La isla de perros, el atinado regreso de Anderson a la animación

Por: Edgardo Ávalos Cuenca (@EdgardoAvalosC

Wes Anderson tiene un estilo tan definido y elementos tan recurrentes, que al describir su nueva película podría parecer que estamos hablando de Moonrise Kingdom (2012) o The Royal Tenenbaums (2001): planos simétricos, estricta paleta de colores, personajes con gestos estoicos, sale Bill Murray…

Anderson ha mencionado tales estos elementos no los busca incluir a propósito (¿será?) pero acepta que termina por repetirse constantemente. No creo que sea un aspecto negativo; es de los pocos cineastas jóvenes con una firma tan definida, que basta un fotograma para saber que estamos ante alo “Wes Andersoniano”. Esto lo ha colocado en el gusto del público, no sólo de los entusiastas del cine, sino de la cultura mainstream “alternativa”, de los hipsters que dicen que no son hipsters porque al aceptarlo dejan de serlo…etc.

Hablar de Wes Anderson es hablar de cine de calidad visual, con propuesta artísticamente emotiva que expresa el amor, pero la cual también cuenta con aspectos pesimistas; tiene comedia pero también suspenso y melodrama. En sus películas hay equilibrio no sólo en la parte geométrica, sino que son lo suficientemente accesibles como para proyectarse en la Cineteca Nacional y ser materia de debate, o verse en los grandes complejos cinematográficos y en las plataformas de streaming.

Sin embargo, los ingredientes que hacen reconocible la filmografía de Wes (tuteando al Sr. Anderson) también han sido suficientes para ganarse detractores. Es criticado por lo acartonado del performance de sus actores en pantalla, un bloqueo tan simétrico que se ve artificial y el cual no permite una naturalidad de movimientos, que Bill Murray siempre se interpreta a sí mismo…

Entonces, ¿por qué hablar de Isla de Perros?

El aspecto que inmediatamente llama la atención, es que se trata de una película de animación stop motion. y no está dirigida a un público infantil, como malamente se ha acorralado a esta técnica cinematográfica.

Wes ya había acudido al stop motion con Fantastic Mr. Fox (2009), aportando una pieza más a ese gran año de la animación, cuando se estrenaron Coraline, The Secret of Kells, Up, Mary and Max, Cloudy with a Chance of Meatballs entre otras.

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La animación 3D, como la utilizada en Up por Pixar (que desde mi punto de vista no merecía ganar el Oscar) por más realista que se llegue a generar un personaje, o a simular una textura, no se puede comparar al resultado en pantalla de fotografiar algo que realmente existe, como es el caso de una marioneta. Dentro de las técnicas disponibles, sería interesante preguntarle a Wes por qué escogió la de cuadro por cuadro en su primera incursión dentro de la animación, porque, independientemente de si se ve bonito o no, es quizá la técnica más complicada (y bueno, hacer animación es complicado de por sí). El stop motion no permite errores: si el animador se equivoca, hay que comenzar el shot de nuevo. El ritmo promedio de animación es de 4.3 segundos de material por semana (en el caso de Laika, maestros de esta técnica).

A diferencia de Coraline, de los estudios Laika y dirigida por Henry Selick, donde la animación es fluida y sin ningún tipo de salto, Fantastic Mr. Fox es de una calidad que recuerda a la que se hacía antaño en Rusia; una animación más tiesa, en la cual los personajes tienen texturas y materiales reconocibles: el pelaje de puppets se mueve debido a la manipulación de los animadores, el humo es algodón…un estilo que nos recordaba constantemente que estábamos viendo muñecos animados. Se agradece que Wes decidiera repetir la experiencia, esta vez con una historia original. Además, en esta película incursiona también en la animación 2D: todas las acciones que suceden a través de un medio (una pantalla, una fotografía, etc) están animadas en dos dimensiones.

En producción audiovisual se dice que lo peor es trabajar con niños pequeños y con animales, por el reto y la paciencia que significa (tratar de) dirigirlos. Dado el estilo visual de Wes, es difícil imaginar en el futuro una película suya life action con tanto animal a cuadro, quizá esa fue la razón por la cual acudió de nuevo a la animación y no a replicar un estilo como el utilizado en Babe (1995) o en El Libro de la Selva (2016) para darle vida a sus perros actores.

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Un director tan simétrico, perfeccionista, detallista y controlador como Wes Anderson, imagino que debe de sentirse como niño en dulcería a la hora de enfrentarse a una producción animada, en la cual absolutamente todo es posible y controlable. Más allá de los encuadres típicos del director, en Isla de Perros hasta el humo de una esporádica explosión tiene control geométrico. En animación no existe “toma dos”, desde su concepción se está generando la toma que va a ser proyectada.

Para quienes se quejan de lo acartonado de la dirección de actores de Wes, los contras mencionados antes desaparecen totalmente a la hora de presenciar su visión de forma animada. Gracias a la animación y al diseño de personajes, podemos empatizar con éstos sin que el acting ponga en riesgo el bloqueo simétrico en pantalla. Los movimientos coreografiados y las actuaciones en cuatro ejes se sienten totalmente naturales a diferencia de sus películas con actores.

Evitemos hablar de la sinopsis de la película, con Wes no importa tanto de qué trata, sino la forma en que la historia está contada. Sobra decir que Isla de Perros es “una carta de amor a los perros” si hasta su nombre original, Isle of Dogs, se puede pronunciar como “I love dogs”.

Quiero destacar lo ingenioso que fue usar el idioma japonés para que los personajes humanos se expresaran. La historia podía suceder en Estados Unidos o México sin ningún problema. Pero la ausencia de subtítulos en los diálogos en japonés me parece una manera muy efectiva de aislarnos del discurso humano y obligarnos a centrarnos en los perros. También es de resaltar la música de Alexandre Desplat, uno de los compositores más versátiles en la actualidad.

Espero que Wes Anderson vuelva pronto a la animación; al parecer encontró la técnica que se adapta mejor tanto a sus personajes, a sus mundos, como a su estilo de dirección.

Un comentario en “La isla de perros, el atinado regreso de Anderson a la animación”

  1. Excelente apreciación del Film. Y de la obra de Wes.
    Tambien considero que engendrar un estilo tan reconocible, y formar sus propias reglas, supone aceitar hasta los más mínimos detalles de un mismo sistema que repetirá hasta perfeccionar. Viendo la filmografía del cineasta, con un aspecto como la limitada capacidad actoral frente al encuadre por ejemplo, puedo detectar una evolución en esos detalles y desde The Grand Hotel, aprecio una inclinación a equilibrar la forma y el contenido.
    Espero que en su nuevo Film pueda lograr este equilibrio.
    Saludos desde San Juan, Argentina. Desde 2017 siguiendolos. Son mi apunte audiovisual cuando debo estudiar para la carrera de Realizador Audiovisual de la ENERC.
    Ya en 3er año, sigo aprendiendo muchísimo gracias a sus análisis y debates en Cine para Todxs.
    Gracias por todo lo que hacen, comparto cada uno de sus videos.
    Son mi canal n°1. Siempre atento a su manera abierta ver el cine y felicito su difusión de los pilares del cine mexicano.
    Saludos y abrazo enorme a todo el equipo.

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