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Amores Materialistas: jamás subestimes el poder de una historia romántica

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Amores Materialistas entrega una hermosa mirada a lo que podría considerarse la versión más elevada del amor contemporáneo, con los protagonistas arrojándose a un destino incierto. 

Lucy (Dakota Johnson) trabaja como casamentera para una startup cuando conoce a Harry (Pedro Pascal), un millonario que la deslumbra con lujosos obsequios y cenas costosas. Al mismo tiempo, la protagonista se reencuentra con su exnovio John (Chris Evans), un aspirante a actor que apenas y puede pagar el alquiler, pero con quien Lucy tiene una conexión especial. 

Así como Greta Gerwig utilizó 2001: A Space Odyssey (1968) para representar la irrupción de Barbie (2023) en la cultura, Celine Song (directora y guionista) inicia Amores Materialistas (Materialists, 2025) con otro viaje al pasado que muestra a dos personajes prehistóricos en cortejo. ¿El objetivo? Defender la importancia de los sentimientos por encima del valor comercial que históricamente se le atribuye a las uniones matrimoniales. Dicho prólogo toma mayor significado cuando vemos las entrevistas de Lucy con sus “civilizados” y adinerados clientes, quienes reducen la búsqueda del amor al deseo primitivo de hombres altos y mujeres jóvenes. 

Un dato que enriquece al filme es saber que la falta de oportunidades en el teatro llevó a la directora a trabajar en una agencia de citas, empleo que influyó en su lectura pesimista sobre cómo la customización de las personas ha pasado de lo sexoafectivo a otos ámbitos de lo cotidiano, convirtiendo a todos los seres humanos en clientes o (peor aún) mercancía. Por tal motivo, Amores Materialistas es una película compleja, porque aunque la ficción termina cayendo en la absoluta melosidad, Celine Song incluye una amarga crítica social que resta demasiado dulzor al romance.

Probablemente, el mayor riesgo a nivel argumental es que todos los personajes son antipáticos y narcisistas, incluso los protagonistas, retratando una  nociva frivolidad que divide a la sociedad en castas modernas, siendo la segregación por capital sexual una de las más cínicas y perturbadoras de nuestros tiempos. Con el actual retorno de ideologías conservadoras, el largometraje muestra lo patético de conceptos como “unicornio” u “hombre proveedor”, roles que ni siquiera son atractivos en la delirante fantasía de una cursi comedia romántica. 

Song utiliza los clichés y códigos de las rom-coms clásicas para hablar sobre sexismo, desigualdades, heteronormatividad, prejuicios y demás problemáticas que integran los ideales románticos tradicionales. Mezclando ternura con hostilidad, la trama va revelando zonas oscuras en las inhumanas sociedades primermundistas, donde la banalidad del lujo y el confort ha desdibujado lo trascendental de expresiones humanas tan sublimes como el amor o el deseo.

En Amores Materialistas, Celine Song utiliza los clichés y códigos de las rom-coms clásicas para hablar sobre sexismo, desigualdades, heteronormatividad, prejuicios y demás problemáticas que integran los ideales románticos tradicionales.

Mediante los “candidatos” de Lucy (Johnson), el filme remarca cómo las élites (incluso los sectores progresistas) contribuyen a la sobrevivencia de los modelos más crueles y misóginos de acuerdos matrimoniales. A diferencia del típico arquetipo de la wedding planner, la realizadora da a su protagonista un golpe de realidad que convierte lo rosa en una desesperada carrera para huir de la soledad, donde las mujeres siempre deben pasar por alto todo tipo de violencias, porque “así son las citas”. 

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‘Amores Materialistas’ (Celine Song, 2025)

La historia de Lucy es intencionalmente naif para exaltar la imposibilidad de encontrar hombres como Harry (Pascal) o John (Evans) en un mundo lleno de “Marks P”. La integridad masculina se vuelve una fantasía tan lejana que solo queda valorar a las personas por su poder adquisitivo, como lo hacía Andie MacDowell en Cuatro Bodas y un Funeral (Four Weddings and a Funeral, 1994) o Audrey Tautou en Priceless (Hors de prix, 2006). Por tanto, enamorarse de alguien “pobre” se vuelve un absurdo inconveniente a la hora de construir proyectos de vida. 

La cineasta y dramaturga vuelve a cuestionar cómo el sistema capitalista determina las relaciones afectivas, cambiando la barrera cultural de Vidas Pasadas (Past Lives, 2023) por problemas económicos alimentados por el miedo a la marginalidad. La superficialidad se vuelve un privilegio que no está al alcance de John y Lucy, quienes pueden comenzar discusiones por no tener 25 dólares para el estacionamiento, peleas inspiradas por las que tuvieron Song y Justin Kuritzkes (Challengers) antes del éxito cinematográfico. En su último acto, la película entrega una hermosa mirada a lo que podría considerarse la versión más elevada del amor contemporáneo, con los protagonistas arrojándose a un destino incierto. 

Un visionado no es suficiente para descubrir todas las ideas que integran este encantador derroche de melodrama, incluyendo los detalles ocultos en los créditos finales. Con una puesta en escena sencilla, pero sofisticada, Amores Materialistas  nos demuestra que cualquier romance es posible si se hacen “los cálculos” correctos.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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