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Crítica de ‘Vampira humanista busca suicida’: el moderno acto de no herir a los otros

Crítica de 'Vampira humanista busca suicida' (Ariane Louis-Seize)

Vampira humanista busca suicida es perfecta como ópera prima,  ya que posee un sofisticado equilibrio entre vanguardia y comedia feel-good, entregándonos una historia ligera y efectiva que no tiene mayor pretensión que arrancar algunos suspiros a la cautiva audiencia.  

Aunque su sed de sangre es insaciable, la vampira Sasha (Sara Montpetit) se niega a cazar personas en las calles, situación que obliga a sus padres a exiliarla con la sádica prima Denise (Noémie O’Farrell). Al borde de la desnutrición, los colmillos de la protagonista salen cuando conoce a Paul (Félix-Antoine Bénard), un chico con comportamiento suicida que despierta el instinto depredador de la joven y su lado más romántico. 

Básicamente, ser un “vampiro moderno” (como en la canción de Andrés Pajares) se resume a tener consciencia sobre la crueldad que implica la propia existencia, una idea que ha estado muy presente en el cine gótico contemporáneo. Como en las películas de Jim Jarmusch (Only Lovers Left Alive, 2013) y Ana Lily Amirpour (A Girl Walks Home Alone at Night, 2014), la protagonista de Vampira humanista busca suicida (Vampire humaniste cherche suicidaire consentant, 2023) debe encontrar formas prácticas y no criminales de conseguir sangre, antes de morir por inanición

Ariane Louis-Seize (directora y guionista) crea un paralelismo entre la dieta vampírica y la doble moral en la actual sociedad de consumo, pues aunque Sasha (Montpetit) no asesina directamente, sí se alimenta de lo “recolectado” por su madre, como quien es omnívoro, pero evita pensar en la muerte del animal que degusta. No solo se trata de encontrar una solución human-friendly, la joven debe asumir la responsabilidad moral sobre su propia sobrevivencia, ya sea convirtiéndose en una carnicera profesional (como su prima Denise) o morir de hambre. 

Mientras la vampira de Amirpour asesina delincuentes o agresores sexuales y los amantes de Jarmusch compran sangre a un hematólogo, el plan de Sasha (Montpetit) es localizar posibles suicidas en su comunidad, pero todo se complica cuando la chica comienza a sentir simpatía por la “experiencia humana”, iniciando una deambulación nocturna inspirada por Under the Skin (2013). Así, el filme parte de la disyuntiva entre dejarse llevar por las pulsiones o razonar demasiado la propia existencia, un dilema complejo que contrasta con la ternura del flirteo entre los protagonistas. 

Crítica de 'Vampira humanista busca suicida' (Ariane Louis-Seize)
‘Vampira humanista busca suicida’

El encanto de esta coming-of-age radica en la ambigüedad entre apetito, agonía y los efectos del enamoramiento. Lo “mágico” del encuentro se debe a que ambos protagonistas se acompañan en lo que podría ser la última noche de sus vidas, pues Paul desea poner fin al acoso escolar y Sasha perecerá si no abraza su naturaleza salvaje. La realizadora canadiense utiliza la fantasía como vehículo de un tierno (casi anárquico) viaje hacia la oscuridad, donde la muerte es la única forma de alcanzar la libertad absoluta. Para darle color al adolescente drama existencial, la coguionista Christine Doyon agregó notas de humor mediante la disfuncional familia de Sasha, parientes lejanos de los vampiros de Taika Waititi y Jemaine Clement.

 

El encanto de Vampira humanista busca suicida radica en la ambigüedad entre apetito, agonía y los efectos del enamoramiento. Lo “mágico” del encuentro se debe a que ambos protagonistas se acompañan en lo que podría ser la última noche de sus vidas, pues Paul desea poner fin al acoso escolar y Sasha perecerá si no abraza su naturaleza salvaje.

Vampira humanista busca suicida también explora los fuertes lazos familiares entre grupos minoritarios, sin importar las diferencias o adversidades. De forma fantasiosa, las guionistas capturan la actual confrontación ideológica entre generaciones, puesto que la mentalidad progresista de Sasha (como en cualquier salida del clóset) rompe a una familia que depende de la indolencia para sobrevivir. Aunque nadie comparte las ideas de la protagonista, la familia debe permanecer unida para proteger la red de apoyo que los mantiene a salvo. Como fábula, la empatía es la única vía de reconciliación entre ideologías y estilos de vida tan opuestos.

Argumentalmente, Vampira humanista busca suicida es una historia que ya hemos visto en diferentes idiomas, por lo que el particular toque chic de la producción es su principal atractivo. Replicando los gustos vintage de directores emergentes de la década pasada, la cineasta satura su película de eclecticismo visual y sonoro que da un aspecto original y muy personal a su propuesta, como sucede en la memorable escena de baile al ritmo de Brenda Lee, mientras las luces reaccionan a las emociones de los personajes

En el largometraje convergen demasiadas referencias aleatorias de la cultura pop, pero al final todo tiene lógica dentro de una estética naif que suaviza los componentes de la tradición vampírica, especialmente dirigida para las nuevas generaciones que no entienden del todo los aspectos perturbadores del género. 

Si bien no es tan arriesgada como en sus cortometrajes (ver aquí Comme une comète), Ariane Louis-Seize dirige otra pieza asombrosa sobre deseos primarios y fantasías reprimidas, en esta ocasión, utilizando un exótico gótico que derrocha dulzura, pero nunca empalaga. El filme es perfecto como ópera prima, ya que posee un sofisticado equilibrio entre vanguardia y comedia feel-good, entregándonos una historia ligera y efectiva que no tiene mayor pretensión que arrancar algunos suspiros a la cautiva audiencia. 

Vampira humanista busca suicida está en cines 

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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