Se7en: 25 años de imaginar el horror

Por: Iván Guzmán 

En 2020 se cumplen 25 años del estreno de Se7en, una entrega de crimen y misterio dirigida por David Fincher y escrita por Andrew Kevin Walker. La película fue un éxito en taquilla y se convirtió en todo un punto de partida para posteriores producciones cinematográficas del género, debido a su amplio repertorio de referencias que la conforman. 

En ella se cuenta la historia de David Mills (Brad Pitt), un detective novel que acaba de ser transferido a una nueva ciudad para trabajar, lugar donde conocerá a William R. Somerset (Morgan Freeman), un detective veterano que está a siete días de retirarse y cuyo puesto ocupará. Está transición se verá interrumpida por la aparición de un misterioso asesino en serie cuyo motivo de acción serán los siete pecados capitales. 

La historia se desarrolla en una ciudad sin nombre en la cual nunca para de llover, lo cual dota a la historia de una sensación de opresión y pesadez; la única secuencia donde no llueve es, paradójicamente, el desenlace, que es por sí misma una de las secuencias más crudas de la historia del cine, y también es de las menos explícitas del filme pues no necesita serlo. A esto se suma que todas las escenas del crimen carecen de luz y no conocemos las circunstancias de las mismas más que por la ayuda de las linternas que siempre empuñan nuestros protagonistas. 

El número siete está presente todo el tiempo, la historia se desarrolla en siete días, la hora de entrega del mórbido paquete está fijada a las siete, el edificio donde ambos detectives se conocen está en la cuadra cuya numeración corresponde al 740 lo cual hace que los números de todos los edificios en esa cuadra comience con el número siete.

Entre otros indicios destacados se encuentra la secuencia de la biblioteca, donde Somerset revisa una edición ilustrada por Doré de La Divina Comedia; la primera imagen que se muestra es la de Bertran de Bore, quien habita en el infierno y sostiene su propia cabeza como castigo por haber sembrado la discordia en vida. Esto funciona como indicio de lo que le sucederá a Tracy, quien de alguna forma es la discordia que provocaría la envidia de John Doe.

Los subtextos más evidentes de la película son mencionados en ella, comenzando por los Cuentos de Canterbury, un texto medieval escrito por Geoffrey Chaucer. De este se toma particularmente del cuento del clérigo, en el cual se encuentra una especie de clasificación de los siete pecados capitales y sus soluciones a los mismos. Lo mismo sucede con La Divina Comedia de Dante, específicamente el purgatorio, pues es en esta parte donde se describen los diferentes niveles del infierno y de cómo son castigados los pecados capitales. Este par de títulos no son las únicas referencias literarias encontradas en el filme, pues se pueden hallar guiños al Mercader de Venecia de Shakespeare, El Paraíso Perdido de Milton, a Hemingway, t a Somerset Maugham. 

Y quizá el más cercano a nuestro tiempo: los textos de Thomas Harris, de quien se ha nutrido el cine del género como es el caso de The Silence of the lambs (Jonathan Demme, 1991) y la famosa saga de Hannibal, que a su vez fungió como hipotexto para Se7en

Aun con su éxito en taquilla y con el hecho que su casa productora la reestrenó un año después para ponerla en la mira de las nominaciones a los premios Oscar, la película sólo obtuvo una nominación a Mejor Edición. Sin embargo, su legado está más allá de los premios.

La secuencia de los créditos iniciales es por muchos considerada un parteaguas, pues las imágenes que muestra fungen como una terrorífica presentación del antagonista. De igual manera, el aporte del fotógrafo Darius Khondji al trabajar en la película una técnica conocida como blech bypass, es de vital importancia para el cine contemporáneo. Dicha técnica es aplicada en el proceso del revelado lo cual le da otra textura a la imagen. 

Muchos de los elementos narrativos han sido retomados no sólo por el cine, sino también por la televisión. Abundan los casos en los que las historias criminales, en lo que parece ser una reinterpretación poco certera, se quedan con los crímenes explícitos sin que en ellos medie un trasfondo complejo como sucede en Se7enQuizá la mejor heredera de esta tradición sea True Detective, serie que en su primera temporada se centra en la forma en que los detectives perciben el caso, y no tanto en los detalles explícitos de éste. 

A 25 años de su estreno, Se7en no presenta signos de envejecimiento; sigue siendo tan impactante para sus espectadores, pues su horror reside en aquello que no se muestra, como el contenido de la caja o aquello que no nos permiten ver las linternas de los detectives.  

Herman J. Mankiewicz: el escritor fantasma de ‘Ciudadano Kane’

Imagen destacada: Mank de David Fincher (Netflix)

Netflix liberó las primeras imágenes de Mank, el nuevo largometraje del cineasta David Fincher luego de seis años ausente en la pantalla grande. Aunque no se ha revelado el desarrollo dramático de la historia, se tiene la certeza que se tratará de la vida de Herman J. Mankiewicz durante la creación de la ópera prima de Orson Welles, Ciudadano Kane (1941).

La genialidad e importancia que ha prevalecido alrededor de la obra de Orson Welles no se puede negar. Se encuentra como el segundo mejor largometraje dentro de la lista de las 100 Mejores Películas de todos los tiempos, realizada por la revista Sight & Sound; Vertigo (Hitchcock, 1958) es la que obtuvo el primer lugar. Sin embargo, eso no es motivo para obviar el tema sobre los abusos que la industria cometió con Mankiewicz.

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El caso Mankiewicz–Welles ha traspasado la barrera temporal al igual que lo hizo la popularidad de la obra. Cada cierto tiempo entre los medios se retoma el caso, aunque cada vez más con menor fuerza, además, la figura del autor se ha opacado por la sombra de aquella pregunta: ¿quién escribió Ciudadano Kane? El paso del tiempo ha lanzado más respuestas que dan el crédito a Mank, aunque más interesante aun ería recordar el porqué un escritor con su trayectoria ha quedado entre las sombras si creó una de las más grandes piezas maestras del guion jamás escritas.

Su carrera inició entre los tabloides más importantes de New York, su ciudad natal. Su talento pronto lo convirtió en crítico teatral en la revista The New Yorker, además de formar parte del exclusivo círculo Algoquín; grupo conformado por escritores, actores, periodistas y guionistas de los años 20. La popularidad de Mank llegó a los oídos de los productores de Hollywood, quienes lograron reclutarlo en 1926 para trabajar en lo que sería los últimos suspiros del cine mudo y los inicios del sonoro.

Tanto Welles como Mank eran, según palabras de Pauline Kael en un artículo de 1971, “monstruos sagrados” reconocidos por su talento. Cuando ambos se conocieron, el autor tenía 44 años y en su filmografía existían más de 60 guiones, aunque su panorama no era del todo ideal. El amor a los juegos de azar y a la bebida pesaron más que su habilidad con la máquina de escribir; en menos de una década, a finales de los años 30, se convirtió prácticamente en un desconocido para Hollywood.

Un salario de 1000 dólares a la semana (aproximadamente 17 000 dólares actualmente) más un bono por 5 000 (87 500 dólares) por no tomar el crédito de la primera película de Welles, el “chico de oro” de la RKO, parecía un trato que Mankiewicz no podía rechazar. Necesitaba el dinero, y trabajar como escritor fantasma era algo que ya había hecho en el pasado.

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El guionista de Cena a las 8 (George Cukor, 1933) entregó el guion final conformado por 156 páginas, el personaje que las había inspirado era su amigo cercano William Randolph Hearst. Aquel mundo periodístico reflejado en la pantalla sólo podía venir de la mente de quien por mucho tiempo lo vivió de cerca en revistas como The New York Times o Variety, y sí, el director también había participado, aunque no de manera tan proactiva.

Herman era consciente de su talento, por eso cuando terminó el guión para RKO decidió que su nombre tenía que aparecer en la pantalla; esta vez no cedería pues había realizado su obra cumbre en el contexto de una industria devaluada por las comedias americanas sosas de aquella época.

Fueron las amenazas de abogados y juicios legales lo que hizo doblegar la decisión de Welles, quien terminó dándole de mala gana parte del crédito. La decisión de no incluir a ningún otra persona entre los créditos más importantes era una estrategia de la compañía: necesitaba dar a Welles la imagen de un “verdadero” artista. El cineasta también tendría que ser escritor y protagonista.

El conflicto llegó a su fin antes de las premiaciones de la Academia en 1942 —de nueve nominaciones sólo obtuvo el premio a Mejor Guion Original— y aunque parecía el resurgimiento de su Mank como guionista consagrado, la presión constante debido  a la persecución que su antiguo amigo Hearst ejercía intensificó su ya incontrolable alcoholismo. Su carrera continúo hasta 1955, pero con trabajos menores, ya nada creado por él mismo e incluso volvió a las sombras sin recibir el crédito por nada.

Herman J. Mankiewicz fue una figura trágica, un hombre con un talento inmensurable para la escritura pero demasiado vanidoso para renunciar a sus vicios. Entendió el Hollywood de los años 30 y sus reglas. Su carrera tuvo éxito moderados, y sólo faltó uno para que su nombre no se borrará de la historia del cine.

Grandes videos musicales dirigidos por David Fincher

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Antes de ser el realizador de las súperproducciones hollywoodenses en las que explora la vida moderna y la psique humana (Se7enFight Club, The Social Network, Gone Girl), David Fincher destacó como una de las figuras más importantes de la industria del videoclip en la era de MTV. Aerosmith, Madonna y The Rolling Stones son sólo algunas de las estrellas con las que ha trabajado. 

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Su aportación al audiovisual pop también le permitió perfeccionar el estilo de sus exitosos largometrajes, en los que la precisión del montaje y el ritmo son fundamentales. A diferencia de la mayoría de los videos, en los que comúnmente se recurre a un sinfín de cortes frenéticos, los de Fincher están hechos de forma meticulosa; cada movimiento, toma y corte tienen una intensión narrativa. 

Aunque el cineasta es una referencia del videoclip de los 80, es un trabajo al que ha recurrido en los últimos años con artistas como Nine Inch Nails o Justin Timberlake. 

Bop ‘Til You Drop de Rick Springfield (1984)

Janie’s Got a Gun de Aerosmith (1989)

Express Yourself de Madonna (1989)

Straight Up de Paula Abdul (1989)

L.A. Woman de Billy Idol (1990)

Freedom ’90 de George Michael (1990)

Vogue de Madonna (1990)

Home de Iggy Pop (1990)

Who Is It de Michael Jackson (1992)

Love is Strong de The Rolling Stones (1994)

Only de Nine Inch Nails (2005) 

Suit & Tie de Justin Timberlake (2013)

Hace 20 años así recibió la crítica a ‘Fight Club’

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

La masculinidad tóxica, los limites del capitalismo y la incapacidad del ser humano de querer sobrevivir, son temas que hace 20 años tocó Fight Club (1999). En su tiempo, el trabajo de David Fincher desató controversia entre críticos que alabaron su revolucionaria puesta en escena, contrario a otros que no vislumbraron profundidad en una película de peleas clandestinas. A continuación una muestra de lo que se escribió de la película que nos mostró lo bello que es ver edificios colapsar si de fondo tenemos a los Pixies.  

David Rooney de Variety habló de la descarga de adrenalina que representa, y sobre Fincher destacó el equilibrio entre un estilo frío con la enorme cantidad de información que lanza la historia; también resaltó el juego con las convenciones cinematográficas y la forma de acercar al público la conciencia de los personajes. En cuanto al guion, al ser el debut de Jim Uhls, reconoció un trabajo salvaje e ingenioso. 

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Sobre las temáticas, subrayó lo cercanas que son a su tiempo, y que al explorar tópicos existenciales lo hace de manera accesible gracias a su humor constante, diálogos bien cimentados y la ironía sobre el consumismo, la cultura corporativa y el capitalismo.  Presagiando el recibimiento general que tendría la película, alertó que algunos pudieran encontrarla repelente.

En contraste tenemos a Stephen Hunter del Washington Post, quien comparó a la cinta con recibir una paliza, una en la que la narrativa tiene demasiadas formas, que a veces logran un buen conjunto…pocas, para él. En su opinión este problema se encuentra en que busca contagiar tanto enojo.  La única consistencia que defendió fue su tono, que lamentablemente pierde con un clímax confuso. La emparejó con títulos como Repo Man (Alex Cox, 1984) y Kiss Me Deadly ( Robert Aldrich, 1955), y finalmente la consideró una cinta genial aunque su estilo sea indefendible. 

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Otro critico que supo ver en ella un trabajo fresco fue Peter Travers, de Rolling Stone. Su valoración parte de que Fight Club es pro-pensamiento y no panfleto que justifica el fascismo; esto al buscar sacudir el mundo del espectador y desafiar sus prejuicios. Puso énfasis en el gran trabajo del cinematógrafo Jeff Cronenweth y el editor James Haygood al lograr que el lenguaje del cine se expresará al máximo, como los créditos iniciales. En cuanto a las actuaciones, exaltó a Edward Norton, quien para su gusto podría considerar el mejor actor de su generación con los tantos matices posibles en su personajes. Mientras que de Brad Pitt señaló que fue su papel más arriesgado del momento, y que ese efecto cómico y subversivo es lo mejor logrado.  

Roger Eber fue otro que vio en ella sólo porno machista, criticando el cambio del primer acto al segundo, donde todo se vuelve demasiado violento. Consideró que peca de lo que él llama el síndrome de Keyser Soze: buscar redefinir una realidad ya cimentada en la historia con una escena final. En cuanto al desempeño del director, prefirió mencionar su trabajo en The Game (1997) en la cual presenta el tema del hombre contra el capitalismo de mejor manera. Eso sí, felicitó a los tres actores principales por su potencia.

Para su gusto la película es visceral y dura, con niveles de ironía y comentarios por encima y por debajo de la acción. Con un segundo acto es complaciente y el tercero es engañoso, en el que además se ensalza a un personaje como Durden, quien más que un liberador de la masculinidad, es un bully.

En The New York Times, Janet Maslin abordó su capacidad de ser audaz y adaptar visualmente los desvaríos mentales del protagonista. Asimismo la emparentó por su extrañeza con Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), y por su desarrollo de la virilidad contemporánea. Advierte que la manera ofensiva de mostrarse puede confundirse con un respaldo al nihilismo y al totalitarismo. Al hablar del trabajo anterior de Fincher, Seven (1995), considera que Fight Club es menos horrible y más seria al explorar el atractivo de la violencia, gracias también a su edición ingeniosa y del trabajo creado a computadora. Por el lado de la actuación habló del equipo complejo pero provocativo que crearon Norton y Pitt. 

Fight Club fue una película sintomática de su tiempo, no logró un gran éxito en taquilla pero llegó a convertirse en una cinta del gusto del gran público a su llegada a formatos caseros. Alcanzó a crear un debate en torno a su temática y a su manera de abordarla, con destreza y sin miramientos con el espectador. A la fecha sus escenas continúan siendo recordadas y referenciadas.

Las redes sociales en el cine

The Internet’s not written in pencil, Mark, it’s written in ink…

-The Social Network (David Fincher)

En la actualidad no se puede concebir el día a día sin la presencia del internet, mínimo no podemos permanecer sin acceder a las redes sociales digitales. Estamos inmersos en Facebook, Instagram, Twitter o cualquier otra plataforma que esté de moda. Vivimos conectados todo el tiempo.

Desde los años cincuenta, en la época dorada de la ciencia ficción, se profetizaban muchas de estas y otras prácticas con objetos que hoy son comunes, tales como la computadora o los celulares e inclusive algo como una especie de súper cerebro que conectaría a todos y cada uno de los aparatos telefónicos del mundo.

Aunque las películas que ponen al centro los efectos del uso de tales avances tecnológicos se podrían delimitar dentro de la ciencia ficción, también han logrado abarcar más géneros, como el caso de The Social Network (David Fincher, 2010) donde se cuenta el nacimiento de Facebook y todos los inconvenientes que esto conllevó. Desde una visión dramática se expone una serie de problemas legales que se enfrentaron previo al gran éxito que tiene la red social más usada.

Black Mirror: La construcción de realidades

Otro título que aborda el tema de las redes sociales digitales y la cual tampoco podríamos considerar de ciencia ficción (en realidad es una comedia romántica) es You’ve got a mail (Nora Ephron, 1998) donde una relación nace a raíz del envío de emails. Está protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks, quienes se odian profesionalmente, pero ninguno de los dos sabe que por medio del intercambio de correos electrónicos mantienen una relación.

Hay películas que van más allá de una red que influye sólo en las prácticas cotidianas, como la realizada por los entonces Hermanos Wachowski: Matrix (1999) en la que un programador (Keanu Reeves), en su alter ego de hacker, descubre que la realidad es simulada por una matrix, esto gracias a una red de hackers que logra comunicarse con él. Para un lejano 1999 y sin una idea de lo que sería MySpace ni mucho menos Facebook o Twitter, el filme es un precursor de los alcances que se pensaban con la llegada del internet y todo lo que vivimos en la actualidad.

Sin duda algo que a la postre sería de gran polémica es no saber quién es la otra persona que está del otro lado de la pantalla. Esto daría en el futuro la inspiración para cazar a esos farsantes o a las personas que se hacen pasar por otras para sostener relaciones vía internet. Y ahí tenemos a Catfish (Henry Joost y Ariel Schulman, 2010) un documental en donde uno de los creadores comienza una investigación para saber con quién lleva una relación por Facebook. En tal andanza se da cuenta que con quien entablaba la conversación no era precisamente su “pareja”. Posteriormente esta idea se convertiría en un reality para MTV.

Pero no todo tiene un lado bueno o amable, y a eso me refiero con Unfriended (Levan Gabriadze, 2014), una película de terror en la que toman a un asesino slasher que azota y persigue a los culpables de su suicidio por medio de las redes sociales. Con tan sólo apagar el celular o la computadora podría parecer un problema simple de resolver, pero escapar no será tan fácil. Las víctimas tienen que pasar una serie de circunstancias provocadas por un ente que por medio de plataformas como Skype, el mismo Facebook y demás herramientas comunes en estos días. Un filme que adopta el estilo del cine slasher pero adaptado de una manera magistral con a las herramienta digitales contemporáneas.

El cine, siendo un arte tan complejo, es una de las maneras de conocer y abordar ampliamente diferentes temas que nos preocupan en el presente, y es sin duda una forma de explorar el futuro. Las películas mencionadas son sólo una parte de lo que se ha producido, relativamente en poco tiempo, durante el cual las redes sociales han proliferado en el contexto de la mayoría de las personas. Este tema poco a poco está inmerso en la filmografía de diversos autores.

¿Qué otras películas nos recomiendas?

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habla mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.