Crítica de ‘Daredevil Born Again’: el rescate perfecto de un microuniverso efectivo
Tras el asesinato de Foggy a manos de Bullseye (Wilson Bethel), Matt Murdock (Charlie Cox) pasa por otra crisis que lo lleva a renunciar a su alter ego. Mientras tanto, el abogado de Hell’s Kitchen deberá demostrar la inocencia de Hector Ayala (Kamar de los Reyes) en un altercado con policías corruptos, juicio que es de especial interés para Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio), el nuevo alcalde neoyorkino.
El mayor logro del Daredevil creado por Drew Goddard era la representación de un convincente universo superheroico que explotaba al máximo la sublime banda sonora de John Paesano, las acrobacias coordinadas por Chris Brewster y una fotografía sombría que contrastaba con el estilo genérico del UCM (Universo Cinematográfico de Marvel). Salvo el descalabro final en la segunda temporada, la serie ofrecía una impecable combinación de acción, suspenso y drama, concluyendo su tercera temporada (adaptación libre del cómic Born Again) con un espectacular cierre que era imposible de superar.
El gran reto para los ejecutivos de Marvel fue aceptar que todo en “el Daredevil de Netflix” era correcto y efectivo, siendo la continuidad el único rumbo que este revival necesitaba. Lo anterior es un detalle importante, porque el tono pesimista, oscuro y dramático de la serie no dependía de la violencia gráfica sino del complejo entramado de conflictos morales que ocasionaba la religiosidad e integridad de Matt Murdock. En Born Again, la misericordia se vuelve aún más lejana para el justiciero, sencillamente porque la muerte de Foggy ha convertido a la furia en su nueva religión, solo falta aceptarlo.
La incorporación de Dario Scardapane (showrunner de The Punisher) trajo de vuelta la atmósfera de impunidad, peligro y desamparo que imperaba en las temporadas de Netflix. El triunfo de Fisk (espejo de la era Trump) es el síntoma de una cruda descomposición social retratada mediante los testimonios de The BB Report, cápsulas que ejemplifican cómo la búsqueda de alternativas políticas radicales solo desencadena más injusticia y desigualdad. Desde el primer episodio, tal capa crítica va afectando las acciones y pensamientos del protagonista y su némesis, quienes pasan del “cordial” pacto en una cafetería a la ineludible lucha del bien contra el mal.
La miseria en las calles desdibuja los límites entre justicia y venganza, incluso desde la perspectiva empática de Matt, perturbado por la ausencia de la brújula ética que representaban Foggy y Karen Page (Deborah Ann Woll). Ilustrado por el caso Bradford y los prejuicios del defensor sobre su cliente, Murdock vive en un estado condescendiente que solo beneficia a la corrupción desatada por Fisk y Vanessa (Ayelet Zurer).

Aunque el arco dramático del protagonista es similar a los “conflictos existenciales” vistos en Netflix, los nuevos guionistas construyen un entretenido camino hacia el renacimiento de su clandestina identidad justiciera, donde la salvaje intervención de The Punisher nos entrega un regreso a la altura de las expectativas.
En esta ocasión, la historia gira en torno a la criminalización de los justicieros enmascarados, el cual será punto de partida para las próximas temporadas. Salida de los cómics, Heather Glenn (Margarita Levieva) simboliza la paranoia conservadora que no diferencia entre un asesino psicópata y el defensor anónimo, pues ambos representan la misma amenaza a su privilegiado estatus. La simpatía hacia Fisk y su fallida relación con Murdock (a quien desprecia como Daredevil) es uno de los principales aciertos en la escritura del argumento, debido a su potencial dramático para los siguientes episodios.
De forma orgánica, el argumento desarrolla una lectura oscura y pesimista sobre el actual triunfo de políticos fascistas, quienes utilizan la demagogia para construir enemigos artificiales y así llegar al intolerante corazón de sus votantes más ingenuos.
Comparado con su anterior versión, en Daredevil Born Again el ascenso de la Fuerza Especial organizada por Fisk evoca un terror más realista que La Mano o los clanes criminales, lo cual abre la posibilidad de tramas marvelitas menos infantiles o vacías, donde se asomen temas que aporten conversaciones que no dependan de la fantasía naif del actual UCM.
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Los nuevos creativos encuentran el balance adecuado entre violencia, drama y una comedia nada intrusiva, siendo el perfecto ejemplo de dicho humor la escena de Sonija (Elizabeth A. Davis) en la fiscalía. En contraste, la sangre del último episodio corre en las direcciones que el show requería, ya sea mostrándonos a Kingpin en su versión más siniestra o sembrando suspenso con el escape de Bullseye, logrando que Born Again no solo sirva de bisagra entre el viejo y el nuevo Daredevil; la serie es una transición del Diablo de Hell’s Kitchen a un nivel heroico que supera a varios Avengers.
Lo único decepcionante es el paréntesis del quinto capítulo, con un forzado cameo del padre de Ms. Marvel (Mohan Kapur), replicando el mismo humor básico de las películas. Dicho episodio botella nos muestra lo que hubiera sido un Daredevil escrito para todas la audiencias: otro producto basura por debajo del deslucido tono de The Defenders. A esto se suman fallidos efectos especiales que pudieron ser resueltos de forma práctica o eliminados del corte final, como los vuelos del justiciero durante el ataque de Bullseye o un par de pantallas verdes; no obstante, son detalles que se olvidan con cada secuencia de acción bien lograda o el espectacular desenlace.
Sin caer en fanservice, el noveno episodio presenta un escenario tan complaciente como ambicioso, con la antesala de una lucha de “justicieros” contra Kingpin, Karen Page regresando al corazón de Matt, Bullseye acechando en las sombras y (sobre todo) Jon Bernthal entregándonos al despiadado Frank Castle que todos amamos. En conclusión, Daredevil Born Again es la demostración de que Marvel necesita algunas gotas de seriedad y madurez, elementos que esta primera temporada tiene de sobra.
Daredevil Born Again está disponible en Disney Plus
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