Under the Silver Lake: el viaje es mejor que el destino

Por: Jordi Almeida Butiñá 

David Robert Mitchell (Michigan, 1974) empezó su carrera en largometraje en 2010 con la dirección de Mito de la pijamada americana, en el cual retrató el final de las vacaciones de verano de unos jóvenes próximos a acabar sus años del colegio. Apenas destacó entre público y crítica, y recalcó sus habilidades como director, las cuales demostró posteriormente con el éxito de su segunda película, It Follows (2014) que, bajo el género de terror, representa los desatinos de las relaciones sexuales fortuitas. 

En 2018 estrenó su tercera obra, Under the Silver Lake, una entrega de misterio cuyas atmósferas nos remiten por momentos al cine de David Lynch. Y aunque no fue muy grande su alcance (recaudó dos de los ocho millones de dólares que costó) quizá debido al bajo nivel comercial, con el paso de los años podría formar parte de las películas de culto dado su enrevesado guion, sus mensajes ocultos en cada plano, así como por las referencias a la cultura popular y al propio cine (unas más obvias que otras). 

Se distingue por una sutil crítica al sistema desenfrenado de la ciudad de las estrellas a partir del consumismo desaforado por tener nuevos contenidos. En una entrevista, Mitchell comentó cómo se originó la historia de Under the silver lake: “Un día paseaba con mi mujer por Los Ángeles, y en un momento dado empezamos a fantasear sobre los secretos que se esconden en el interior de todas esas mansiones de las colinas de Hollywood”. 

La historia tiene como telón de fondo a la ciudad de Los Ángeles, conocida como la meca del cine por tener toda la parafernalia de efectos especiales, historias pop, trapos sucios que se quieren ocultar y por los matices de sus habitantes, empecinados (en su mayoría) en alcanzar el mismo objetivo: ser unas estrellas; es, además, como lo es en gran parte del país norteamericano, donde se desarrolla toda una serie de misterios encaminados por mitos urbanos, de innumerables conspiraciones encabezadas por las figuras más importantes de la industria y la política.  

La película se distingue por una interpretación bien lograda de Andrew Garfield, quien da vida a Sam, un treintañero desempleado lleno de deudas que mantiene una relación distante con su madre. Aparte de no tener un trabajo, su vida se distingue por estar en fiestas, tener una relación con beneficios, observar a sus vecinos desde el balcón de su oloroso departamento y pasar el tiempo leyendo revistas o jugando videojuegos. Pero todo esto cambia tras un breve encuentro con su vecina, con quien se obsesiona tras su inesperada desaparición. A esta obsesión se suma su curiosidad por Under the Silver Lake , un cómic sobre leyendas urbanas del vecindario.

Es aquí cuando los engranajes empiezan a moverse como en una película noir: la investigación de una desaparición misteriosa llevada por un personaje de dudosa reputación e impulsado por un interés “romántico”. Si en algo destaca esta película es que conforme van apareciendo la serie de mensajes ocultos no sólo es Sam quien debe descubrirlos, sino también el espectador; así que el interés por descubrir el misterio va en aumento. 

Sin duda encanta y fascina cuando aparece una nueva conspiración. Claro, no todos lo ven de la misma manera, pero algo puede que sea cierto: cuanto menos logramos entender sobre a qué se refieren, mucho más sugestivas son, porque el arte del secreto es más atrayente cuando se lo va descubriendo que cuando se saben la respuesta. Under the Silver Lake ha derivado en una serie de dudas, entre algunas ¿quién es el asesino de perros?, ¿la mujer búho existe o es una metáfora? Preguntas que muestran lo que ha provocado en sus seguidores, empeñados en desentrañar su significado en un juego de total concentración y empeño por querer dotarlo de su propio sentido. 

Las situaciones hilarantes y la propuesta visual de Under the Silver Lake la hacen una excelente opción para pasar la tarde y meterse en el rompecabezas propuesto por el autor por medio de una de las historias más ingeniosas de la última década. Un rompecabezas que da la sensación de que con cada pieza encontrada faltan muchas más.

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