Así documentaron la pandemia los fotoperiodistas en China

Por: Miguel Sandoval 

Cuando China informó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la existencia de un brote de neumonía atípica en enero, el mundo volteó hacia Wuhan, ciudad donde fueron registrados los primeros casos de la ahora llamada COVID-19. Desde entonces, noticieros y medios informativos han seguido el avance de la pandemia, cobertura que inició con las imágenes del régimen chino comandado por el presidente Xi Jinping.

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Elegido en 2013, el mandatario es conocido gracias a una política de restricción, la cual limita el acceso a internet de sus gobernados. El control del partido comunista en China censura todas las opiniones que, bajo la sospecha de cuestionar las decisiones de más alto rango, son castigadas con hasta tres años de cárcel. A partir de esta tesitura, no es difícil imaginar que todas las comunicaciones extraoficiales al respecto del coronavirus quedaran omitidas y a merced de aquello que Jinping externara. ¿Pero dónde quedan los fotógrafos?

El estado del fotoperiodismo en el gigante asiático no es muy reconfortante. Sitios web como Tencent monetizan su contenido por medio de clicks: las fotografías más gustadas, cuya propuesta no dañe la reputación del gobierno, reciben un mejor pago. Este modelo de publicación lamentablemente extingue poco a poco las posibilidades de que exista otra verdad aparte de la emitida por las instituciones, además de que reduce significativamente la oferta laboral de los fotógrafos profesionales.

Según el portal Witness, la popularidad que ganó el fotoperiodismo durante los 90 en China, cayó debido a la aparición de nuevas herramientas tecnológicas y a la masificación del fotógrafo amateur en la década del 2000; gracias a la modernidad pareciera preferible ser amigable a ojos del público antes que priorizar las emociones o contar una historia. Adicionalmente, son mínimas las opciones educativas en esta materia, motivo por el cual pequeños colectivos formados en la red –y de manera independiente– asumen la no fácil tarea de enseñar aun con el riesgo político que esto implica.

Si bien lo anterior se gesta en medio de circunstancias adversas, aquí te presentamos un breve listado de fotógrafos, quienes muestran al mundo las condiciones de vida en Wuhan durante los tiempos que transcurren:

Aly Song

Nacido en Lanzhou, China, es corresponsal de la agencia de noticias Reuters, donde cubre aspectos políticos, económicos y culturales del día a día de su país. Durante la contingencia en Wuhan documentó el duelo y distancia de los ciudadanos bajo un estricto control sanitario; sus fotografías rescatan los momentos de silencio en nombre de todos aquellos que perdieron la vida a causa de la epidemia. 

NG Han Guan

Sociólogo por la Universidad de Singapur y dos veces finalista al premio Pulitzer, es responsable de las operaciones fotográficas en China de la agencia de noticias AP. Su trabajo consiste, desde 2001, en documentar las diversas facetas de la vida diaria en Beijing; durante la reapertura de Wuhan, exploró la movilidad de los ciudadanos chinos y su regreso programado a las actividades cotidianas. Se trata de uno de los fotógrafos chinos con mayor reconocimiento a nivel internacional.

Jaime Santirso

Graduado en Periodismo por la Universidad española de Navarra, es corresponsal del periódico EL PAÍS en China, lugar donde reside desde 2014. Su labor periodística y fotográfica en Wuhan destaca por tener un enfoque de crónica; a través de esta detalló la evolución de la epidemia, los pormenores de la vida en aislamiento y la repatriación de los ciudadanos españoles alojados allí. Además de su colaboración ya mencionada, Santirso escribe para medios internacionales como la CBC y la BBC.

Héctor Retamal

Fotoperiodista y corresponsal chileno de la agencia de noticias AFP en China, Héctor Retamal documentó las calles de Wuhan durante la celebración del Nuevo Año Lunar chino atravesado por la epidemia; a lo largo de 8 días, junto a dos compañeros, integró el primer equipo extranjero que tuvo acceso a la ciudad. El trabajo del fotógrafo se caracteriza por un toque intimista, el cual devela cómo la vida no se detiene frente a acontecimientos hostiles. Otra de sus coberturas más importantes tuvo lugar en Haití cuando en 2010 surgió un brote de cólera.

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