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Crítica de ‘Sonríe 2’: la fórmula aún es efectiva, pero no impactante 

critica de sonrie 2 pelicula de terror autor irving javier martinez zoomf7

Aunque Sonríe 2 acierta en continuar con el tono pesimista y oscuro, está muy lejos de la fascinación que Sonríe y su marketing  nos provocó hace dos años.

Tras regresar a los escenarios, la cantautora Skye Riley (Naomi Scott) presencia el suicidio de su dealer, quien era el actual portante de la maldición Smile. La artista intenta evadir el acecho del ente, para no afectar la preparación de su gira de conciertos, pero el demonio en su cabeza comienza a alimentarse del trauma provocado por la muerte de su ex (Ray Nicholson) en un accidente donde ella estuvo involucrada. 

El final de Sonríe (Smile, 2022) ya marcaba dos caminos para una posible secuela: continuar la historia de Joel (Kyle Gallner) u optar por un nuevo escenario que llevara la franquicia a otro nivel de terror. Al final, Parker Finn (director y guionista) eligió la segunda opción y el resultado no parece aportar demasiado a la fórmula de la primera película, más allá de un ambicioso desenlace que ya se vislumbraba en los trailers.

A grandes rasgos, Sonríe 2 (Smile 2, 2024) replica el mismo patrón narrativo de su predecesora, lo cual no es negativo, pero lo predecible resta fuerza y espontaneidad a la experiencia, sin importar los múltiples giros argumentales que intentan persuadirnos del “destino final” de la Lady Gaga de Naomi Scott. 

Crítica de Sonríe: inquietante “slow burn horror”

Desgraciadamente, el mismo prólogo nos da un vistazo de lo genial que hubiera sido cambiar el modelo de “posesión” presentado en Sonríe; de hecho, ver a Joel (Gallner) pelear contra criminales para pasarles la maldición tiene un nivel de suspenso que ninguna de las alucinaciones macabras de la famosa protagonista logra alcanzar. En gran medida, lo anterior se debe a que la película no hurga de forma innovadora en los miedos y frustraciones de una artista al borde del colapso.

El personaje es la suma de clichés sacados de documentales sobre cantantes pop (Homecoming, Miss Americana, Five Foot Two), pues Skye Riley (Scott) surge más del esfuerzo de la producción por replicar la efectiva historia de Rose Cotter (Sosie Bacon), en lugar de la exploración de los traumas íntimos y dolorosos de una estrella en crisis.

Sonríe 2: muy lejos de la fascinación de su predecesora 

El horror de Sonríe 2 no es tan “insano” como Parker Finn prometía en entrevistas, resultando en un filme más sorprendente por lo estético que por sus predecibles jumpscares, los cuales no aportan mucho al imaginario alrededor del espectro en la cabeza de los huéspedes. La falta de una atmósfera espeluznante superior a la del filme protagonizado por Sosie Bacon afecta el potencial impacto de los creativos escenarios diseñados por el cineasta (como la alucinante escena coreográfica en el departamento de Riley o la última parte del filme), convirtiéndose en pequeñas islas de originalidad en un oceano de gris y convencional terror elevado de alto presupuesto.

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‘Sonríe 2’ (Parker Finn, 2024)

Tratándose de una secuela encargada de asegurar la franquicia, el drama de Skye Riley (Scott) se prolonga demasiado, sin traer nuevos elementos que den complejidad al monstruo imaginado por Finn. En la primera entrega había quedado claro que el demonio Smile era una criatura con “capacidad intelectual” suficiente para jugar perversamente con la mente y los sentimientos del huésped; es decir, no solo se trata de un “virus”, el ente disfruta el trauma y la paranoia de los personajes. No obstante, Sonríe 2 se queda corta al abusar de las “ilusiones” y juegos de perspectiva como único recurso de una bestia tan maligna y omnipotente.

Sonríe 2 se queda corta al abusar de las “ilusiones” y juegos de perspectiva como único recurso de una bestia tan maligna y omnipotente.

Sin embargo, la película acierta en continuar con el tono pesimista y oscuro del largometraje anterior. Al no haber piedad hacia su protagonista, la producción consigue nuevamente una pesada sensación de ansiedad en el espectador. Es hasta la última media hora (a partir de la histérica escena de Ray Nicholson en el automóvil) cuando Sonríe 2 se siente como algo con identidad propia, porque la trama coge un aspecto surrealista realmente aterrador, retorciendo cruelmente los pensamientos de Riley, en un espectacular camino hacia el patíbulo tan esperado. Ese último segmento es lo único que justifica la existencia de esta irregular secuela.

Y qué decir de Naomi Scott, espectacular en todos los aspectos. Si bien al principio es risible el intento por evocar a las cantantes pop del momento, no pasan muchos minutos antes de convertir a Skye Riley en una creíble estrella internacional, algo ni siquiera logrado por Natalie Portman en Vox Lux (2018). También ayuda el excelente diseño de producción y la fotografía de Charlie Sarroff (Relic), quien contribuye a un embellecimiento brutal de los momentos de máximo terror. Al final, aunque se trata de un producto más que aceptable como entretenimiento, Sonríe 2 está muy lejos de la fascinación que Smile y su marketing  nos provocó hace dos años

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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