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Chano Urueta: el pionero de la serie B en México

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Por: Édgar Rodríguez López (@edgaryerp)

“Chano Urueta es el que más me marcó, ese es mi verdadero maestro, no es Buñuel”, dijo el director Arturo Ripstein al referirse al cineasta chihuahuense. Chano Urueta fue pionero de la serie B mexicana, fundador del cine de luchadores y un prolífico director con más de 117 películas en su filmografía. Con su obra dio impulso a la carrera de actores paradigmáticos como Mario Moreno “Cantinflas” en El signo de la muerte (1939) o Arturo de Córdova en La noche de los mayas (1939), y trabajó a la par de grandes íconos de la Época de Oro como Luis Buñuel, Emilio “El Indio” Fernández y Gabriel Figueroa. 

Aunque en sus inicios probó suerte dirigiendo un par de películas fracasadas en Hollywood para la productora RKO, regresó a México para continuar su carrera. Entre aquellos largometrajes estuvieron El Destino (1929), el cual quedó inconcluso, y el cortometraje Gitanos (1930) producido por la Warner Bros. Sin embargo, gracias a la influencia de Serguei M. Eisenstein y de José Vasconcelos decide seguir filmando en su país natal. Realiza entonces su primera película en México, Profanación (1933), obra donde construye el horror desde una maldición prehispánica consumada en el siglo XX. Este inicio del director en el cine de género parece marcar el curso de su larga trayectoria. 

Urueta es una moneda de dos caras, ambas brillantes según el ojo que las mire. En las grandes luminarias de su trabajo podemos encontrar cintas alabadas como La noche de los mayas (1939), musicalizada por Silvestre Revueltas y fotografiada por Gabriel Figueroa. En el mismo año dirige la adaptación cinematográfica de Los de abajo (1916) de Mariano Azuela. Asimismo, realizó adaptaciones de grandes novelas de la literatura universal y latinoamericana: El conde de Montecristo (1941), El corsario negro (1944), Clemencia (1934) y María (1938). 

Sin embargo, de la mano de estas obras con una línea enraizada en el cine canónico de la época, Urueta inició la búsqueda de historias más cercanas a la serie B, el weird, el horror y lo grotesco. Ambas facetas del director fueron aplaudidas desde distintos flancos del público de la época y del actual. Ejemplo de esto es El barón del terror (1961), filme de culto no sólo en México sino en el mundo, pues, afortunadamente, alcanzó su distribución en Estados Unidos con el título de The Brainiac. Según Pedro Paunero, el responsable de la exportación fue K. Gordon Murray (1922-1979), llamado el “King of the Kiddie Matinee”, productor estadounidense que se encargó de relanzar y doblar al inglés numerosas películas extranjeras del terror, lo fantástico y lo maravilloso. Entre ellas estuvieron las de Urueta, además de diversas obras del cine de luchadores y el mexploitation, así conocido en el país vecino. El monstruo encarnado por el barón Vitelius d’Estera es un referente estético en el mundo del cine fantástico nacional e internacional. Según José Luis Ortega Torres, investigador del cine mexicano de género y coautor de Mostrología del cine mexicano (2015), “es la figura en la que el cine mexicano encuentra uno de sus grandes iconos de terror 100% autóctono, sin antecedente reconocible surgido de algún mito clásico extranjero”

Incluso, Arturo Ripstein reconoció las enseñanzas técnicas de Urueta sobre el cine y el lenguaje cinematográfico en los inicios de su carrera. Luego de destacarlo por encima de la figura de Luis Buñuel como su verdadero maestro, Ripstein señala en entrevista: 

El que era absolutamente prodigioso era Chano Urueta, un hombre de una personalidad fascinante, un hombre de una cultura enciclopédica… y un horrible director de cine. Hacía películas muy malas […] No había quizás las condiciones para que él hubiera podido pedir lo que quería hacer, entonces hacía lo que le ofrecían y le ofrecían toda clase de basuras.

El director de El castillo de la pureza (1972) reconocía, al mismo tiempo, la destreza y virtud del cineasta chihuahuense y su inclinación hacia el cine de género con sus “malas películas”. Sin embargo, hoy es necesario revalorar una filmografía de tal magnitud pues, a fin de cuentas, ese otro cine también forma parte de la historia cinematográfica de México. Sobre todo, una obra como la de Urueta que se desarrolló a la par de autores del género como Roger Corman, recientemente reconocido con el Óscar honorífico. Tanto la filmografía de Corman como la de Urueta nos demuestran que el cine tiene dos caras y, como la moneda del mexicano, ambas son valiosas según el ojo de quien las mira. 

Este texto es resultado del Taller de redacción y periodismo cinematográfico, impartido por Leticia Arredondo Vázquez, editora en jefe de Zoom F7. 

Fuentes:

Entrevista a Arturo Ripstein (cineasta mexicano): «Chano Urueta fue mi verdadero maestro».

Ortega Torres, José Luis, “El barón del terror”. Revista Icónica

Paunero, Pedro, “Chano Urueta. El abuelo que hacía cine”. CorreCamara.com

Recordando a Chano Urueta, el director mexicano que creó el género del cine de luchadores.  

Torres Segura, Víctor Israel, “’Profanación’ de Chano Urueta: Un referente importante para el año 1933” 

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