografía y un montaje que no explotan toda la riqueza estética del ambiente kinky y la cultura biker. Como consecuencia de su monótona propuesta, el peso del filme recae en las dotes histriónicas de Harry Melling y Alexander Skarsgård, quienes convierten lo erótico en una brutal e incómoda experiencia de bondage sentimental. Considerando que se trata de su ópera prima, Lighton demuestra una madurez cinematográfica que es efectiva a pesar de la austeridad visual del metraje. 

Como cine queer, Pasajero deja en la memoria grandes momentos homoeróticos, entre los que se encuentran la escena de lucha libre o el picnic en el bosque; no obstante, el “día libre” y sus consecuencias podría ser lo más shockeante del filme al representar el doloroso castigo a una desesperada solicitud de afecto. A pesar de su extravagancia y humor contenido, Harry Lighton adopta la seriedad de un cineasta veterano cuando se trata de sentimientos, mostrándonos que la manipulación puede convertirse en otra puerta para el amor, pues todas las formas de romance incluyen algún tipo de perversión.

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Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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