Crítica de ‘Código Negro’: Soderbergh retorna a los secretos y mentiras de alcoba
En Código Negro, el guion de David Koepp le permite a Soderbergh recordarnos su talento para convertir una intriga de espías en otro sensual drama sobre traiciones e infidelidades.
Tras encontrar un boleto de cine en el bolso de su esposa, el agente George Woodhouse (Michael Fassbender) olvida su rígida ética profesional para averiguar si Kathryn (Cate Blanchett) está involucrada en el robo de un malware.
Con una filmografía que va de más a menos, Steven Soderbergh ha sepultado su prestigio como gran promesa del cine hollywoodense, leyenda que nació con esa temprana Palma de Oro llamada Sexo, Mentiras y Video (Sex, Lies and Videotape, 1989). Inesperadamente, el guion de David Koepp (quien también escribió Presence y Kimi) le permite al cineasta recordarnos su talento para convertir una intriga de espías en otro sensual drama sobre traiciones e infidelidades.
Siguiendo la línea experimental de Presencia (Presence 2024), Soderbergh exagera el enfoque suave (fluo) —mediante lentes gran angular— para dar a Código Negro (Black Bag, 2025) el aspecto de thriller erótico dirigido por Brian De Palma o Adrian Lyne. El aspecto noventero de la cinematografía y del montaje va tomando relevancia cuando la película se inclina hacia el voyeurismo conyugal, en lugar del espionaje y la acción, ya que la base del suspenso es la duda de un protagonista agobiado por la posible traición de su esposa.
Según David Koepp, la idea surgió durante la investigación para Misión Imposible (1996), escuchando anécdotas íntimas de los agentes de la CIA que entrevistó. Para inyectar emoción al drama mundano, el guionista añadió dos palabras: “black bag”, una clave que pone candado a zonas oscuras de la relación en pareja. Como resultado, el verdadero misterio se encuentra en las miradas que los personajes de Blanchett (una agente operativa) y Fassbender (miembro de contrainteligencia) se lanzan en la privacidad de su alcoba, pues nunca sabemos con certeza si son gestos genuinos o reacciones que ocultan secretos de Estado.

Al estilo de Ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut, 1999), la trama gira en torno al carácter obsesivo de un protagonista que no tolera la incertidumbre, viviendo un silencioso desasosiego que lo lleva a olvidarse de sus principios éticos. Mediante un arquetípico personaje que confunde obstinación con integridad, la película explora el lado patético de la moralidad masculina. No obstante, la inflexibilidad y severidad de George (Fassbender) proviene del privilegio social, estatus que aporta perversión a sus métodos para intimidar, chantajear e investigar a quienes le rodean, incluida su esposa.
En Código Negro, la inflexibilidad y severidad de George (Fassbender) proviene del privilegio social, estatus que aporta perversión a sus métodos para intimidar, chantajear e investigar a quienes le rodean, incluida su esposa.
A grandes rasgos, el robo del malware es un efectivo MacGuffin que justifica las excentricidades del grupo de colaboradores del NCSC (Centro Nacional de Ciberseguridad), cuyo comportamiento profesional responde más a sus aburguesados estilos de vida que a sus rangos en la organización gubernamental. Con algunas gotas de comedia, Código Negro explora las inseguridades y manías de los pudientes burócratas británicos, quienes dan el mismo nivel de fatalismo a mancharse el puño de la camisa que a la sospecha de infidelidad. Lo extremo de sus perfiles profesionales los lleva a vivir la mayor parte del día dopados, con el objetivo de apagar sus intensas pulsiones.
De forma ingeniosa, los diálogos remarcan la banalidad en los pensamientos y las emociones de cada personaje, incluso cuando intentan “salvar al mundo”, pues la mezcla de egos frágiles, vicios y pasiones desbordadas impulsa el absurdo conflicto internacional que podría desatar una guerra nuclear. Homenajeando la obra de John le Carré (especialmente el suspense de La chica del tambor), la producción da mayor importancia a los rasgos vulgares y perversos de los agentes, donde se encuentran los puntos frágiles de sus personalidades. De hecho, los pocos elementos que pertenecen al cine de espías clásico son memorables por lo creativo de sus conceptos, como una amenaza con un ikizukuri sobre la mesa o el uso del esfínter para engañar al polígrafo.

Soderbergh utiliza dos cenas y un interrogatorio para elevar la tensión del drama, explotando el talento interpretativo de los actores secundarios, especialmente Marisa Abela (en modo Laura San Giacomo) y Tom Burke, quienes llevan sus pasionales roles a otro nivel. Lo anterior convierte a Código Negro en el trabajo que mayor cercanía tiene con la lasciva intimidad de Sexo, Mentiras y Video, particularmente cuando la psicóloga interpretada por Naomie Harris entra en acción, ya sea para dar terapia o solucionar sus propios problemas sentimentales.
Código Negro tiene demasiados componentes que pudieron llevarla al fracaso, comenzando por la tendencia de David Koepp (Jurassic Park, Spider-Man) hacia el maximalismo. Sorpresivamente, el escritor firma su obra más sofisticada hasta la fecha, libre de los excesos y agujeros argumentales que su pluma demodé ha dejado en sus últimas colaboraciones. Al final, la película es una explosiva revisión del espionaje cinematográfico y uno de los guiones que mejor ha acertado con el estilo de Soderbergh. En conclusión, si guardas un buen recuerdo de La última seducción (1994) o La sangre de Romeo (1993), estás obligado a disfrutar de este título en salas.
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