La literatura según Jaime Humberto Hermosillo

Por: Alex Díaz 

El cine cuenta con la facultad de nutrirse de otras disciplinas artística; sus referentes más obvios son la fotografía y el teatro, sin embargo, es la literatura la que más ha estado presente en la creación del séptimo arte desde su nacimiento.

Ya George Mélies, antes del siglo XX, recreaba escenas sacadas de libros en sus filmes, siendo la más celebre Viaje a la luna (1902), inspirada en De la tierra a la luna de Julio Verne. Hasta el día de hoy, la literatura sigue siendo objeto de múltiples adaptaciones a la gran pantalla; un ejemplo contemporáneo de alcance y fama mundial es Harry Potter.

En México se cuenta con una larga tradición de adaptaciones literarias, en las que los propios autores han participado en su realización fílmica: Laura Esquivel escribió el guion de su novela Como agua para chocolate para la cinta dirigida por Alfonso Arau en 1992, Emilio Fernández y John Steinbeck adaptaron La perla (1947), novela de este último. De más recientes años está la adaptación de la novela de Ángeles Mastretta, Arráncame la vida, dirigida por Roberto Sneider en 2008.

Estos son algunos de los ejemplos más conocidos de adaptaciones mexicanas, no obstante no son los únicos. Entre uno de los directores no tan conocidos, pero que más abordaron el cine desde los libros, está Jaime Humberto Hermosillo.

Inicios del director

Jaime Humberto Hermosillo fue un director en constante contacto con los libros y sus autores, con los que trabajó frecuentemente, tanto para adaptar obras como para generar nuevas historias.  El hidrocálido mostraba su interés en la literatura desde sus primeros cortometrajes, por ejemplo, en 1966 tomó inspiración de El Malentendido de Albert Camus para rodar Homesick.

Acabada su formación en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) obtuvo reconocimiento gracias a su cinta de 1975, La pasión según Berenice, la cual fue merecedora de tres premios Ariel, entre ellos Mejor Película.

Aunque su nombre no aparece en los créditos, José Emilio Pacheco, autor de Las batallas en el desierto y quien también trabajó con Arturo Ripstein en El castillo de la pureza (1973), colaboró en el guion de esta obra. Posiblemente su aporte no fue tan relevante, o el mismo escritor no exigió su acreditación; de cualquier forma se le reconoció su participación en la película posteriormente.

José de la Colina: el colaborador cómplice

Después de tal éxito siguió recurriendo a varios escritores para la realización de sus argumentos, siendo José de la Colina un frecuente colaborador con quien ya había escrito en 1972 el guion de El señor de Osanto, basada en la novela Master of Ballantrae de Robert Louis Stevenson, la cual José de la Colina obsequió a Hermosillo.

La cinta no contó con mucho éxito, pero las mejores colaboraciones estaban por llegar. En 1977 dieron vida a una de las películas más aplaudidas del director: Naufragio, inspirada en una obra ya concebida, Mañana, un relato corto de Joseph Conrad sobre un hombre conocido como el capitán Hagberd, quien forma una amistad con su joven vecina Bessie mientras busca a su hijo por años en un pueblo costero llamado Colebrook. José y Jaime tomaron la esencia del relato y realizaron algunos cambios.

El capitán Hagberd pasa a ser Amparo, interpretada por Ana Ofelia Munguía, manifestando la relación entre dos mujeres, una de las constantes en el cine de Hermosillo. Esta característica la podemos observar en: La pasión según Berenice, Amor Libre, Confidencias, Encuentro Inesperado, etc.

La trama se desarrolla en la Ciudad de México, y una alteración a menor escala es que Bessie (quien pasa a ser Lety) interpretada por María Rojo -que participó en alrededor de nueve películas suyas- comparte departamento con Amparo.

Por supuesto hay más cambios en el desarrollo de la historia, pero ambas evocan sentimientos de desolación y añoranza, lo cual dotó a la cinta de uno de los finales más poderosos de la cinematografía mexicana.

Volvieron a colaborar seis años después en El corazón de la noche, primera película del director filmada en Guadalajara, pero que Hermosillo no consideraba propiamente jalisciense al contar con equipo y producción chilanga.

El corazón de la noche es un filme con tintes oníricos que relata la intrusión de un joven en la vida de una secta de minusválidos. Aunque no está basaba en un relato previo, las referencias a la literatura están presentes, como el final de la película y su alusión a Edipo Rey.

Hermosillo y García Márquez adaptan una historia real

Antes de El corazón de la noche (1980), Jaime Humberto se filmaba una cinta cuyo guion había realizado junto al escritor latinoamericano más importante de las últimas décadas: Gabriel García Márquez; autor de Cien años de soledad, quien realizó guiones para Arturo Ripstein y Felipe Cazals en las décadas de los 60 y 70.

Alrededor de 1978, Gabriel García Márquez le contó al director una historia que había escuchado en Barcelona, en la cual una joven veinteañera sufrió el infortunio de ser llevada a un hospital psiquiátrico por error cuando se le descompuso su auto en medio de una tormenta en la carretera.

En un escrito que el colombiano realizó para El País, confesó no observar mucho entusiasmo en el director. Estaba equivocado, ya que Hermosillo se acercó a García Márquez un par de meses después con un primer borrador de guion.

Según el relato, lo primero en que pensaron fue en los actores que encarnarían a los protagonistas, lo cual es parte habitual en la forma de trabajo de Jaime Humberto: escribir personajes considerando a los interpretes, ya que se confesaba como un mal director de actores; por ello le era de suma importancia contar con histriones capaces y con quienes tuviera buena relación. Los elegidos fueron María Rojo y Héctor Bonilla.

María de mi corazón tuvo un relativo éxito, ya que fue prohibida por un tiempo en el México como otras tantas en su carrera. El motivo, al no tocar temas tabúes ni contener escenas explicitas como sí lo hacían otras de sus películas prohibidas, fue probablemente su manera de producción por medio de la cooperativa fílmica; cine hecho con escasos recursos (contó con un presupuesto de aproximadamente 80 mil dólares de ese entonces) y que aun así superaba con creces a las producciones mexicanas que en ese momento tendían al cine de ficheras.

A pesar de los inconvenientes, el filme encontró su público en los cineclubes y se llevó varios reconocimientos de festivales en Colombia, Francia y Cuba, además, los protagonistas fueron galardonados con Diosas de Plata, premio otorgado por los periodistas cinematográficos. García Márquez quedó muy contento con el resultado y también llevó el relato de manera escrita a un cuento titulado Solo vine a hablar por teléfono.

Lamentablemente, los siguientes trabajos en conjunto entre García Márquez y Hermosillo no cosecharon los mismos resultados. En 1988 adaptaron el cuento El verano feliz de la señora Forbes pero el resultado fílmico no fue del agrado del propio director. Volvieron a escribir un guion juntos titulado La gloria secreta, el cual nunca pudo llevarse a la pantalla, probablemente por motivos financieros.

Colaboración con otras plumas

Jaime Humberto Hermosillo siguió retomando textos y colaborando constantemente con otros escritores. A finales de 1981 filmó Confidencias, película en una locación para la cual no necesito guion, ya que simplemente tomó la obra De pétalos perennes de Luis Zapata y la uso como guía.

En 1985 rodó Doña Herlinda y su hijo, basada en el cuento homónimo de Jorge López Paéz. Realizó la película junto a alumnos y maestros del Centro de Cine y Crítica de Occidente, escuela fundada por Hermosillo y Anne-Marie Meier con apoyo de Arturo Villaseñor.

En la película participó como extra y gerente de producción el hoy afamado Guillermo del Toro, y no sólo eso, su madre Guadalupe del Toro interpretó a Doña Herlinda. La película se estrenó en 1986 en la primera Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara (iniciativa también de Jaime Humberto) que años después se convertiría en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Jaime Humberto Hermosillo en la Primera Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara

Podemos notar que el cineasta siempre escribía mano a mano con su colaborador en turno. Sin embargo, su siguiente película fue la excepción: Encuentro Inesperado, una obra escrita por Arturo Villaseñor. “Sentía que esos guiones los pude haber escrito yo” era lo que respondía al por qué había dirigido historias de otras personas.

Las colaboraciones siguieron con la adaptación de De noches vienes, Esmeralda (1997), cuento de Elena Poniatowska; o Escrito en el cuerpo de la noche (2001), en la que conjuntó una obra y un cuento de Emilio Carballido.

El diálogo entre cine y literatura ha llegado a ser tan fructífero, que no sólo va en una sola dirección: también las historias concebidas en la pantalla pasan a ser libros. En el caso de Jaime Humberto Hermosillo, su visión ha sido trasladada al papel en las obras de su amigo Arturo Villaseñor, en las que en relatos de ficción explora en la personalidad y obra del extraordinario director mexicano.

La relación de Hermosillo con la literatura no frenó su voz autoral ni su creatividad, por el contrario, la alentó; pues al igual que con George Mélies, los libros fueron un medio de inspiración para dar pie a nuevas historias. Desafortunadamente, el cineasta tuvo que marcharse con las ganas de adaptar Madame Bovary, obra a la que le tenía un profundo cariño e interés y para la cual ya había escrito un guion.

Alex Díaz es creador del canal de YouTube Butaca 14

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