Cielo Rojo: una comedia sobre trasnochados hombres cultos
Los amigos Leon (Thomas Schubert) y Felix (Langston Uibel) viajan a la costa para terminar sus proyectos artísticos sin distracciones, pero la casa donde se hospedarán tendrán que compartirla con una desconocida llamada Nadja (Paula Beer). La escritura del prejuicioso Leon será frustrada por la chica, quien pondrá en duda su talento narrativo. Mientras el protagonista libra tal batalla creativa “en su mente”, un incendio amenaza con destruir todo a su paso.
Actualmente, Christian Petzold es uno de los realizadores cinéfilos más importantes, a la altura de Quentin Tarantino o Paul Thomas Anderson, ya que su filmografía es un formidable compendio de referencias clásicas y gustos personales: Yella (2007) y Jerichow (2008) son adaptaciones libres de Carnival of Souls (1962) y El cartero siempre llama dos veces (1946), respectivamente, Phoenix (2014) navega en las aguas hitchcockianas de los muertos retornados y, pese a ser una adaptación literaria, Transit (2018) remarca su conexión con Casablanca (1942) y el cine negro de los 40.
En Cielo Rojo (2023), Petzold se adentra en la obra de Éric Rohmer y realiza una relectura de sus personajes masculinos desde la óptica inquisitiva de un miembro de la Escuela de Berlín. El protagonista es una actualización del seductor trasnochado en La rodilla de Claire (1970) o el moralista empedernido de Mi noche con Maud (1969), hombres ocultando su ordinariez bajo una densa capa de pedantería, machismo y misantropía. El esnobismo de Leon (Thomas Schubert) representa la desfasada etiqueta de hombre erudito que respaldan los posgrados académicos, estatus cuestionado por Nadja (Paula Beer) y el salvavidas Devid (Enno Trebs), a quienes considera culturalmente inferiores a él. ¿La razón? Son personas que dedican la mayor parte de su tiempo al ocio.
Parecido a Mia Hansen-Løve y Noah Baumbach, otros herederos del legado de Éric Rohmer, Petzold materializa lo no dicho en un problema latente: los incendios forestales. Así como el ocaso sirve de momento epifánico a la protagonista de El rayo verde (1986), el “cielo rojo” es un catalizador en la deconstrucción del mediocre protagonista, quien ve vulnerado su rol de genio literario, lo único que validaba su arrogancia e indolencia.
Durante la pandemia, Petzold reflexionó sobre cómo las películas de verano alemanas posteriores a la Segunda Guerra Mundial eran diferentes a las extranjeras, pues no había representaciones genuinamente bucólicas como las de Ingmar Bergman (Un verano con Mónica, 1953) o Rohmer. En todo el filme vemos a Leo luchando por convertir el idílico paisaje en espacio de trabajo, siendo su estadía en la playa un “fuego purificador” que lo llevará a redescubrir la vida sin abstracciones académicas. Cielo Rojo es una extraordinaria comedia sobre la obsesión occidental por el trabajo productivo (consecuencia del capitalismo más inflexible) y la falsa convicción de que la “realización profesional” puede sustituir a los placeres terrenales.
Más que una estética autoral, el toque de Petzold se encuentra en la selección de referencias culturales y cómo integran una fina estructura sobre la que se desarrolla la trama. En Cielo Rojo ese corpus está compuesto por el mencionado homenaje a Rohmer, los personajes de Antón Chéjov, la poesía de Heinrich Heine y el uso de In my mind (Wallners) como leitmotiv que acentúa las emociones del protagonista. Sin embargo, lo anterior no queda en vacías elucubraciones de esteta, dichos elementos tienen el objetivo de dirigirnos hacia desenlaces contundentes mediante gestos sutiles, como la mirada final entre Nina Hoss y Ronald Zehrfeld en Barbara (2012) o el brutal cierre con Speak Low en Phoenix.
También es importante destacar el interés de Petzold por desarticular los géneros cinematográficos más clásicos (noir, romance, terror, melodrama), despojándolos de la espectacularidad visual asociada a ellos. Mientras en Undine (2020) se desmontó la fantasía hasta su forma más rudimentaria, quitando todo ornamento hollywoodense, en Cielo Rojo la comedia queda reducida a su función más elemental: ridiculizar a los desfasados guardianes de los cánones y la alta cultura, los Pérez-Reverte que no permiten cambios en las viejas formas para proteger su privilegio intelectual frente a una marea de (según ellos) no ilustrados.
El patetismo de Leon es irritante y encantador al mismo tiempo, debido a las múltiples capas que conforman su arco dramático. Similar a los cuentos morales de Rohmer, en Cielo Rojo convergen demasiadas identidades y temas trascendentales, pero apenas son reconocibles por carecer de juicios y conclusiones. Continuando con los ideales de su generación, Christian Petzold comparte al mundo otra radiografía personal sobre algunos sectores de la sociedad alemana y la idiosincrasia europea, a veces menos progresistas de lo que se presume. No obstante, el filme tampoco decepciona si se ve sin dicho filtro analítico, porque Cielo Rojo es una entrañable tragicomedia romántica que trastoca incluso al más insensible.
Categorías