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Planeta de recolectores: cuatro razones para ver la serie de Max

Planeta de recolectores: cuatro razones para ver la serie de Max

La ciencia ficción tiene la posibilidad de hacernos observadores deductivos de seres cuya naturaleza desafía nuestro entendimiento. Los doce episodios de Planeta de Recolectores (2023) nos llevan junto a sus personajes en un recorrido fascinante y aterrador a través del ecosistema de Vesta Minor, donde los exploradores quedan varados. Sam y Úrsula, Azi y Levi, Kamen y Hollow deben emplear toda su capacidad de adaptación y su destreza intelectual para sobrevivir en un entorno completamente desconocido.

Cuatro razones para ver Planeta de recolectores 

1. Las máquinas de Rube Goldberg

En la naturaleza hay relaciones simbióticas curiosas. Por ejemplo, el estornino es un ave que suele posarse en la cabeza de los búfalos para alimentarse de las garrapatas adheridas a su piel. De este modo obtienen un beneficio mutuo. Algo similar podemos asociar con el trabajo del caricaturista Rube Goldberg y sus máquinas; en ellas, la imaginación de Goldberg agregaba mecanismos tan singulares como innecesarios para realizar tareas tan simples como utilizar una servilleta, sin embargo, pone en marcha nuestra intuición para seguir paso a paso el funcionamiento de sus artefactos hasta descubrir su finalidad.

Planeta de recolectores: cuatro razones para ver la serie de Max

En estas ideas pensaba Joe Bennett, cocreador de la serie, cuando planteaba la narrativa de Planeta de Recolectores. “Este lugar es como un rompecabezas. Nada tiene sentido como lo conocemos”, dice Azi, una de sus protagonistas al sorprenderse por la naturaleza de la vida en Vesta Minor. Como en una máquina de Rube Goldberg, observamos la manera en que los personajes realizan determinadas tareas a través del uso de plantas, frutos y animales para lograr su sobrevivencia en el planeta. Es fascinante la creatividad alcanzada en su búsqueda por permanecer con vida y nos asombra la inesperada utilidad de las cosas: cómo las entrañas de un fruto son cables conductores o unas sanguijuelas oscuras son máscaras de gas o un par de peces son planeadores, entre muchos otros ejemplos más.

2. Un bestiario estelar

Bennett menciona en entrevista que al idear el concepto de la serie tenía más en mente documentales como Planet Earth (2006) o Blue Planet (2001) en vez de películas de ciencia ficción, como podríamos suponer. Es por esta razón que en buena parte de los episodios parecemos espectadores de un documental de Nat Geo donde descubrimos las entrañas de seres vivos y su funcionamiento. Planeta de Recolectores es también una gran enciclopedia de bestias y plantas extraordinarias cuya descripción podemos intuir con nuestra imaginación.

Planeta de recolectores: cuatro razones para ver la serie de Max

La interacción de los personajes con el ambiente nos permite descubrir junto con ellos las maravillas de organismos fantásticos. En Vesta Minor conviven aves de múltiples formas, cuadrúpedos dóciles, insectos inofensivos y hasta criaturas que podrían ser domésticas; pero también habitan monstruos amenazantes y plantas nocivas, depredadores letales con garras, tentáculos y una fuerza destructiva sin comparación en nuestro mundo. Y estas características se muestran en acción para animar a nuestro razonamiento a comprender su conducta.

3. La narrativa visual

Esto último es resultado de las intenciones de los creadores al apostar por una narrativa visual que puede contarnos una historia sin necesidad de una voz explicativa para cada incógnita en Vesta Minor. Joe Bennett dice en entrevista: “estaba pensando en la idea de crear una narrativa visual sin diálogo. Era bastante alérgico a cualquier exposición a través del diálogo”, por lo que es evidente su objetivo por evadir diálogos pseudocientíficos para dilucidar la esencia de una naturaleza cuyo enigma es incluso más cautivador que su explicación.

En 2016 se estrenó Scavengers, el cortometraje silente que dio origen a la serie. Ese primer esbozo ya ofrecía un vistazo conceptual y visual a lo que la serie desarrollaría más a profundidad. Incluso, Bennett menciona que tuvo la inquietud de continuar sin diálogos en la producción completa; sin embargo, la forma en que los utiliza es distinta. En Planeta de Recolectores no encontraremos esas conversaciones artificiales entre científicos que explican todo secreto sin dejar ningún espacio vacío para la audiencia, como sucede en varios blockubusters reconocidos. En cambio, mayormente somos observadores curiosos del encuentro de los humanos frente a lo extraño.

Planeta de recolectores: cuatro razones para ver la serie de Max

4. Humanos frente a lo otro

Al final de cuentas, como buena ciencia ficción y por más lejos que se encuentre Vesta Minor en el universo, Planeta de Recolectores nos habla a nosotros como humanidad. El contacto entre los personajes y las criaturas pone de relieve las pasiones humanas y la manera en que nos relacionamos con lo desconocido, así como nuestros dilemas morales. Por ejemplo, en Úrsula y Kamen podemos ver dos vertientes del vínculo con la otredad. Ella se aproxima con curiosidad científica y asombro para conocer a fondo las especies del planeta, comprender el ciclo de la vida; él proyecta sus traumas en el entorno y emplea la violencia más primitiva para destruir y alcanzar la superioridad de la fuerza.

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En el camino de estos roces entre seres vivos podemos contemplar una naturaleza hostil hacia los personajes. En estos encuentros la serie evidencia la fragilidad de nuestro cuerpo y tiene momentos tanto de horror corporal como de horror cósmico. Pueden rastrearse las huellas de Lovecraft en varios monstruos y escenas. También guarda vínculos con películas como El renacido (Alejandro González Iñárritu, 2015) o Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), cuya influencia declaran los propios creadores.

En Planeta de Recolectores la aventura de una tripulación nos invita a reflexionar sobre la condición humana y nuestro acercamiento a otras formas de vida, además de esbozar una imagen de los misterios de la vida en el universo, donde todo es tan lejano a nuestro entendimiento.

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Édgar Rodríguez López Ver todo

Édgar Rodríguez López (Chihuahua, 1997). Ha publicado cuento y ensayo en revistas digitales como Marabunta, La Colmena, Tintero Blanco y Tenso Diagonal. Admirador de lo fantástico y las historias de la infancia.

Instagram: @edgaryep

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