Enseñanzas de Robert Bresson para realizadores

Por: Erik León

Robert Bresson, uno de los directores clásicos del cine francés, se caracterizó por ser un autor con una enorme dureza expresiva y, al mismo tiempo, gran humanidad en todos sus proyectos, lo cual lo convirtió en un creador difícil de imitar.

Quizá su película más conocida es Diario de un cura rural (1950). Posterior a la realización de este título se lanzó a realizar libres adaptaciones de novelas de Dostoievski, entre ellas: Pickpocket (1950), adaptación de Crimen y Castigo; Al azar Baltasar (1966), de El idiota; y Una mujer dulce (1969), adaptación de la novela corta La mansa.

Su forma tan peculiar de ver el cine es toda una enseñanza para aquellos que quieran tomar su filosofía como creador. En 1975 se imprimió un libro titulado Notas sobre el cinematógrafo, el cual recoge las mejores reflexiones de Robert Bresson.

A continuación recopilamos una muestra de 10 puntos que te podrán servir si te dedicas, o buscar dedicar, a la realización.

1 Desembarazarme de errores y falsedades acumulados. Conocer mis recursos, estar seguro de ellos. La facultad de aprovechar mis recursos disminuye cuando su número aumenta.

2. Controlar la precisión. Ser yo mismo el instrumento de precisión.

3. Lo que ningún ojo humano es capaz de atrapar, lo que ningún lápiz, pincel o pluma es capaz de fijar, tu cámara lo atrapa sin saber qué es y lo fija con la esculposa indiferencia de una máquina.

4. Las ideas, esconderlas, pero de manera que se las encuentre. La más importante será la más oculta.

5. Un pequeño tema puede servir de pretexto a combinaciones múltiples y profundas. Evita los temas demasiado vastos o demasiado alejados, donde nada te indica cuándo te extravías. O bien toma sólo aquello que podría pertenecer a tu vida y que concierne a tu experiencia.

6. Si el ojo es conquistado por completo, no dar nada o casi nada al oído. No se puede ser a la vez todo, ojo y oído.

7. Para un actor, la cámara es el ojo del público.

8. Las cosas muy en desorden o muy en orden se igualan, no se las distingue más. Producen indiferencia o tedio.

9. Un grito, un ruido. Su resonancia nos permite adivinar una casa, un bosque, una llanura, una montaña. Su rebote nos indica las distancias.

10. Nuestros ojos y oídos no exigen la persona verídica, sino la persona verdadera.

Aquí puedes leer gratuitamente el libro completo. 

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