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El Esquema Fenicio: la gran farsa de Wes Anderson

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A mediados de los años sesenta, Bob Dylan tomó una decisión desconcertante con el lanzamiento de su álbum Highway 61: cambiar su característico sonido folk por el del rock and roll más popular, suceso que ocasionó una fuerte división entre sus fanáticos, ya que, mientras algunos lo consideraban una traición a su propio espíritu, otros lo vieron como un método de renovarse y desafiar al género que lo vio nacer. Si la decisión de Dylan fue acertada o no, queda al criterio de cada uno de sus escuchas, pero este pasaje comprueba una ley universal que se aplica especialmente en el arte: un gran cambio siempre traerá consigo opiniones contrastantes. 

En este aspecto, el caso de Wes Anderson es muy interesante por la paradoja que genera, pues a pesar de que mucho se ha señalado el estatismo de su cine, su estado actual indica una transformación radical que ha ocasionado el desagrado de público que en algún momento fue afín. Como ejemplo están las reacciones y críticas a La crónica francesa (2021) y, sobre todo, de Asteroid City (2023).

Por un lado estamos quienes abrazamos estos proyectos como sus propuestas más abstractas y personales, pero por el otro, tenemos a los espectadores que han argumentado que sus tramas se han comenzado a sentir emocionalmente distantes o carentes de la humanidad que poseían. Para quienes pertenecen al segundo grupo, podemos decir que El Esquema Fenicio (2025) es un regreso parcial al tipo de historias emocionales que hicieron que muchos se enamoran de su cine, pero, al mismo tiempo, es una película que contiene muchos elementos que resultan novedosos y nos permiten visualizar más claramente hacia dónde va esta nueva etapa en su filmografía.

Crítica El esquema fenicio wes anderson
‘El esquema fenicio’ (Wes Anderson, 2025)

El protagonista es Zsa Zsa Korda, uno de los hombres más ricos y temidos del mundo, quien tras sufrir seis encuentros cercanos a la muerte decide reconectarse y nombrar heredera de su fortuna a su hija, una chica llamada Liesl, monja en un colegio lejano. Con ayuda de ella y de un biólogo (que hace las veces de contador) Korda se aventura a visitar a numerosos colegas para convencerlos de invertir en uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera: un plan de infraestructura para el manejo de recursos materiales y humanos en el territorio fenicio.

En espíritu, podemos notar una cercanía con los trabajos tempranos de Wes Anderson, aquellos que indagaban con profundidad en las vidas de familias rotas y relaciones parentales complicadas, incluso, guardando una gran similitud con las historias de algunas de sus obras más reconocidas, tales como Los Excéntricos Tenenbaum (2001) o El Gran Hotel Budapest (2014).

Sin embargo, la atmósfera se siente distinta en El esquema fenicio desde las primeras notas del score de Alexandre Desplat; las cuerdas saltarinas presentes en la mayoría de sus colaboraciones anteriores son reemplazadas por sonidos más graves y serios que nos remiten al suspenso hitchcockiano más puro y a la piezas compuestas por el inmortal Bernard Hermann.

Alejado del back-to-basic nostálgico, Anderson busca la renovación de esas primeras estructuras, proponiendo un tono mucho más oscuro, similar al de El Cisne (2023), una de las mejores piezas de su fantástica antología de cortometrajes para Netflix, donde a pesar de sus luminosos visuales, el contenido de las historias es mucho más sombrío. En El Esquema Fenicio los colores son brillantes, la simetría más exacta y las actuaciones más secas, pero el guion apuesta por una comedia negra donde se echa mano de la farsa.

El protagonista es donde podemos ver lo anterior con total claridad, ya que no es como otros de los padres imperfectos; lejos de la ternura que terminaban por inspirar personajes como Royal Tenembaum o Steve Zissou, Wes Anderson se esfuerza por volver a Korda una figura un poco más difícil y desagradable. Durante varias escenas se dedica a describirnos su carácter inmoral, violento, traicionero y explotador, no obstante, verlo con la ligereza del género permite que el director pueda jugar con ello sin que nunca caigamos totalmente en cuenta de su maldad.

Al final, tampoco es que el texano se aviente por completo a la oscuridad: da chance a que el empresario pueda ir teniendo cualidades que hacen posible su redención, lo que hace que su conclusión, aunque entrañable, resulte un tanto decepcionante dada la forma tan inteligente en que planteó su desarrollo.

En secuencias como la batalla final entre Zsa Zsa y el tío Nubar, podemos ver al director desprenderse un poco de la simetría y la cámara de piedra para dar paso a coreografías menos pulcras pero mucho más emocionalmente efectivas, creativas y hasta arriesgadas para sus estándares, aunque al igual que con su trama, vuelve finalmente a sus lugares seguros.

Crítica El esquema fenicio wes anderson
‘El esquema fenicio’ (Wes Anderson, 2025)

Otra expresión de su la nueva faceta fársica de Wes Anderson la tenemos en su aproximación a la violencia o a la muerte, temas hasta la fecha tocados con una luminosa solemnidad en momentos como el accidente aéreo en La vida acuatica de Steve Zissou (2004) o el intento de suicidio en The Royal Tenembaums. En El Esquema Fenicio los aborda con un humor completamente macabro, a través del cual, por primera vez en su cine, podemos ver cuerpos cercenados, disparos y explosiones sin consecuencias realistas (más allá del morbo, esto empuja a su director a la experimentación).

Solo el tiempo dirá si Wes Anderson entrará en una etapa completamente disruptiva, pero El Esquema Fenicio, aun con la similitud a sus orígenes, vislumbra un nuevo y emocionante capítulo en su filmografía, quizás menos abstracto y más notorio en su cambios aunque ahora le haya faltado atrevimiento.

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