Hace 15 años así recibió la crítica a ‘Mean Girls’

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

A partir de una mirada crítica y una comedia ácida, Mean Girls (Mark Waters, 2004) retrató de manera convincente a los adolescentes de la primera década de los 2000; dio el salto a la cultura pop y ahora es referenciada gracias sus chistes más representativos. A 15 años de su estreno, la historia de las plásticas sigue fresca, porque aunque la sociedad cambie y la tecnología avance, los adolescentes aún se caracterizan por ser crueles y divertidos.

La historia sigue a Cady (Lindsay Lohan) y su búsqueda por encajar en la preparatoria luego de vivir en África y nunca haber pisado una escuela. Esto nos lleva a conocer el ambiente hostil que se vive en un lugar donde todo está controlado por un grupo de chicas llamadas “Las plásticas”. Cady, en un afán antropológico y con deseos de caer bien a Janis (Lizzy Caplan) y Damian (Daniel Frnzese), se infiltra en el grupo popular para hacer caer a la reina. 

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En su mayoría, el filme fue bien aceptado por los críticos, sin definirla como una obra de arte. El consenso fue que refrescó el género juvenil al estar basada en el libro Queen Bees and Wannabes de Rosalind Wiseman, el cual más que contar una historia, es una guía de cómo ayudar a los adolescentes a sobrevivir la preparatoria. Elvis Mitchell del The New York Times la alabó por mostrar un lado oscuro del mundo teen y combinarlo con una comedia al estilo Disney Channel. De la misma manera David Edelstein de Slate consideró que fue un híbrido de la psicología pop y la sátira Saturday Night Live

Roger Ebert vio en ella una cinta inteligente y divertida, que mostraba sus orígenes en la ironía televisiva, pero con mejores resultados que otros títulos del productor Lorne Michaels. Su sátira se consideró potente, aunque no para todos fue suficiente; del Austin Chronicle, Marrit Ingman mencionó que hacia el final se diluye la fuerza inicial, y que a veces pierde el foco de su tema. La película siguió el camino de su protagonista: tener la capacidad de reflexionar en torno a sí misma, pero deshacerse de su esencia al querer ser popular.

Una de sus grandes fortalezas fue el guion, adaptado por Tina Fey, quien en ese momento también trabajaba en Saturday Night Live. Por el modo de combinar un sentido antropológico y satírico, Peter Rainer de New York Magazine lo festejó, mientras que Scott Tobias abordó su habilidad con los tonos amargos en un género tan vacío. En cambio, Peter Traver de Rolling Stone se enfocó en la manera de tocar las complejidades del insulto y sus diálogos ácidos. 

El ritmo y la manera de terminar la historia fueron de los puntos que se consideraron más bajos. Por ejemplo, Elvis Mitchell mencionó que la cohesión narrativa no es su virtud, puesto que funciona mejor como un conjunto de escenas que como una historia. Y Ellen A. Kim del Sleattle Pi señaló un comienzo potente que pierde fuerza sobre todo por giros inexplicables, debidos a la indecisión de ser una comedia negra o una comedia rosa. Otra queja común se dirige a la voz en off; explica demasiado y en ocasiones interrumpe el ritmo y los mejores momentos.

Otra constante al hablar de Mean Girls fue la comparación con otras cintas adolescentes, en este caso la más presente fue Heathers (1989), en la que Winona Rider se involucra en el asesinato de Heathers, la reina del grupo que da nombre a la película. Al igual que en la historia de la plásticas, en la película dirigida por Michael Lehmann el tono ácido y oscuro está presente, sin embargo la mayoría de los críticos la colocó por debajo de la historia ochentara. Otros filmes con los que se le emparentó fueron Wayne’s World (Penelope Spheeris, 1992) y Fast Times at Ridgemont High (Amy Heckerling, 1982); esta última por compartir una fascinación por las reglas que al mismo tiempo vinculan y separan a los estudiantes de preparatoria. Otras comparaciones extrañas fueron con Goodfellas (Martin Scorsese, 1990), y Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), al imaginar que la mafia y las chicas populares tienen mucho en común. 

Las actuaciones se valoraron positivamente, en especial el variopinto grupo de personajes secundarios que dejaban ver su amplio rango a la hora de improvisar. Roger Ebert destacó la actuación de Lindsay Lohan ya que nunca permite que el personaje se incline hacia la caricatura. Mientras que Caroline Westbrook de Empire ensalzó cómo Lohan logra un personaje atractivo y simpático, así como a Rachel McAdams por su malvada Regina George. 

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