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Crítica de ‘Adolescencia’. La juventud en tiempos de ciudadanía digital

Adolescencia critica serie Netflix 2

La Organización Mundial de la Salud enmarca a la adolescencia entre los 10 y los 19 años, y la describe como “el período de crecimiento que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta (…) independientemente de la dificultad para establecer un rango exacto de edad es importante el valor adaptativo, funcional y decisivo que tiene esta etapa”. La serie Adolescencia ha causado revuelo y conmoción, no solo por la crudeza del tema a tratar, sino por el público al que va dirigido: las generaciones de padres que actualmente se enfrentan a una nueva ciudadanía digital con reglas y lineamientos que se perciben, de entrada, inentendibles, extranjeros a sus infancias analógicas.

Los cuatro planos secuencia que representan cada uno de los capítulos funcionan perfectamente como herramientas argumentales para dejarte sin aliento. Pero ¿de qué trata Adolescencia? Jamie (brillante actuación de Owen Cooper), de 13 años, asesina a una de sus compañeras de escuela. No, no es ningún spoiler, porque aquí la trama gira en el cómo y en el desarrollo de los eventos concretos que produjeron este fatal resultado. La cámara cambia constantemente de interlocutor: les sigue y les deja expresar las cosas que eligen decir y las que externan con el cuerpo, pero esconden en el discurso verbal. A continuación repasamos los elementos que la hacen una de las mejores producciones de Netflix en la actualidad.

Adolescencia y el submundo de la manosfera

'Adolescencia' (2025)
‘Adolescencia’ (2025)

Adolescencia es una muy buena introducción al impotente submundo de la manosfera —red digital que promueve la hostilidad hacia las mujeres—, popularizada en los noventa, llevada de la mano con el supuesto celibato involuntario. La misoginia digital se convierte en un peligro “de la vida real” contra el que se necesita redirigir y crear nuevos esfuerzos para contrarrestar su impacto entre los más jóvenes. Jamie se enreda entre estos conceptos perniciosos y crea una situación cruda e incómoda incluso para nosotros los espectadores, que no terminamos de entender el alcance de los brazos de estas tendencias ligadas al acoso y la violencia encriptada que vive en internet.

Las actuaciones están en otro nivel 

'Adolescencia' (2025)
‘Adolescencia’ (2025)

Sin duda, podemos sentir un poco de la desesperación que es presa Eddie, padre de Jamie, interpretado por un Stephen Graham que se ve gigante en la pantalla chica y que rodea perfectamente el papel de un padre destrozado ante la imagen distorsionada de la verdadera personalidad de su hijo.

Y aunque el personaje se lleva las miradas en más de una ocasión ante el despliegue de herramientas emocionales al servicio de la actuación, pero quiero hacer una mención especial: Erin Doherty como la psicóloga Briony Ariston. Ella toma la batuta de un capítulo que se dedica, exclusivamente y durante 60 minutos, a crear una conversación entre Jamie y su personaje, para poner los puntos sobre las íes y definir los detalles de una ruta propuesta desde los primeros minutos de la serie.

Cuatro capítulos perfectamente cohesionados 

'Adolescencia' (2025)
‘Adolescencia’ (2025)

Además de ser adictiva, la serie sabe cómo dosificar su información para evitar obviedades y verdaderamente proponer un camino de claroscuros en el que se prioriza la construcción profunda de los personajes antes que el amarillismo o el tratamiento detectivesco hollywoodense del caso; se evita el manoseo. Hay mucho por digerir. La simultaneidad y la falta de cortes dan paso a una atmósfera de realismo destrampado. Todo pasa demasiado rápido. Los personajes se mienten a sí mismos, intentan pensar que la monstruosa situación no es real, que es parte de una pesadilla franqueable, pero las cosas se agravan tanto… 

No hay desperdicio: un primer capítulo que comienza explosivamente y continúa retratando fielmente los procesos de una comisaría en torno a la detención de un menor de edad; un segundo que se acerca a los compañeros de escuela; un tercero brillantemente ejecutado con tan pocos elementos incidentales, pero un guion riquísimo y un capítulo final sobre el impacto del delito en los integrantes de la familia que se quedan del lado de la libertad, sin rejas, sin juicios penales pero sí con el estigma social de una posible mala crianza.

Una serie que va más allá de la adolescencia 

'Adolescencia' (2025)
‘Adolescencia’ (2025)

La historia de Jamie Miller es necesaria en la educación para padres de familia en una contemporaneidad tremendamente compleja y llena de peligros inmediatos que acechan, aún cuando los seguros de las  puertas están puestos y la vigilancia es extrema.

La serie, entonces, no es únicamente sobre los adolescentes sino sobre la maternidad y la paternidad, sobre actualizar el diccionario de riesgos potenciales. No es sobre un mal día y la conjunción de hechos que llevan a una persona al borde del colapso; me parece que el ejercicio está orientado hacia las ideologías extremistas que rondan por el mundo y quieren hacerse, a través de la violencia, un espacio en la agenda mediática para llamar la atención de la gente, aún cuando eso signifique enfrentar consecuencias legales. 

Me parece importante el visionado de esta serie en compañía de los adolescentes que están expuestos a una tremenda ola de información constante y repetitiva que cada vez es menos confiable y que impone tendencias entre las nuevas generaciones.

Adolescencia es radiografía, es reporte médico que explica el porqué de los síntomas de los padecimientos digitales y sociales de nuestra era. Es una carta de invitación no solo a reflexionar sino a cuidar la integridad de las cosas que compartimos y difundimos que pueden llegar a los dispositivos de los individuos que están en proceso de formación y aún necesitan de la guía de los más grandes.

Adolescencia me heló la sangre más de una vez y me dejó muy claro que vivimos en tiempos acelerados, en los que la inmediatez ha sabido colarse entre la liquidez de nuestras relaciones y la urgencia por encontrar una nueva identidad como especie y como individuos pertenecientes a ella.

Cuidado con encontrar disculpas acá, el punto es llegar a intentar entender cómo esto pudo haber sido frenado mucho antes, sin lastimar la integridad de nadie e interviniendo adecuadamente. La discusión entre los padres, en su cuarto, es muestra de ello: hay un nuevo miedo generalizado a no poder controlar qué y qué tanto se ve en redes sociales, a que los cuidados físicos ya no son suficientes ante las pandemias que se transmiten entre los transistores y los códigos fuente. Hemos llegado a la era en la que el conflicto se crea detrás de una pantalla y se agrava entre emojis, indirectas y mensajes enrarecidos en interfaces frías y despersonalizadas. 

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César Cárdenas Ver todo

Escribo sobre cine y cultura. Estudiante de Gestión para la Cultura y las Artes. Redactor para la editorial Artes de México.

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