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‘Suspiria’, o la personalidad de los remakes

Suspiria, o la personalidad de los remakes

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

Hablar sobre remakes implica entrar en la eterna discusión sobre la falta de originalidad, el poco interés del consumidor por historias fuera de su espacio seguro o la escasa ambición de los cineastas por explorar historias distintas. Aunque es un ejercicio ocioso y recurrente, de vez en cuando surge una propuesta peculiar que nos hace revivir este debate infinito. El remake de Suspiria, dirigido por Luca Guadagnino, es uno de esos proyectos que rebrotan la intensa controversia sobre la originalidad y la personalidad de un remake.

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Suspiria: miradas personales que conviven en un mismo espacio

Las dos versiones de Suspiria tratan sobre Suzy Bannion, una joven estadounidense que ingresa a la exclusiva academia de baile Tanz, el mismo día que asesinan a una de las alumnas del instituto. La responsable del lugar es la misteriosa Madame Blanc, quien se encarga de recibir a la nueva estudiante y de introducirla en la dinámica del centro, además de proporcionarle techo y comida. Sin embargo, una atmósfera maligna poco a poco acechará a las demás bailarinas y, conforme aumentan las muertes en la academia, la estancia de Suzy se convertirá en una verdadera pesadilla.

Suspiria, o la personalidad de los remakes

Aunque ambas películas comparten la idea general, hay diferencias notables entre cada versión y las cuales remarcan las visiones particulares de los dos directores con respecto al argumento. Suspiria de Dario Argento es un clásico del horror italiano con el título ganado a pulso, la simplicidad de su estructura narrativa nos permite adentrarnos en un espectáculo sensorial tanto en forma como en fondo, siendo la fotografía, el diseño de arte y el sonido los puntos fuertes. La fotografía de Luciano Tovoli no admite sutilezas y prepara para nuestros ojos una explosión de colores que repercute no sólo en la experiencia visual y en la percepción de la obra, también nos lleva a un espacio cercano a lo onírico; todo esto gracias a un excelente diseño de producción, capaz de crear la escuela de danza de nuestros sueños (o de nuestras pesadillas). El sonido también es un elemento clave dentro de la historia, con cantos sonando a lo largo de la película y que hacen de ésta un viaje surreal.

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Por el otro lado, Suspiria de Luca Guadagnino retoma el argumento original, pero lo hace para alejarse de su predecesora. El guion de Dave Kajganich respeta a grandes rasgos la línea argumental de Suzy Bannion, pero también elige explorar a profundidad la leyenda de Helena Markos y de las tres madres brujas (Mater Tenebrarum, Mater Lachrymarum y Mater Suspiriorum), lo cual era sólo un diálogo explicativo en la cinta de Argento. Para ahondar en la trama, Kajganich y Guadagnino desarrollan una historia aún más larga para proponer algunos elementos interesantes como el origen de Suzy y el doloroso contexto de Alemania, un par de subtramas que explotan premisas como la maternidad, la feminidad y la culpa, que pueden no ser del agrado de muchos debido a su impacto en el ritmo.

Otro punto explorado superficialmente en la primera película, pero fundamental en el remake, es el elemento de la danza. Aquí la danza se convierte en un personaje más que dota de identidad a la academia de baile, con un estilo tan libre que explota movimientos, expresiones y emociones propias de un aquelarre. Es una decisión de un impacto visual tan interesante y atinado que, sumado al diseño de arte de la película, se siente como si estuviéramos viendo a la escuela de la Bauhaus ser administrada por las brujas de Francisco de Goya.

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La fotografía de Sayombhu Mukdeeprom, nostálgica y grisácea, y la música de Tom Yorke, nos transportan a un mundo deprimente. Además, el ritmo de la película se apoya en un montaje paralelo que explota las partes más fantásticas y aterradoras de la historia. De aplaudirse también cierta experimentación con el uso del color rojo y del step-printing -filmar en menos fotogramas por segundo al estándar del cine (24) para generar un efecto de distorsión del tiempo- durante el potente clímax, un subidón de adrenalina que por desgracia sabe a poco debido al tan criticado epílogo.

En resumen, ambas Suspiria son obras personales y dignas que pueden convivir en un mismo espacio debido a su propio mérito, son películas tan distintas entre sí y con propuestas tan particulares que abonan no sólo a la interpretación de lo que es el horror, sino también a la eterna discusión sobre la personalidad del remake.

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