Con todos menos contigo: le falta espontaneidad y todo lo demás
Con todos menos contigo carece de esa arriesgada “imperfección” que casi le cuesta la carrera a Julia Roberts en ‘La boda de mi mejor amigo’ (1997), supuesta referencia central en el moodboard de Will Gluck.
Un par de malentendidos hace que la primera cita de Bea (Sydney Sweeney) y Ben (Glen Powell) termine en resentimiento mutuo. Sorpresivamente, ambos deben reencontrarse en Australia para asistir a la boda de Halle y Claudia. A fin de no arruinar la ceremonia con su hostilidad, los protagonistas deciden simular que están enamorados.
Lo acertado o desastroso de las rom-coms inspiradas en Tanto para nada (de William Shakespeare) se encuentra en la habilidad de los guionistas para construir una ingeniosa bronca entre Beatriz y Benedicto; el resto depende de la química de los actores. El prólogo de Con todos menos contigo (Anyone But You, 2023) es encantador, gracioso y efectivo. La escena de la cafetería es romance cinematográfico en estado puro; honestamente, uno de los mejores inicios que ha tenido el género en lo que va del siglo. Por desgracia, esa magia se desvanece con cada intento por apegarse a la shakespeariana comedia de rumores y equivocaciones, en lugar de permitir que la película siguiera su propio rumbo… el de la araña entre las piernas o el rescate en la boya.
Tanto para nada sólo debió ser un punto de partida, no convertirse en el eje narrativo. Will Gluck (director) ya había trabajado con un guion “adaptado” en Easy A (2010). En aquella ocasión, de La letra escarlata sólo se tomaron generalidades que apenas y se percibían como parte de un lenguaje literario, en la línea de 10 cosas que odio de ti (Gil Junger, 1999) con La fierecilla domada o Get Over It (Tommy O’Haver, 2001) con Sueño de una noche de verano. Lo fresco y memorable de aquellas películas juveniles era que las referencias literarias se convirtieron en creativos easter eggs, ya sea montando una parodia estudiantil de la obra, rapeando un soneto de Shakespeare o haciendo chistes sobre Demi Moore en la bañera.
En Con todos menos contigo los guionistas (Ilana Wolpert y Will Gluck) intentaron replicar dicha fórmula argumental, pero con menos variaciones a la trama del material de origen. Más allá del objetivo de no estropear “la boda de Hero y Claudio”, los protagonistas no tienen conflictos con suficiente peso dramático: Bea vive una crisis profesional y Ben sufre la pérdida de su madre, pero ninguna relevancia tendrá esa información en el desarrollo de los personajes o del romance, el cual desvaría en una melosa farsa que se asemeja más a los filmes veraniegos de Hallmark —con ideales amorosos muy blancos y heteronormados— que a una chick flick hollywoodense digna de recordar.

Lo peor es cuando los personajes secundarios conspiran a espaldas de los protagonistas, porque todo se torna frívolo, infantil y aburrido. El guion de Ilana Wolpert y la dirección de Will Gluck se pierden en banalidades cursis, como un pastel arruinado o recrear la escena de Titanic, en vez de explotar todas las oportunidades que ofrece filmar eventos sociales de las clases altas. Teniendo un presupuesto cercano a la abrumadora boda de Crazy Rich Asians (2018), los preparativos nupciales de Con todos menos contigo no proyectan el lujo necesario en esa reunión de ricos. Es inverosímil el tiempo que esas personas dedican a la pelea entre Bea y Ben, en lugar de prestar mayor atención a la gran ceremonia. En consecuencia, todos los diálogos son huecos y forzados, sin la espontaneidad que requiere la comedia soez de una major.
La película no tiene esa “chispa” que la diferencie de otras rom-coms mediocres y sus acartonadas fantasías de amor perfecto. La Beatriz y el Benedicto de Con todos menos contigo están muy idealizados: a Sydney Sweeney le falta rudeza y a Glen Powell patanería, algo que los haga menos arquetípicos y más terrenales, porque la producción priorizó los clichés empalagosos para hacer altamente rentable a dicha pareja. El filme carece de esa arriesgada “imperfección” que casi le cuesta la carrera a Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo (1997), supuesta referencia central en el moodboard de Will Gluck y principal motivo del fichaje de Dermot Mulroney.
No obstante, pese a lo vacío de su propuesta, Con todos menos contigo ha gustado al mercado estadounidense y su trascendencia generacional sólo podrá valorarse a la distancia temporal, como sucede con cualquier comedia romántica. Entonces, ¿justifica el filme la ida al cine? Bueno, depende de lo mucho que te gusten los actores principales, porque a eso se resume esta película: un simple pretexto para que Sweeney y Powell luzcan cuerpo en pantalla grande.
Con todos menos contigo está en cines de México
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