Herman J. Mankiewicz: el escritor fantasma de ‘Ciudadano Kane’

Imagen destacada: Mank de David Fincher (Netflix)

Netflix liberó las primeras imágenes de Mank, el nuevo largometraje del cineasta David Fincher luego de seis años ausente en la pantalla grande. Aunque no se ha revelado el desarrollo dramático de la historia, se tiene la certeza que se tratará de la vida de Herman J. Mankiewicz durante la creación de la ópera prima de Orson Welles, Ciudadano Kane (1941).

La genialidad e importancia que ha prevalecido alrededor de la obra de Orson Welles no se puede negar. Se encuentra como el segundo mejor largometraje dentro de la lista de las 100 Mejores Películas de todos los tiempos, realizada por la revista Sight & Sound; Vertigo (Hitchcock, 1958) es la que obtuvo el primer lugar. Sin embargo, eso no es motivo para obviar el tema sobre los abusos que la industria cometió con Mankiewicz.

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El caso Mankiewicz–Welles ha traspasado la barrera temporal al igual que lo hizo la popularidad de la obra. Cada cierto tiempo entre los medios se retoma el caso, aunque cada vez más con menor fuerza, además, la figura del autor se ha opacado por la sombra de aquella pregunta: ¿quién escribió Ciudadano Kane? El paso del tiempo ha lanzado más respuestas que dan el crédito a Mank, aunque más interesante aun ería recordar el porqué un escritor con su trayectoria ha quedado entre las sombras si creó una de las más grandes piezas maestras del guion jamás escritas.

Su carrera inició entre los tabloides más importantes de New York, su ciudad natal. Su talento pronto lo convirtió en crítico teatral en la revista The New Yorker, además de formar parte del exclusivo círculo Algoquín; grupo conformado por escritores, actores, periodistas y guionistas de los años 20. La popularidad de Mank llegó a los oídos de los productores de Hollywood, quienes lograron reclutarlo en 1926 para trabajar en lo que sería los últimos suspiros del cine mudo y los inicios del sonoro.

Tanto Welles como Mank eran, según palabras de Pauline Kael en un artículo de 1971, “monstruos sagrados” reconocidos por su talento. Cuando ambos se conocieron, el autor tenía 44 años y en su filmografía existían más de 60 guiones, aunque su panorama no era del todo ideal. El amor a los juegos de azar y a la bebida pesaron más que su habilidad con la máquina de escribir; en menos de una década, a finales de los años 30, se convirtió prácticamente en un desconocido para Hollywood.

Un salario de 1000 dólares a la semana (aproximadamente 17 000 dólares actualmente) más un bono por 5 000 (87 500 dólares) por no tomar el crédito de la primera película de Welles, el “chico de oro” de la RKO, parecía un trato que Mankiewicz no podía rechazar. Necesitaba el dinero, y trabajar como escritor fantasma era algo que ya había hecho en el pasado.

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El guionista de Cena a las 8 (George Cukor, 1933) entregó el guion final conformado por 156 páginas, el personaje que las había inspirado era su amigo cercano William Randolph Hearst. Aquel mundo periodístico reflejado en la pantalla sólo podía venir de la mente de quien por mucho tiempo lo vivió de cerca en revistas como The New York Times o Variety, y sí, el director también había participado, aunque no de manera tan proactiva.

Herman era consciente de su talento, por eso cuando terminó el guión para RKO decidió que su nombre tenía que aparecer en la pantalla; esta vez no cedería pues había realizado su obra cumbre en el contexto de una industria devaluada por las comedias americanas sosas de aquella época.

Fueron las amenazas de abogados y juicios legales lo que hizo doblegar la decisión de Welles, quien terminó dándole de mala gana parte del crédito. La decisión de no incluir a ningún otra persona entre los créditos más importantes era una estrategia de la compañía: necesitaba dar a Welles la imagen de un “verdadero” artista. El cineasta también tendría que ser escritor y protagonista.

El conflicto llegó a su fin antes de las premiaciones de la Academia en 1942 —de nueve nominaciones sólo obtuvo el premio a Mejor Guion Original— y aunque parecía el resurgimiento de su Mank como guionista consagrado, la presión constante debido  a la persecución que su antiguo amigo Hearst ejercía intensificó su ya incontrolable alcoholismo. Su carrera continúo hasta 1955, pero con trabajos menores, ya nada creado por él mismo e incluso volvió a las sombras sin recibir el crédito por nada.

Herman J. Mankiewicz fue una figura trágica, un hombre con un talento inmensurable para la escritura pero demasiado vanidoso para renunciar a sus vicios. Entendió el Hollywood de los años 30 y sus reglas. Su carrera tuvo éxito moderados, y sólo faltó uno para que su nombre no se borrará de la historia del cine.

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