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Perdidos en la noche: la mejor película de Amat Escalante es un melodrama 

Perdidos en la noche: la mejor película de Amat Escalante es un melodrama 

Perdidos en la noche no se limita a una lucha entre clases sociales (aunque el director insista en trasfondos políticos complejos), pues camina por terrenos melodramáticos que sólo los grandes cineastas recorren sin tropezar.

Tres años después de la desaparición de su madre, Emiliano (Juan Daniel García Treviño) descubre pistas que incriminan a una familia de adinerados artistas. Con la ayuda de su novia Jazmín (María Fernanda Osio), el protagonista logra infiltrarse en la residencia para investigar si el artista contemporáneo Rigo Duplas (Fernando Bonilla) y su esposa Carmen Aldama (Bárbara Mori) ocultan información sobre el paradero de la activista. 

Existió un momento en el que los realizadores mexicanos competían por ver quién filmaba (a ritmo lento) la premisa más retorcida y polémica, aprovechando morbosamente la violencia desatada en el país a inicios de milenio. De esa batalla por convertirse en el Michael Haneke mexa surgieron directores como Amat Escalante, quien desde su debut hasta Heli (2013) había hecho de la brutalidad y las escenas shockeantes sus rasgos más característicos. No obstante, dicho sello autoral ha tenido cambios en sus dos últimas producciones. 

En La región salvaje (2016), su homenaje a Possession (Andrzej Zulawski, 1981), Escalante sustituyó bestias humanas por sobrenaturales, explorando un terror clásico, donde prevalece la forma sobre el discurso. Para Perdidos en la noche (2023) el director lleva la crítica social a un segundo plano y centra la atención del espectador en un melodrama que sólo utiliza la violencia como punto de partida –la desaparición forzada de Paloma (Vicky Araico)–, una hibris que ubica a todos los personajes en un potente y clásico escenario trágico.

Para los guionistas (Amat, Martín Escalante y Paulina Mendoza) la moraleja en el aire es que “todos somos responsables del Estado fallido”, pero no en el desubicado y clasista sentido de Nuevo Orden (2020). A diferencia de Michel Franco y su lamento por los monarcas ejecutados durante la Revolución Francesa, Perdidos en la noche es contundente en señalar a las élites como únicas incitadoras del caos social y moral, debido a vínculos inherentes entre el crimen y la interacción entre clases. 

El comandante Rubén (Jero Medina), los Aluxes (sirviendo a un criminal líder religioso) y otros personajes sin escrúpulos se convierten en voluntarios ejecutores de los ricos, quienes jamás se ensucian las manos ni pierden el sueño por cargos de conciencia. Algo notable del filme es la caracterización del mal en un arquetipo muy específico: el artista contemporáneo, no magnates genéricos ni capos sanguinarios. Rigo Duplas y su obra son una excelente oportunidad para abordar el falso progresismo de las clases altas, quienes se vuelven menos gentiles cuando la justicia amenaza su burbuja de privilegios, representada simbólicamente por una mansión en medio de la nada (diseñada por Daniela Schneider), aislada de voces que les juzguen por sus excesos.

Sin embargo, la película no se queda en el pesimismo tibio de una descomposición social inmutable. El director  utiliza el drama (con toques de humor negro) para crear una experiencia cinematográfica gratificante, ligera y sin tanto postureo, donde los poderosos reciben su castigo. Por primera vez el realizador construye un argumento sólido, ya que la emoción se apoya en la trama y no en un conjunto de escenas impactantes; los pocos momentos de violencia gráfica son una consecuencia lógica al desarrollo de la historia

En Perdidos en la noche es reconocible la actualidad nacional, pero jamás se convierte en collage de titulares periodísticos, como los dirigidos por otros contemporáneos. Amat Escalante transforma el sórdido “terror” de sus películas previas en un suspenso más convencional, que permite explorar los traumas y culpas del protagonista. La audiencia no se topa con la miseria fría y hostil de Heli o Los bastardos (2008), con personajes yertos carentes de alma, porque el arco dramático de Emiliano (García Treviño) está repleto de brillantes claroscuros que culminan en un luminoso, justo y satisfactorio final, quizás lo más sorpresivo del filme.

Amat Escalante firma una hermosa película sobre pulsiones de vida y muerte; el choque entre la persistente necesidad de venganza y el deseo de una vida tranquila. Aunque el director abre telón con una premonitoria cita de Dostoyevski, el cumplimiento o no del destino trágico está fuera de una intención por crear polémica o perturbar al espectador, algo muy positivo del filme. En tiempos post-Parásitos, Perdidos en la noche no se limita a una lucha entre clases sociales (aunque el director insista en trasfondos políticos complejos), pues camina por terrenos melodramáticos que sólo los grandes cineastas recorren sin tropezar. Es una película madura y con múltiples capas temáticas, sin recurrir a la crudeza visual; la confirmación de un realizador que ha dejado atrás su obsesión por Funny Games (1997) y la violencia gratuita.

Perdidos en la noche ya está en Netflix

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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