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Palomas Negras: Navidad y suspenso, la mejor combinación para una serie de espías

serie palomas negras critica autor irving Javier Martinez zoomf7

Palomas Negras ofrece una de las mejores demostraciones de noir contemporáneo, debido al entrañable tono fatalista del suspenso. 

Además de ser la esposa del próximo primer ministro, Helen Webb (Keira Knightley) es parte de una red de espías londinense. En vísperas de Navidad, su amante es asesinado y el caso podría estar relacionado con una intriga internacional. Mientras busca venganza, la agente se reencuentra con su viejo amigo Sam (Ben Whishaw), un asesino a sueldo que es enviado para protegerla. 

Lo que caracteriza a un buen thriller criminal no es la cantidad de violencia o lo complejo de sus escenas de acción, sino los códigos éticos y morales que rigen a los diferentes bandos, así como la cadena de traiciones o alianzas que surgen a lo largo de la historia. En la serie Palomas Negras (Black Doves, Netflix) poco importan las múltiples incongruencias en el conflicto político desencadenado por el asesinato de un embajador, lo más relevante son las conversaciones entre Helen y Sam sobre sus vidas personales y sentimientos.

Salvando las distancias, los diálogos entre la espía y el sicario tienen un aire de En Brujas (In Bruges, 2008), básicamente porque el crimen se convierte en un “asunto de caballeros”, donde la lealtad y el honor están al centro de un entramado de deudas pendientes y ajustes de cuentas. En esta sofisticada primera temporada, Joe Barton (creador de la serie) utiliza la Navidad como catalizador del amor, la añoranza de un hogar, el luto y la fraternidad entre colegas de oficio criminal, sentimientos prohibidos en un gremio que exige olvidarse de cualquier clase de afecto. 

Palomas Negras ofrece una de las mejores demostraciones de noir contemporáneo, debido al entrañable tono fatalista del suspenso. La serie consigue transmitir el miedo de los protagonistas, no a la propia muerte, sino pánico a conducir el peligro a casa. Helen, Sam y la pareja de sicarias que los acompañan (Ella Lily Hyland y Gabrielle Creevy) son arrastrados a la clandestinidad por adversidades económicas o familiares, lo que hace aún más doloroso el anhelo de una vida «normal», porque queda claro desde el primer episodio que jamás podrán escapar de su trágico destino. 

Palomas Negras ofrece una de las mejores demostraciones de noir contemporáneo, debido al entrañable tono fatalista del suspenso.

La serie está vagamente inspirada por el escándalo de espionaje a grupos activistas que buscaban justicia por los asesinatos de Cherry Groce, Stephen Lawrence, Jean Charles de Menezes y otros casos de abuso policial. La investigación reveló que, entre 1970 y 2005, la Scotland Yard infiltró a 139 agentes en misiones de cuatro a cinco años, llevando sus identidades falsas al extremo de casarse y tener hijos con sus targets. La ficción escrita por Joe Barton solo toma el conflicto de “la doble vida” y se aleja de cualquier crítica política, para llevarlo al glamuroso universo de Gangs of London, también producida por SISTER. 

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‘Palomas Negras’ (Netflix)

Palomas Negras muestra la imposibilidad de una vida llena de mentiras, donde la ausencia de certezas lleva a la desesperada búsqueda de genuino amor o actos edificantes, como la misericordia de Sam (Whishaw) hacia un niño. Es emocionante cuando las pasiones reprimidas se desbordan y comienzan a afectar sus misiones encubiertas, poniendo en riesgo ambas identidades: la pública y la confidencial. La amistad y fraternidad entre colegas es lo único honesto en la vida de esos solitarios personajes.

Aunque el thriller de Barton es más fantasioso que realista, su propuesta tiene una ligera esencia de El espía que vino del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1965), donde el glamuroso arquetipo del espía político deviene en carne de cañón de siniestras organizaciones. Ya sea Helen (Knightley) o el asesino que observa la luna antes de morir, todos son prescindibles personajes secundarios en una trivial pelea entre políticos que juegan a la Tercera Guerra Mundial. Nada es personal y eso lo hace aún más cruel. 

En lo visual, el dúo de directores (Alex Gabassi y Lisa Gunning) se esfuerza por darle intensidad “dramática” y una función argumental a cada plano, desde el humo que nos dirige a una pista, hasta el foco de serie navideña anunciando la presencia de un intruso, logrando que los detalles sean tan importantes como los rostros de Knightley y Whishaw. También la música compuesta por Martin Phipps (Peaky Blinders) es esencial para la historia, pues gracias a ella los puntos climáticos de cada episodio alcanzan el grado exacto de suspenso.  

La trama explota el género a nivel ultra clásico, llegando al intencional absurdo de poner micrófonos en flores, una reunión en el cine con la “M” de las Palomas Negras (Sarah Lancashire) o misiones que pasan por alto la actual tecnología y protocolos de seguridad. Es ingenua pero acertada en su estilo, porque todos esos elementos conforman un relato redondo que cautiva, incluso en sus momentos más melodramáticos. 

A grandes rasgos, Palomas negras es como si Miss Moneypenny (de Naomie Harris) tuviera su propia historia, acompañada de otros personajes secundarios que solo buscan postergar un día más su inevitable muerte; pero a diferencia del universo 007, estos espías y asesinos eligen los sentimientos personales sobre la paz mundial. Llena de amor, remordimientos y venganza, esta primera temporada se suma a la larga lista de imprescindibles títulos que mezclan Navidad y crimen, una fascinante combinación que nunca puede fallar.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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