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Mente Maestra: un anti-thriller que captura los últimos días del “sueño americano”

The Mastermind 1

Mente Maestra es un anti-thriller que explora la pulsión criminal de un hombre común que no encuentra su lugar en este mundo.

Aprovechando la nula vigilancia de un museo local, James Blaine Mooney (Josh O’Connor) organiza el robo de varias pinturas del artista abstracto Arthur Dove. La torpeza del atraco delata a los ladrones, lo cual destruye la vida familiar del protagonista, llevándolo a adoptar una errática vida como prófugo.

Un elemento recurrente en las últimas películas de Kelly Reichardt es la relación de sus protagonistas con entornos hostiles y cómo tales ambientes frustran los procesos creativos de sus personajes. Del mismo modo que el talento de la ceramista de Showing Up (2022) es reprimido por la insensibilidad de sus colegas o la marginalidad del cocinero de First Cow (2019) lo obliga a robar la materia prima de sus clafoutis, en Mente Maestra (The Mastermind, 2025), las ambiciones criminales de Mooney (O’Connor) son obstaculizadas por la cotidiana monotonía que lo rodea, pues la idea del robo perfecto termina transformándose en el proyecto más importante de toda su existencia. 

Podría decirse que la vida del protagonista se “desmorona” con el malogrado hurto, pero Reichardt justifica las acciones del personaje mediante un impulsivo deseo de fuga, donde cualquier variación a la rutina es mejor que la sofocante decadencia del “sueño americano”.

Con claros ecos del Pickpocket (1959) de Robert Bresson, la directora crea un anti-thriller que explora la pulsión criminal de un hombre común que no encuentra su lugar en este mundo. La transgresión de las normas surge a partir del ocio y la insatisfacción del día a día, lo que vuelve irracional el riesgo que Mooney asume al robar pinturas que nadie extrañaría si el delito no tuviera cobertura en los medios.  

Inspirándose en una nota periodística, Reichardt utiliza los códigos del noir para adentrarse en “los tiempos extraños” de una sociedad al borde de otra debacle económica. Como en el cine polar de Jean-Pierre Melville, el contexto termina adquiriendo más relevancia que el propio delito, porque la desconexión de Mooney (O’Connor) con su realidad es fundamental para entender que la desvergüenza del protagonista es una respuesta a la amoralidad del momento histórico.

En cierto sentido, los personajes de Mente Maestra intentan eludir que crímenes atroces suceden a la distancia, pero esas problemáticas “ajenas” están transformando lo cotidiano, las corrientes de pensamiento, los contenidos en los mass media y las dinámicas sociales. 

'Mente Maestra' (Kelly Reichardt , 2025)
‘Mente Maestra’ (Kelly Reichardt , 2025)

Sin embargo, no todo es pesimismo en el cine de Kelly Reichardt, pues la realizadora también incluye el lado gentil de la era hippie con Fred (John Magaro), el único amigo que ofrece al protagonista un refugio a las miserias del mundo. En palabras de la cineasta, el filme retrata las vísperas del despertar del sueño de prosperidad que representó el Watergate y las posteriores crisis políticas y económicas durante la década.

Irónicamente, los mismos conflictos que Mooney había decidido ignorar (las protestas contra Vietnam, el abuso policial o los crímenes callejeros) terminan devorándolo, en una última secuencia que da el desenlace poético que tienen todas las películas de Reichardt. Sin recurrir a la colaboración del escritor Jonathan Raymond en el guion, la directora (quien también edita el largometraje) se aventura en una compleja lectura sobre la ingenuidad que aqueja a la sociedad estadounidense.

En Mente Maestra, el sueño americano ha perdido su velo de bonanza para dejar al descubierto su injusto mecanismo capitalista, proceso reflejado en las preocupaciones de los personajes por sus retiros, el desempleo o cualquier adversidad que pueda destruir la ilusión de clase media, ya que hasta los delitos demandan algún tipo de inversión. En medio de tanta incertidumbre, la aventura criminal de Mooney captura la soledad de quienes habitan al margen de los estilos de vida impuestos por el capitalismo, ostracismo que lo lleva a un inevitable vórtice autodestructivo. 

Así como en Meek’s Cutoff (2010) deconstruye el western clásico, ahora Reichardt incursiona en el cine criminal para enriquecer su estilo narrativo con clichés que sofistican lo mundano, como el jazz de Rob Mazurek anunciando el suspenso o la atmósfera de ensueño que aporta la cinematografía de Christopher Blauvet, incluso si los personajes se encuentran en el peor escenario.

Inspirados por el sello de Robby Müller en las  películas de Wim Wenders, Blauvet y Reichardt transforman Massachusetts en una ciudad casi desértica y monótona, lo que contribuye a quitar toda suntuosidad al arquetipo del criminal hollywoodense y hacer todavía más patético el encanto decadente interpretado por Josh O’Connor.

Aunque Kelly Reichardt experimenta con el cine de género, el aire melancólico permanece como constante en un estilo autoral que ha marcado escuela. Lo cambiante en su filmografía se encuentra en el contenido y los discursos de sus ficciones, tan auténticas por la manera franca y crítica con la que retrata su entorno. Al final, pese a la frialdad estética del filme, es imposible no quedar cautivado con el viaje errático del protagonista, porque el talento creativo de la directora se encuentra en su ingenio para dar calidez a cualquier caminata hacia el cadalso.  

¿Ya viste Mente Maestra, qué te pareció?

 

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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