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Culpa y deseo: mismo guion, diferente perspectiva

Culpa y deseo: mismo guion, diferente perspectiva

A diferencia de Reina de Corazones, Culpa y deseo es moralmente obscena, el fantasma de “otros tiempos” que logra esquivar la censura social.  

La abogada Anné (Léa Drucker) acoge a su hijastro Théo (Samuel Kircher), un conflictivo adolescente que tiene una mala relación con su padre (Olivier Rabourdin). Para hacer la convivencia menos tensa, Anné muestra interés en la hedonista vida de Théo, sin anticipar que aquellas interacciones se convertirán en una prohibida aventura sexual. 

Probablemente, el momento más shockeante en la filmografía de Catherine Breillat (y al mismo tiempo su mayor statement) sea el desenlace de Mi hermana virgen (À ma soeur!, 2001). En dicha escena, la joven protagonista grita a los policías que “no es una víctima” tras ser agredida sexualmente, como si fuera Isabelle Huppert en Elle (2016, también producida por Saïd Ben Saïd) dando consentimiento a su violador. 

Dos décadas después, Culpa y deseo (L’été dernier, 2023) inicia con la abogada protagonista (Drucker) diciendo a una clienta que “en tribunales, las víctimas suelen convertirse en sospechosas”. A nivel argumental, es el tipo de gestos que anticipan una moraleja final, llevando al público a reflexionar sobre la justicia, pero Breillat hace todo lo contrario y se regodea en la amoralidad más escandalosa y sin consecuencias que pueda permitir la ficción.

Al igual que en Mi hermana virgen, el joven Théo (físicamente parecido al Tadzio de Muerte en Venecia) tampoco se asume como víctima, pero sí convierte esa vulnerabilidad en arma para iniciar un juego de poder contra su madrastra. Pese a parecer otro intento desesperado de escandalizar al público, en realidad la directora tenía más en mente convertir el guion en un “cuento rohmeriano”, creando una parábola no aleccionadora sobre el autoengaño y la hipocresía en las sociedades “civilizadas”. 

Los personajes de Culpa y deseo apenas y reaccionan ante el descubrimiento del estupro, eligiendo la “verdad” que menos conflicto genere en la burguesa dinámica familiar. Curiosamente, la película compitió en Cannes junto a May December (2023), siendo el “you seduced me” exclamado por Julianne Moore otra forma de mirar con ironía la misma narrativa. No obstante, el trabajo de Breillat resulta más perverso que el de Todd Haynes al abordar con menos cautela el abuso sexual, lo que resulta en un peligroso tono de romance erótico, sin el velo sarcástico del filme nominado al Oscar.

Más que remake de Reina de Corazones (Dronningen, May el-Toukhy, 2019), Culpa y deseo es un alegato contra el filme danés y su trágico desenlace. Mientras la película estelarizada por Trine Dyrholm finaliza con la protagonista arrepentida de “corromper” a su hijastro, Breillat quita a Anné (Drucker) la etiqueta de “depredadora sexual” y cambia el final por una colusión de todos los personajes, pues el mismo adolescente forma parte de dicha farsa. Sí, Théo es víctima (jamás se niega eso), pero muy pronto será otro adulto sin escrúpulos como Anné. 

Culpa y deseo: mismo guion, diferente perspectiva
Culpa y deseo (Catherine Breillat, 2023)

Fiel a su aversión hacia las normas sociales, Breillat continúa desdibujando la frontera entre bien y mal, salvo cuando se trató de su propio testimonio en Abuso de Confianza (Abus de faiblesse, 2013), dejando muy clara su vulnerabilidad e inocencia. Evidentemente, ese experimento de autoficción trastocó su hambre de escándalo, porque en Culpa y deseo sustituyó el erotismo gráfico y explícito por un discurso explosivo que confronta directamente a la corrección política. Como ficción, la película resulta otro placentero cortafuegos al moralismo del cine mainstream, aunque no queda claro si la propuesta aporta algo o es sólo un fuego fatuo.

Otra diferencia entre la producción francesa y el largometraje original es la visión erótica de ambas directoras. May el-Toukhy se interesa más por la sexualidad femenina después de los 40, siendo Trine Dyrholm el principal “objeto de deseo”, en tanto que Catherine Breillat aborda una vez más su gusto por la sensualidad masculina. El personaje de Léa Drucker no pasa por una crisis de mediana edad, ni pierde la razón ante la belleza juvenil del hijastro, ya que Anné encuentra tan excitante la piel tersa del hijo, como las arrugas del padre. Las escenas explícitas de la película danesa se transforman en huellas de una sexualidad plena, apenas alterada por la llegada del adolescente. Ese pequeño cambio elimina todo enfoque melodramático, para dejarse llevar por una intencional amoralidad que frustra cualquier intención de moraleja final.

Pocos cambios existen entre ambos guiones, pero la sensación final es muy diferente. Breillat y Pascal Bonitzer (guionista) sólo depuran la trama de algunos elementos que hacían de Reina de Corazones una película correcta e inofensiva. En cambio, Culpa y deseo es moralmente obscena, el fantasma de “otros tiempos” que logra esquivar la censura social. Sin importar la polémica que intente colarnos, Catherine Breillat es parte de la nobleza del cine dirigido por mujeres, y este remake fue otra confirmación de su talento para incomodar al público en las formas menos esperadas. 

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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