Seis películas para entender el cine chileno de la última década

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado) 

El cine latinoamericano se ha posicionado en los últimos años como un semillero importante de propuestas fílmicas y un espacio para las voces creativas. Desde comedias románticas hasta películas más experimentales, la aportación de Latinoamérica a la historia del cine se nota por el interés del cinéfilo mundial, quien voltea a ver con más frecuencia lo que se produce en la región.

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En años recientes, las producciones de países como México, Brasil y Argentina han pisado fuerte en los festivales más prestigiosos del mundo. Ante ello, otros países latinoamericanos han aprovechado este interés por las narrativas locales para fomentar e impulsar la creación de un cine propositivo y autoral que comparte espacios de exhibición con el cada vez más aplastante cine hollywoodense.

Chile es, junto a Colombia, uno de los países hispanohablantes con más proyección internacional en los últimos años. Sus premios y nominaciones en festivales importantes delatan un cine de la más alta calidad, bien escrito y producido, con una capacidad para abordar distintos temas sin ningún tipo de restricciones, aunque ahondando en el tema político debido al contexto histórico y social del país.

La primera película que podríamos clasificar dentro de este “boom chileno” es La nana (Sebastián Silva, 2009). En ésta se presenta la vida monótona de la introvertida Raquel, quien lleva trabajando 23 años en la casa de la familia Valdés como nana. Debido a algunos conflictos internos, la familia contrata a una nueva empleada para ayudarle a Raquel con repartirse las tareas del hogar, pero ella, que ve peligrar su papel en la casa, se dedica a hacerle la vida imposible a las nuevas ayudantes. 

Producida con muy bajo presupuesto (430 000 dólares) y rodada casi enteramente en una misma locación, esta película fue bien recibida por su historia sin intenciones de hacer crítica social (aunque aparentemente la hay) y también por su planteamiento visual. Grabada con cámaras de video, las imágenes  sobreexpuestas, el grano y los movimientos cámara en mano son fundamentales para involucrarnos de una manera más íntima en la vida de Raquel.

La nana debutó en Sundance, donde recibió el Gran Premio del Jurado y un premio especial para la actriz Catalina Saavedra. Consiguió más de 20 premios internacionales, entre los que destaca el Colón de Oro a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y los premios de la Crítica y Mejor Actriz en el Festival de Cartagena de Indias. También resaltan sus nominaciones a los Premios Ariel como Mejor Película Iberoamericana y su nominación a los Globos de Oro en la categoría de Mejor Película en Lengua No Inglesa, siendo la primera cinta chilena en lograrlo.

Dos años después se estrenó Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood, 2011), una producción entre Chile, Francia y Argentina que narra en una estructura no lineal la vida de la cantautora Violeta Parra y se enfoca en los puntos más importantes que definieron su vida y su carrera musical.

Abordar las vidas de los cantantes suele ser una tarea complicada debido al halo místico que sus fans les adjudican, por lo que una adaptación cinematográfica siempre generará comentarios y opiniones encontradas. En el caso de Violeta se fue a los cielos, se retrató a una de las cantantes latinoamericanas más importantes de forma bastante cercana a los sucesos reales y esto es gracias a la dirección de Andrés Wood, que no sólo no teme contarnos la vida de Violeta Parra en una estructura no lineal, también aprovecha otros recursos como la música y el sonido para hacer la experiencia más poética y no tanto cinematográfica.

La biopic de Violeta Parra obtuvo múltiples premios internacionales: el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance, los de Mejor Dirección y Mejor Actriz en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, así como sus nominaciones a los Premios Ariel y a los Premios Goya como Mejor Película Iberoamericana.

Casi al mismo tiempo llegó No (Pablo Larraín, 2012). Protagonizada por el mexicano Gael García Bernal y dirigida por uno de los cineastas chilenos más activos de la actualidad, la película cuenta cómo se desarrolló el plebiscito chileno de 1988 que puso fin a la dictadura del general Augusto Pinochet, en donde sólo habían dos opciones: votar SÍ para extender por ocho años el gobierno del general o votar NO para convocar a elecciones. La cinta enfatiza en cómo se desarrolló la campaña por la opción NO con estrategias propias de la publicidad, y de esa forma se le mostró a los chilenos que existía una posibilidad de cambiar los años de gobierno autoritario por un futuro más alegre. Grabada con cámaras de video de la época, la película se distingue por una atmósfera casi documental; hay momentos en donde se vuelve muy difusa la línea entre lo que es imagen de archivo y lo que es puesta en escena.

No ganó varios premios internacionales como los Premios Fénix y los Premios Platino en la categoría de Mejor Guion. También resalta su nominación a los Premios Ariel como Mejor Película Iberoamericana y además se convirtió en la primera producción chilena candidata al Oscar como Mejor Película en Lengua Extranjera.

Los perros (Marcela Said, 2017) también aborda el régimen autoritario de Pinochet, pero desde la perspectiva femenina y muchos años después: Mariana es una mujer que vive cómodamente y experimenta los hobbies y los placeres de la adinerada clase alta chilena. Acostumbrada y a la vez aburrida del ambiente machista en el que se encuentra, advierte un particular interés por su maestro de equitación, lo que desata una ola de sucesos que revelan el rol que jugó su entorno social en la dictadura chilena y la ambigüedad moral de los que se beneficiaron del antiguo régimen.

Se trata de una película que juega mucho con la moral y los roles de poder. Por un lado tenemos personajes bastante ambiguos: ellos se saben beneficiados por la dictadura que hace décadas acabó, pero no lo quieren reconocer abiertamente en su presente acomodado. Por el otro lado hay una denuncia a ese machismo que somete a las mujeres dentro de sus círculos sociales y que en cierto modo esa presión las obliga a querer tomar el control de su vida y buscar rebelarse… o seguir disfrutando de los beneficios de ese sistema que las oprime.

El paso de Los perros por festivales internacionales fue bastante exitoso: a partir de su estreno en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, la película tuvo presencia en festivales de cine como el de San Sebastián, de Munich, de Chicago, de Calcuta o de El Cairo.

Ese mismo año llegó a las pantallas Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017), que narra la historia de Marina, una joven transgénero que trabaja como cantante y mesera en un bar de Santiago de Chile. Su novio Orlando, con quien tiene planes de una vida juntos, sufre un aneurisma durante la noche y muere. Su fallecimiento desencadenará un cúmulo de situaciones de discriminación por parte de la familia de Orlando, quienes tienen serios conflictos con su transexualidad y la relación que sostenían ambos.

En la película protagonizada por la actriz Daniela Vega vemos a una mujer que defiende su identidad sin caer en lo panfletario. A pesar de su carácter pacífico, Marina no es una persona débil porque en todo momento se cuida del conflicto. Ella es un ser transgresor que con su presencia incomoda a la conservadora familia de Orlando, pero también reclama su derecho como ser humano de despedirse de su ser amado. Marina es tan estoica como para aguantar el rechazo de la sociedad, pero también es tan fantástica como para permitirse soñar despierta.

La entrega de Sebastián Lelio es probablemente la película chilena más exitosa de la historia tanto en premios como en nominaciones: debutó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde ganó el Oso de Plata al Mejor Guion y el Teddy Award por Mejor Largometraje; recibió el Independent Spirit por Mejor Película Extranjera los Premios Goya y Ariel en la categoría de Mejor película Iberoamericana; así como Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz y Mejor Guion en los Premios Platino. Para culminar, Una mujer fantástica fue nominada a los Premios Óscar por Mejor Película Extranjera y se convertiría en el primer filme chileno en ganarlo.

Una de las últimas sorpresas del cine chileno es Tarde para morir joven (Dominga Sotomayor, 2019). Ubicada en el año de 1990, los protagonistas Sofía y Lucas (de 16 años) y Clara, de 10, son integrantes de una comunidad aislada que vive por la cordillera de los Andes, en aparente libertad después del final de la dictadura. Los tres niños deben sobrellevar esta vida idílica al mismo tiempo que aprender a lidiar con sus emociones, con sus miedos y con el primer amor. Todo esto mientras la comuna se prepara para una gran fiesta de Año Nuevo.

La dirección de Dominga Sotomayor es clave para representar ese choque entre las preocupaciones de los niños con las que tienen los adultos y cómo éstas influyen en el desarrollo de su comunidad. Al ser una película que evoca un momento preciso en el tiempo, la directora aprovecha varios recursos narrativos para representar lo real y lo onírico: la cámara lenta, las exposiciones múltiples y los fuera de foco, elementos que en complicidad con el trabajo fotográfico de Inti Briones refuerzan un sentimiento de nostalgia en las imágenes.


Esta película también fue un hito en la historia del cine chileno ya que le mereció a Dominga Sotomayor el Leopardo de Oro a Mejor Dirección en el Festival de Cine de Locarno, siendo la primera vez que se le otorgaba a una mujer. Tarde para morir joven también pasó por festivales como los de Toronto, Róterdam, Londres, Viena o el FICUNAM en la Ciudad de México.

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