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Doctor Strange 2: un caótico festival de intenciones | Crítica

Doctor strange en el multiverso de la locura

Por: André SV (@Andyphonehommie)

Hablar de una película de Marvel Studios implica hablar de una fórmula estudiada y en constante repetición, que a pesar de sus numerosos errores le ha traído un éxito tras otro durante de más de 10 años; todo gracias a un público cautivo que consume ávidamente cualquier producto que la compañía le ofrezca, independientemente de la calidad que tenga. Y en la búsqueda de un universo homogéneo, han sacrificado la identidad de sus productos con historias que relatan (aunque con algunos ligeros cambios para diferenciarse entre sí) básicamente la misma serie de eventos reproducidos hasta el cansancio.

Sus planos brillan por la ostentosa espectacularidad que brindan las inversiones millonarias en efectos especiales, pero evidencian graves carencias en su lenguaje cinematográfico y proyectan una ausencia de personalidad. Es decir, que podemos tomar una escena al azar y fácilmente insertarla en cualquier otra película del Universo Cinematográfico de Marvel. En cuanto a los realizadores al frente de estos proyectos, tienen una función meramente ornamental: su labor está condicionada por las necesidades narrativas de la productora, cuyo complejo entramado fílmico limita el espacio y las piezas con las que los cineastas pueden trabajar;  apenas y podemos conocer versiones diluidas de sus estilos.  

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Por esta razón, suena raro que alguien como Sam Raimi —afamado director de terror y responsable de la primera trilogía del Hombre Araña— se interesara en dirigir una película para la casa de las ideas, mucho más cuando se trata de uno de los proyectos más anticipados de Marvel y donde existía una alta posibilidad de que su libertad creativa se viera coartada. Afortunadamente esto no sucede, al menos no del todo.

Doctor Strange en el Multiverso de la locura (2022) relata la travesía del (alguna vez) Hechicero Supremo al interior del multiverso para proteger a América Chávez —una adolescente con el superpoder de viajar por distintas realidades— mientras son perseguidos por una misteriosa fuerza maligna que busca despojar a Chávez de sus poderes. Estamos ante uno de los raros casos en que el estilo de un cineasta permanece intacto al entrar al UCM. La incursión de Raimi se da con absolutamente todos sus rasgos estilísticos presentes: los movimientos de cámara emblemáticos de su filmografía, el humor macabro y violento, el uso del gore, la inclinación a la farsa y el montaje pautado por la grandiosa partitura de Danny Elfman.

Doctor Strange 2 Crítica

Todo en pantalla emana su esencia, sin embargo, el filme no le pertenece por completo. Cada vez que el director intenta llevar el juego a su terreno, se presenta una marcada intromisión del estudio que nos recuerda que, por más que intente, sigue atado a Marvel y debe regirse bajo sus autoritarias reglas, dando inicio a una pugna entre su visión y las imposiciones de la compañía: un evidente estira y afloja, donde el único perdedor es el largometraje mismo que lucha de manera intrínseca para encontrar su tono, su ritmo, su identidad e incluso, su objetivo.

Raimi hace propuestas visuales ingeniosas, cruentas y sombrías, utilizando como base unas cuantas escenas de su trilogía de The Evil Dead. Así es como crea algunas de las mejores secuencias que ha tenido el UCM en años recientes. Presenta la faceta más siniestra de Scarlet Witch y convierte al Doctor Strange, casi por completo, en un homólogo de Ash Williams de la trilogía mencionada, encontrando nuevas y retorcidas maneras de hacerlo sufrir.

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No obstante, Marvel no cede por completo. Obliga a Raimi a sujetarse a sus convenciones, deshaciendo en el proceso muchas de sus ideas con el afán de complacer al público mediante un espectáculo efímero, lleno de fan service casi tan pretencioso como en Spider-Man: sin regreso a casa (2021) y cuidando que no interfiera gravemente con sus planes futuros o dañe irreparablemente la imagen de sus personajes.

Finalmente, tenemos al tercero en discordia, el guionista Michael Waldron, quien a pesar de su talento como escritor —patente en la serie de Loki— y su notoria devoción por el estilo de Raimi, se ciñe a pegar con resistol las partes sueltas de ambas posturas pero sin renunciar a sus inquietudes que pretenden profundizar en los personajes (hecho que se agradece) pero que en este caso complican aún más la dirección de la película.

Todo esto resulta en una obra que quiere utilizar un puñado de ideas disonantes y hacer que funcionen como una sola. Recae en los peores vicios de las últimas películas de Marvel con una trama llena de eventos triviales e inconexos, con resoluciones simplonas, convenientes e innecesariamente cursis; desbordada en diálogos explicativos e, incluso, incoherente con su universo cinematográfico.

Doctor Strange en el Multiverso de la locura se esfuerza por encontrar uniformidad en medio de un caótico festival de intenciones que va por todos lados, pero que no llega a ninguna parte. Se rescatan los momentos en los que deja brillar a su director, sin embargo eso no salva a la película de su desastroso argumento, causado en gran medida por la tibieza del estudio a la hora de decidir el camino que debe de tomar su historia.

Tráiler de Doctor Strange 2 

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