Relic: cine de terror que llega al corazón

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

La policía alerta a Kay (Emily Mortimer) sobre la desaparición de Edna (Robyn Nevin), su madre. Acompañada por su hija Sam (Bella Heathcote), viajan hasta Creswick para encontrarla. Noches más tarde, Edna regresa, pero no parece la misma: ahora es hostil y asegura sentir la presencia de alguien más en casa, inmueble invadido por moho y extraños ruidos en las paredes.  

Durante la última década, el cine de terror –prejuiciosamente nombrado elevated horror– ha convertido al subtexto intelectual en una exigencia del género. Ya no basta con asustar, las más recientes propuestas son un espacio fílmico donde se aborda el desamor (Midsommar), racismo (Get Out), duelos traumáticos (The Babadook), dando la vuelta a las desgastadas fórmulas establecidas por los padres del terror. La producción australiana Relic (2020) se suma a esa lista con una exploración de la vejez que está causando revuelo en el nicho, debido a la shockeante crudeza de su premisa. La película arranca desde lugares comunes, pero al final se revela el drama siniestro más desgarrador de los últimos años.  

El concepto nació tras un viaje de Natalie Erika James (directora) a Japón al visitar a su abuela, quien padecía Alzheimer y estaba bajo el cuidado de su madre. En tono kafkiano, creó una crónica oscura sobre cómo las familias tienden a deshumanizar a los ancianos, borrando sus identidades hasta reducirlos a incómodas presencias que transitan en la casa. Pese al amor existente, la agonía prolongada convierte a los últimos días de vida en dolorosos y solitarios caminos hacia el olvido.

Amor (Michael Haneke, 2012), James White (Josh Mond, 2015) y otras entregas han tocado recientemente el tema, pero Relic estalla en su visión descarnada. Reinventando La balada de Narayama (en la cual el asilo sustituye a la montaña), cada generación sobrelleva la muerte de sus padres con un espejo de frente mostrándoles su futuro; una nota les advierte a las protagonistas “no regreses”, pero el afecto obliga a voltear y asumir la respectiva carga de dolor, con el objetivo de dar a los padres un último acto de amor. Como en Creswick (2017) –el cortometraje precedente–, Relic mantiene su forma metafórica, sin justificaciones a lo sobrenatural, logrando un inquietante terror psicológico armado con fobias personales de la realizadora.

Según entrevistas, la película es más japonesa (J-horror) que anglosajona. Emocionalmente, simula el suspenso asiático a partir de eventos que mimetizan la fantasía con la realidad. También, el diseño artístico de la dimensión paralela y la “criatura” animatrónica son afines a los mundos envejecidos de Kiyoshi Kurosawa en Cure (1997) y Viaje hacia la orilla (2015), con espacios podridos y empolvados que sirven de extensión psicológica a los personajes, agobiados por el olvido de su paso por la tierra. El diseño de la atmósfera repulsiva en la casa de Edna simula un sofocante vertedero de memorias, ya que el miedo a desaparecer se materializa en esa capa de hongo invadiendo las paredes.

Lamentablemente, hay algo incómodo en Relic y eso es su diseño de audio. Se entiende la referencia al gótico sensorial de The Haunting (Robert Wise, 1963) –con la intención de dar vida a la enmohecida casa–, pero la saturación instrumental es excesiva, apropiada en una película de jumpscares, mas sobrada en esta propuesta inclinada al drama. En el corto Creswick se podían apreciar las intenciones creativas en la atmósfera envolvente; no obstante, las exigencias del género –para prolongar el suspenso hora y media– emburdecen la estética sonora en el largometraje, el cual se habría beneficiado con sobriedad musical. De igual forma, el montaje tiene recursos del terror convencional (como filtros y curvas de velocidad) que afectan el solemne tono dramático; elementos ausentes en la recta final, cuando la historia se dispara hacia la excelencia.  

Triste como pocas, tiene uno de los mejores finales en el cine de terror contemporáneo: perturbador y melancólico a la vez. Tras revisar sus cortometrajes, podría esperarse de Natalie Erika James una espectacular carrera en el género, pues “amenaza” con filmar una mezcla entre The Wicker Man y El bebé de Rosemary ambientada en Japón (su próximo proyecto). Por el momento, Relic ha logrado no pasar desapercibida durante el verano, a pesar de la temprana distribución online, ya que la historia es un puñetazo a la nostalgia familiar de cualquier espectador. 


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