Tres malas decisiones en la adaptación de ‘El Jilguero’

Por: Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Durante el TIFF, las noticias sobre la fallida adaptación de El Jilguero (John Crowley, 2019) corrieron como pólvora en el sector cinéfilo. La magnitud de la catástrofe derivó en el descarte inmediato de la película para la temporada de premios. Con Brooklyn (2015) como predecesora, se esperaba que el siguiente trabajo de Crowley fuera igual de notorio (considerando lo relevante del material de origen).

Después de leer y escuchar la pésima recepción, nos preguntamos ¿qué pudo salir mal en este dark horse? La mayoría de los críticos coincidieron en que el proceso de adaptación está repleto de malas decisiones (en especial, la falta de coherencia de géneros); ya que, el responsable del guion (Peter Straughan) tenía en su historial la malograda El muñeco de nieve (2017), con una adaptación muy similar a la de El Jilguero.

A continuación revisamos tres posibles “errores” que los responsables cometieron en la adaptación de un Premio Pulitzer. 

1. La adaptación fiel (todo debe entrar)

Es un error frecuente en las adaptaciones de best sellers. Recordemos que los estrenos de películas como Cincuenta sombras de Grey (Sam Taylor-Wood, James Foley, 2015) o Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014) siempre vienen acompañados de decenas de videos que analizan “página por página” los cambios realizados en la película. Para satisfacer al fandom, los productores supervisan la fidelidad con el material de origen.

El Jilguero sufrió una reescritura de este tipo y el resultado fue la suma de inverosímiles situaciones y personajes absurdos; ya que, lo exitoso en papel no siempre funciona en imágenes. ¿Cómo pasó la película del melodrama indie al thriller? ¿Deberíamos llorar con la vida de un niño que tiene alberca en casa? ¿Por qué parece que todos los personajes viven en el siglo XIX?

La vida dickensiana de Theo Decker no resulta tan atractiva para el espectador estándar sin un narrador que explique la crisis emocional del personaje. De acuerdo con Robert Mckee, escribir guiones es el “arte de convertir lo mental en físico” y producir “correlaciones visuales con el conflicto interno”. Más allá de las pesadillas del protagonista, no tenemos imágenes contundentes que nos muestren el crecimiento emocional del protagonista. Como sucede en Lady Bird (Greta Gerwig, 2017), el obstáculo social de un estadounidense promedio no lo es para el espectador de un país subdesarrollado. 

Algunas soluciones para aminorar el occidental centrismo son trasladar la historia a un terreno exótico (The Handmaiden, 2016) o ampliar el debate a un problema universal (la violencia de género en The Handmaid’s Tale). En la producción de Crowley se “respeta” la estructura original del libro, asumiendo que la odisea “americana” de Theo es emotiva para cualquier usuario.

2. Las historias lineales no son una mala idea

En una entrevista para Empire, Crowley mencionó que la no linealidad de la trama era un objetivo fundamental en el montaje; sin embargo, el empalme de eventos pasados y presentes carece de lógica narrativa o visual. 

Por ejemplo, en Gone Girl (David Fincher, 2014) los brincos temporales del primer acto tienen la función de crear caos entre la realidad y las mentiras de Amy. En cambio, el flashforward a la vida adulta de Theo confunde al espectador con una simulación de complejidad temporal para adelantar el conflicto con Lucius Reeve. 

La novela de Donna Tartt está dividida en tres partes: el hospedaje con los Barbour, el viaje a Las Vegas y la vida adulta de Theo. La mejor opción era elegir uno de los tres episodios de la novela de más de mil cien páginas, debido a que el viaje a Ámsterdam (atascado de jump-cuts) es bastante inconexo con el resto del relato.  

Muchas líneas dramáticas pudieron omitirse (como el compromiso con Kitsey) para dar tiempo a un mejor desarrollo psicológico del “héroe”. Por ejemplo, en Forrest Gump (1994) la infancia del protagonista es una breve introducción al relato mayor; o en Les Miserables (1998), sólo se aborda la relación de Jean Valjean y Javert (dejando fuera el coro de personajes secundarios).

3. Personajes sin desarrollo psicológico

La rapidez para incluir todos los momentos importantes del libro dejó fuera gran parte del desarrollo psicológico de los personajes y demasiadas situaciones se obvian: ¿Cómo inicia el enamoramiento de Theo por Pippa? ¿Cuándo decide Decker devolver el cuadro? ¿Qué importancia tiene la madre para él? 

Los eventos sin previa explicación y la ausencia de monólogos reflexivos disminuyen la intensidad del melodrama. Un caso similar sucedió en el final de Juego de Tronos: la locura de Daenerys es un desenlace cíclico a la serie (que iniciaba con las consecuencias de la caída de “El rey loco”), pero jamás se dieron indicios de demencia a lo largo de las 7 temporadas anteriores. 

Quizás, el mayor fallo es que la personalidad de Theo carece de profundidad al no existir un desarrollo sobre las consecuencias por la muerte de la madre y el cuadro hurtado (hilo que debería conducir toda la película). La promesa de un gran filme se pierde entre tantas complacencias a los fans del libro y  ambiciosas decisiones financieras (la película sólo recaudó 2.6 millones de dólares de los 45 millones invertidos).

¿Cuál consideras que fue el mayor error de El Jilguero?

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