10 cosas que odio de ti: la valiosa reinterpretación de un clásico

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

William Shakespeare es sin duda el inglés más importante en la historia de la literatura universal y por consecuencia uno de los autores más reinterpretados en todas la artes. En el caso del cine existen cientos de filmes inspirados en sus textos, entre los que destacan Romeo y Julieta, Macbeth, Otelo y Hamlet. La vigencia de sus historias radica en la profundidad con la que aborda la naturaleza humana y las relaciones personales, que se adapta a toda época y ambiente.

El caso de La fierecilla domada (1591) no es la excepción, sin embargo, es un tanto más “problemática” en su forma de tratar las relaciones amorosas. En ella se desarrolla la historia de Catalina Minola, una mujer de carácter fuerte, descrita como fastidiosa y malhumorada, y la de su hermosa hermana menor Blanca, su antítesis, a quien sus pretendientes cortejan en busca de obtener su mano, pero cuyo padre se niega a entregar en matrimonio hasta que la mayor se haya casado. Entonces aparece Petruchio, un joven de Verona dispuesto a cortejarla, y como el título lo indica, se aborda la “domesticación” de la protagonista, quien es sometida a un sin fin de abusos físicos y psicológicos para convertirse en una esposa dócil. 

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Como es de esperarse, la obra ha sido altamente criticada por su contenido misógino, incluso el dramaturgo George Bernard Shaw la describió en 1897 como “totalmente desagradable para la sensibilidad moderna”.

A pesar de ello, el argumento se ha adaptado múltiples veces para llevarlo a la pantalla grande. Una de las más populares tuvo lugar en 1999, 10 Cosas que Odio de Ti (Gil Junger). Una comedia romántica preparatoriana, cargada de infinidad de clichés: profesores incompetentes, tribus urbanas caricaturizadas, padres paranoicos, amores intensos y en la que por supuesto, todo culmina con el baile escolar. 

En esta versión, la narrativa gira entorno a la misma premisa, Katarina Stratford (Julia Stiles) no sólo es sarcástica y grosera, es feminista, lo que la convierte en una mujer poco atractiva, y Bianca (Larisa Oleynik) la típica adolescente popular, bonita y con innumerables pretendientes, pero que al final resulta ser una mujer hueca y frívola. La menor no tiene permiso de salir con el galán de la escuela hasta que su hermana tenga una cita también, momento en el que aparece Patrick Verona (Heath Ledger), el chico rudo dispuesto a conquistar a Kate a cambio de dinero.

El relato esta repleto de referencias shakespearianas, que van desde los nombres de los personajes, hasta citas textuales a varias de su obras, sin embargo, su principal virtud es quizá, la distancia que toma respecto a la obra original, y es que en esta versión contemporánea resultaría imposible reproducir los métodos medievales de sometimiento a la mujer. En este ejercicio se sustituye la violencia física y mental por algo más socialmente aceptable… amor.

En esta adaptación el arco dramático más evidente reposa en él, quien transforma su conducta violenta, deja sus malos hábitos e incluso lee textos feministas con tal de obtener el cariño de ella, quien por su parte, refuerza la idea de que no necesita ser “domada” y mantiene carácter genuino. 


Si bien hace un esfuerzo por poner en evidencia la forma que se juzga a las mujeres a diferencia de los hombres, tiene algunas inconsistencias en la construcción de personajes, quienes no siempre actúan de acuerdo a su propia naturaleza y cambian de motivaciones con mucha facilidad. 

Está cinta no solo tiene un gran soundtrack en que destacan canciones como One Week de Barenaked Ladies, I Want You To Want Me de Cleo y la inolvidable versión de Ledger de Can’t Take My Eyes Off You, si no que lanzó a la fama al australiano, al ser esta su primera película en Norteamérica. Además, cuenta con una de las mejores escenas de Stiles, cuando recita el conmovedor poema en clase y estalla en llanto frente toda su clase. 

Hoy conserva popularidad y frescura. Su gran éxito reside en la reinterpretación del clásico del Bardo de Avon en un contexto noventero, cómico y  repleto de guiños al entonces efervescente movimiento riot grrrrl en Estados Unidos (así es, la apropiación del discursos feministas se hace desde mucho antes de personajes como Capitana Marvel y MJ).

A 20 años de su estreno, permite reflexionar acerca de la forma en que se plantean los clásicos y se adaptan la época actual. Evaluar qué tanto los productos culturales hablan de nosotros mismos y definen lo que socialmente entendemos por amor, propiedad, familia, cortejo, mujer y un largo etcétera. En un siglo en el que las relaciones definidas por sumisión y control están supuestamente extintas, la ficción es un espacio para pensar las historias que elegimos contar y el cómo lo hacemos. Preguntarnos qué valoramos en la actualidad, qué discursos hemos superado y cuáles serán imposibles de reproducir en el futuro.

 

 

 

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