Primer trailer de ‘The French Dispatch’ lo nuevo de Wes Anderson

Después de darse a conocer el póster y las primeras imágenes de The French Dispatch, la próxima película dirigida por el estadounidense Wes Anderson, Searchlight Pictures ha liberado el primer trailer.

Con el estilo característico que el cineasta ha cimentado desde mediados de los años 90, veremos diversos sucesos de una revista norteamericana ubicada en una ciudad ficticia francesa durante el siglo XX. La historia, que es un homenaje al diario The New Yorker, está formada a partir de tres relatos conectados.

 

The French Dispatch es fotografiada por Anderson Robert Yeomann y editada por Andrew Weisblum, colaboradores recurrentes de Wes Anderson. En esta ocasión se recurre a diversas relaciones de aspecto e imágenes cercanas a sus tradicionales paletas de colores en combinación con el blanco y negro.

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El elenco está formado por Timothée Chalamet, Saoirse Ronan, Benicio del Toro, Willem Dafoe, Kate Winslet, Tilda Swinton, Bill Murray, Léa Seydoux, Adrien Brody, Frances McDormand, Owen Wilson, Alex Lawther, Jeffrey Wright, Cécile De France, Mathieu Amalric, Henry Winkler, Elisabeth Moss, Christoph Waltz, Rupert Friend, Jason Schwartzman y Fisher Stevens.

El estreno de The French Dispatch se planea para el próximo 24 de julio.

The French Dispatch, la próxima película de Wes Anderson, ya tiene póster

Después del filme animado Isla de perros (2018), el cineasta Wes Anderson dirige The French Dispatch, su décima película, una entrega ambientada en la redacción de un periódico estadounidense en una ciudad francesa ficticia del siglo XX, con tres historias conectadas entre sí.

The French Dispatch, con duración de 108 minutos, cuenta con nombres conocidos en la filmografía de Anderson, como Alexandre Desplat en la banda sonora, así como el cinefotógrafo Robert D. Yeoman.

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Searchlight Pictures ha dado a conocer el póster de la película, cuyo prometedor elenco está integrado por Timothée Chalamet, Saoirse Ronan, Benicio del Toro, Willem Dafoe, Kate Winslet, Tilda Swinton, Bill Murray, Léa Seydoux, Adrien Brody, Frances McDormand, Owen Wilson, Alex Lawther, Jeffrey Wright, Cécile De France, Mathieu Amalric, Henry Winkler, Elisabeth Moss, Christoph Waltz, Rupert Friend, Jason Schwartzman y Fisher Stevens.

El último live action que dirigió el cineasta estadounidense fue El gran Hotel Budapest (2014), película ganadora de cuatro de los nueve premios Oscar a los que fue nominada.

El trailer de The French Dispatch llegará el 12 de febrero y la fecha de estreno en Estados Unidos es el próximo 24 de julio. 

Cortometrajes de grandes cineastas

Al cortometraje comúnmente se le relaciona con los primeros pasos de la realización, y también se suele reducir su importancia a un experimento que a la distancia resulta curioso observar por la figura que el autor representa en la actualidad. Sin embargo, no siempre resulta una convención en los inicios de los cineastas ni responde a un mero ejercicio de prueba de las habilidades cinematográficas, tal como lo demuestran los siguientes títulos, los cuales abordan una variedad de temáticas y representan diversas formas de realización:

Réponse de femmes: Notre corps, notre sexe (Agnès Varda, 1975)

La cineasta francesa dirige la cámara a una variedad de rostros de mujeres, de diferentes edades y físico, pero con algo en común: una voz que exige a la sociedad abandonar la visión que reduce al cuerpo femenino a un objeto de consumo. Son mujeres que nos orillan a reflexionar sobre cuestiones como la maternidad y las contradicciones en las que se basa la idea del cuerpo perfecto. Es un grito feminista que todavía cuatro décadas después, desafortunadamente, resulta necesario.

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El año de su realización fue designado como el Año Internacional de la Mujer, por lo que el canal francés Antenne 2 convocó a cineastas a la realización de un cortometraje, en este caso un agit-prop, que partiera de la pregunta ¿Qué es ser mujer?.

Hotel Chevalier (Wes Anderson, 2007)

En la convención visual que distingue su trabajo, una paleta de colores casi monocromática, uso de planos estáticos, paneos y ocasionalmente una óptica anamórfica, el director nos introduce en una atmósfera impregnada por el deseo del reencuentro de dos amantes. En un cuarto de un hotel parisino, Anderson logra exaltar la intimidad de dos personas, de quienes poco sabemos pero mucho es lo que sentimos.

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El misterio es el gancho en este cortometraje, en el que la música de Peter Sarstedt explota la fugacidad e intensidad de esta cita, en la que la aparente resistencia del personaje que interpreta Jason Schwartzman y la seguridad de ella (Natalie Portman), crean una mancuerna que mantiene la atención hasta el final. El relato gira en torno al lazo, quizá, inquebrantable que hay entre dos personas. Con un final abierto, Anderson afirma una vez más una pulcra estética, la imposibilidad y la potencia del amor.

Victoria para Chino (Cary Fukunaga, 2005)

En su segundo cortometraje, galardonado en el Festival de Cine de Sundance, Fukunaga logra condensar la desesperación y claustrofobia a partir de la travesía de un grupo de migrantes que parte de la frontera de México con destino a Estados Unidos. El cineasta explora las más incómodas sensaciones físicas que experimenta el grupo al permanecer encerrados en la parte trasera de un trailer. Mediante una tragedia, Fukunaga revela una problemática social y económica que sigue afectando a la población mexicana.

The big shave (Martin Scorsese, 1967)

En las paredes de un baño y con sólo un personaje que no emite palabra alguna, Scorsese logra sumergir al espectador en un vaivén de sensaciones que deriva en una profunda inquietud, y reflexión, respecto al dolor.

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La pulcritud de los planos iniciales se verá transformada por la ansiedad del personaje que lo orilla a un acto de violencia. Se trata de un cortometraje que Martin Scorsese realizó como proyecto final de la clase de cine en la Universidad de Nueva York, con el cual demuestra lo punzante que con pocos elementos una historia puede llegar a ser.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía

 

La isla de perros, el atinado regreso de Anderson a la animación

Por: Edgardo Ávalos Cuenca (@kakolukiyam_

Wes Anderson tiene un estilo tan definido y elementos tan recurrentes, que al describir su nueva película podría parecer que estamos hablando de Moonrise Kingdom (2012) o The Royal Tenenbaums (2001): planos simétricos, estricta paleta de colores, personajes con gestos estoicos, sale Bill Murray…

Anderson ha mencionado que estos elementos no los busca incluir a propósito (¿será?) pero acepta que termina por repetirse constantemente. No creo que sea un aspecto negativo, es de los pocos cineastas jóvenes con una firma tan definida, que con un sólo fotograma sabemos que estamos viendo algo “Wes Andersoniano”. Esto lo ha colocado en el gusto del público, no sólo de los entusiastas del cine, sino de la cultura mainstream “alternativa”, de los hipsters que dicen que no son hipsters porque al aceptarlo dejan de serlo, etc.

Hablar de Wes Anderson es hablar de cine de calidad visual, con propuesta artísticamente emotiva que habla de amor pero también cuenta con aspectos pesimistas, tiene comedia pero también suspenso y melodrama. En sus películas hay equilibrio no sólo en la parte geométrica, sino que son lo suficientemente accesibles como para proyectarse en la Cineteca Nacional y ser materia de debate, o verse en los grandes complejos cinematográficos y en las plataformas de streaming.

Sin embargo, los ingredientes que hacen reconocible la filmografía de Wes (tuteando al Sr. Anderson) también han sido material para ganarse detractores. Dentro de las opiniones que he recopilado, es criticado por lo acartonado del performance de sus actores en pantalla, un bloqueo tan simétrico que se ve artificial y el cual no permite una naturalidad de movimientos, que Bill Murray siempre se interpreta a sí mismo…

Entonces, ¿por qué hablar de Isla de Perros?

El aspecto que inmediatamente llama la atención, es que se trata de una película de animación stop motion. Y no está dirigida a un público infantil, como malamente se ha acorralado a esta técnica cinematográfica.

Wes ya había acudido al stop motion con Fantastic Mr. Fox (2009), aportando una pieza más a ese gran año de la animación. Se estrenaron Coraline, The Secret of Kells, Up, Mary and Max, Cloudy with a Chance of Meatballs entre otras.

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La animación 3D, como la utilizada en Up por Pixar (que desde mi punto de vista, no merecía ganar el Oscar) por más realista que se llegue a generar un personaje, o a simular una textura, no se puede comparar al resultado en pantalla de fotografiar algo que realmente existe, como es el caso de una marioneta. Dentro de las técnicas disponibles, sería interesante preguntarle a Wes por qué escogió la de cuadro por cuadro en su primera incursión dentro de la animación, porque, independientemente de si se ve bonito o no, es quizá la técnica más complicada de llevar a cabo (y bueno, hacer animación es complicado de por sí). El stop motion no permite errores: si el animador se equivoca, hay que comenzar el shot de nuevo. El ritmo promedio de animación es de 4.3 segundos de material por semana (en el caso de Laika, maestros de esta técnica).

A diferencia de Coraline, de los estudios Laika y dirigida por Henry Selick, donde la animación es fluida y sin ningún tipo de salto, Fantastic Mr. Fox ofrecía una calidad que recordaba a la que se hacía antaño en Rusia; una animación más tiesa, en la cual los personajes tienen texturas y materiales reconocibles, el pelaje de puppets se mueve debido a la manipulación de los animadores, el humo es algodón,… Fue un estilo que nos recordaba constantemente que estábamos viendo muñecos animados. Se agradece que Wes decidiera repetir la experiencia, esta vez con una historia original. Además, en esta película incursiona también en la animación 2D: todas las acciones que suceden a través de un medio (una pantalla, una fotografía, etc) están animadas en dos dimensiones.

En producción audiovisual se dice que lo peor es trabajar con niños pequeños y con animales, por el reto y la paciencia que significa (tratar de) dirigirlos. Dado el estilo visual de Wes, es difícil imaginar en el futuro una película suya life action con tanto animal a cuadro, quizá esa fue la razón por la cual acudió de nuevo a la animación y no a replicar un estilo como el utilizado en Babe (1995) o en El Libro de la Selva (2016) para darle vida a sus perros actores.

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Un director tan simétrico, perfeccionista, detallista y controlador como Wes Anderson, imagino que debe de sentirse como niño en dulcería a la hora de enfrentarse a una producción animada, en la cual absolutamente todo es posible y controlable. Más allá de los encuadres típicos del director, en Isla de Perros hasta el humo de una esporádica explosión tiene control geométrico. En animación no existe “toma dos”, desde su concepción se está generando la toma que va a ser proyectada.

Para quienes se quejan de lo acartonado de la dirección de actores de Wes, los contras mencionados antes desaparecen totalmente a la hora de presenciar su visión de forma animada. Gracias a la animación y al diseño de personajes, podemos empatizar con éstos sin que el acting ponga en riesgo el bloqueo simétrico en pantalla. Los movimientos coreografiados y las actuaciones en cuatro ejes se sienten totalmente naturales a diferencia de sus películas con actores.

Evitemos hablar de la sinopsis de la película, con Wes no importa tanto de qué trata, sino la forma en que la historia está contada. Sobra decir que Isla de Perros es “una carta de amor a los perros” si hasta su nombre original, Isle of Dogs, se puede pronunciar como “I love dogs”.

Quiero destacar lo ingenioso que fue usar el idioma japonés para que los personajes humanos se expresaran. La historia podía suceder en Estados Unidos o México sin ningún problema. Pero la ausencia de subtítulos en los diálogos en japonés me parece una manera muy efectiva de aislarnos del discurso humano y obligarnos a centrarnos en los perros.

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También es de resaltar la música de Alexandre Desplat, uno de los compositores más versátiles en la actualidad.

Espero que Wes Anderson vuelva pronto a la animación; al parecer encontró la técnica que se adapta mejor tanto a sus personajes, a sus mundos, como a su estilo de dirección.

 

La isla de perros, el atinado regreso de Anderson a la animación

Por: Edgardo Ávalos Cuenca (@kakolukiyam_

Wes Anderson tiene un estilo tan definido y elementos tan recurrentes, que al describir su nueva película podría parecer que estamos hablando de Moonrise Kingdom (2012) o The Royal Tenenbaums (2001): planos simétricos, estricta paleta de colores, personajes con gestos estoicos, sale Bill Murray…

Anderson ha mencionado que estos elementos no los busca incluir a propósito (¿será?) pero acepta que termina por repetirse constantemente. No creo que sea un aspecto negativo, es de los pocos cineastas jóvenes con una firma tan definida, que con un sólo fotograma sabemos que estamos viendo algo “Wes Andersoniano”. Esto lo ha colocado en el gusto del público, no sólo de los entusiastas del cine, sino de la cultura mainstream “alternativa”, de los hipsters que dicen que no son hipsters porque al aceptarlo dejan de serlo, etc.

Hablar de Wes Anderson es hablar de cine de calidad visual, con propuesta artísticamente emotiva que habla de amor pero también cuenta con aspectos pesimistas, tiene comedia pero también suspenso y melodrama. En sus películas hay equilibrio no sólo en la parte geométrica, sino que son lo suficientemente accesibles como para proyectarse en la Cineteca Nacional y ser materia de debate, o verse en los grandes complejos cinematográficos y en las plataformas de streaming.

Sin embargo, los ingredientes que hacen reconocible la filmografía de Wes (tuteando al Sr. Anderson) también han sido material para ganarse detractores. Dentro de las opiniones que he recopilado, es criticado por lo acartonado del performance de sus actores en pantalla, un bloqueo tan simétrico que se ve artificial y el cual no permite una naturalidad de movimientos, que Bill Murray siempre se interpreta a sí mismo…

Entonces, ¿por qué hablar de Isla de Perros?

El aspecto que inmediatamente llama la atención, es que se trata de una película de animación stop motion. Y no está dirigida a un público infantil, como malamente se ha acorralado a esta técnica cinematográfica.

Wes ya había acudido al stop motion con Fantastic Mr. Fox (2009), aportando una pieza más a ese gran año de la animación. Se estrenaron Coraline, The Secret of Kells, Up, Mary and Max, Cloudy with a Chance of Meatballs entre otras.

Wes Anderson: las claves para entender su estilo

La animación 3D, como la utilizada en Up por Pixar (que desde mi punto de vista, no merecía ganar el Oscar) por más realista que se llegue a generar un personaje, o a simular una textura, no se puede comparar al resultado en pantalla de fotografiar algo que realmente existe, como es el caso de una marioneta. Dentro de las técnicas disponibles, sería interesante preguntarle a Wes por qué escogió la de cuadro por cuadro en su primera incursión dentro de la animación, porque, independientemente de si se ve bonito o no, es quizá la técnica más complicada de llevar a cabo (y bueno, hacer animación es complicado de por sí). El stop motion no permite errores: si el animador se equivoca, hay que comenzar el shot de nuevo. El ritmo promedio de animación es de 4.3 segundos de material por semana (en el caso de Laika, maestros de esta técnica).

A diferencia de Coraline, de los estudios Laika y dirigida por Henry Selick, donde la animación es fluida y sin ningún tipo de salto, Fantastic Mr. Fox ofrecía una calidad que recordaba a la que se hacía antaño en Rusia; una animación más tiesa, en la cual los personajes tienen texturas y materiales reconocibles, el pelaje de puppets se mueve debido a la manipulación de los animadores, el humo es algodón,… Fue un estilo que nos recordaba constantemente que estábamos viendo muñecos animados. Se agradece que Wes decidiera repetir la experiencia, esta vez con una historia original. Además, en esta película incursiona también en la animación 2D: todas las acciones que suceden a través de un medio (una pantalla, una fotografía, etc) están animadas en dos dimensiones.

En producción audiovisual se dice que lo peor es trabajar con niños pequeños y con animales, por el reto y la paciencia que significa (tratar de) dirigirlos. Dado el estilo visual de Wes, es difícil imaginar en el futuro una película suya life action con tanto animal a cuadro, quizá esa fue la razón por la cual acudió de nuevo a la animación y no a replicar un estilo como el utilizado en Babe (1995) o en El Libro de la Selva (2016) para darle vida a sus perros actores.

Un homenaje a la animación cinematográfica

Un director tan simétrico, perfeccionista, detallista y controlador como Wes Anderson, imagino que debe de sentirse como niño en dulcería a la hora de enfrentarse a una producción animada, en la cual absolutamente todo es posible y controlable. Más allá de los encuadres típicos del director, en Isla de Perros hasta el humo de una esporádica explosión tiene control geométrico. En animación no existe “toma dos”, desde su concepción se está generando la toma que va a ser proyectada.

Para quienes se quejan de lo acartonado de la dirección de actores de Wes, los contras mencionados antes desaparecen totalmente a la hora de presenciar su visión de forma animada. Gracias a la animación y al diseño de personajes, podemos empatizar con éstos sin que el acting ponga en riesgo el bloqueo simétrico en pantalla. Los movimientos coreografiados y las actuaciones en cuatro ejes se sienten totalmente naturales a diferencia de sus películas con actores.

Evitemos hablar de la sinopsis de la película, con Wes no importa tanto de qué trata, sino la forma en que la historia está contada. Sobra decir que Isla de Perros es “una carta de amor a los perros” si hasta su nombre original, Isle of Dogs, se puede pronunciar como “I love dogs”.

Quiero destacar lo ingenioso que fue usar el idioma japonés para que los personajes humanos se expresaran. La historia podía suceder en Estados Unidos o México sin ningún problema. Pero la ausencia de subtítulos en los diálogos en japonés me parece una manera muy efectiva de aislarnos del discurso humano y obligarnos a centrarnos en los perros.

Películas animadas que no fueron hechas para niños

También es de resaltar la música de Alexandre Desplat, uno de los compositores más versátiles en la actualidad.

Espero que Wes Anderson vuelva pronto a la animación; al parecer encontró la técnica que se adapta mejor tanto a sus personajes, a sus mundos, como a su estilo de dirección.

 

Wes Anderson: las claves para entender su estilo

Analizamos los aspectos basicos presentes que configuran su estilo.  Con una no muy extensa, pero sí bastante reconocida filmografía Wes Anderson es un cineasta que ha sabido llegar a un público masificado que goza de sus creaciones.

Maratón Netflix

Con el paso de los días Netflix se consolida como la plataforma por excelencia de contenidos digitales; el usuario entra y selecciona lo mismo episodios de sus caricaturas favoritas como clásicos de culto de la cinematografía internacional. El catálogo del sitio se consolida y amplifica, es por ello que les traemos nuestras recomendaciones para un maratón este fin de semana. Netflix se destaca de otras propuestas por su contenido original, a los cuales le destina cada vez mayor presupuesto y que además, se consolidan en el gusto de la gente:

Stranger things

La ciencia ficción y un centenar de homenajes al cine de dicho género se conjugan para orquestar una historia que se desarrolla en un pueblito de Indiana, en la década de los ochenta. La música, el argumento y un cast que se lleva el corazón del público es una gran elección para el fin de semana. Además, son únicamente ocho episodios.

House of cards

Para quienes gustan del drama político y las rencillas del poder. La serie protagonizada por el genial Kevin Spacey los mantendrá pegados al asiento. Un contendiente a la presidencia de los Estados Unidos y su asenso en el poder son el origen de la trama. El argumento está sólidamente escrito; la pluma de Beau Willimon es la responsable de la historia que sin duda, se asemeja a la tragedia de Macbeth, obra de William Shakespeare.

Hurgando en las secciones se destaca Documental de la que traemos un par de recomendaciones:

Senna

El documental de Asif Kapadia generó polémica entre los jurados de Cannes, el filme formó parte de la muestra pero no entró a la competencia por las reglas del festival. Este narra el ascenso al éxito del piloto brasileño de la Fórmula 1 Ayrton Senna. El director utiliza horas de material de archivo y por medio del montaje elabora una tragicomedia digna de la mejor ficción. A veces, la realidad otorga mejores argumentos que cualquier guion.

Indie game

Opción dirigida para todo emprendedor. En este documental, seremos testigos de tres casos de éxito en el desarrollo de videojuegos. El acierto está en conjugar a quien apenas comienza, quien está en medio del proceso y quien ya lo logró. Cada personaje es un contrapunto del otro, su manufactura es tal que el espectador padecerá la misma angustia que quienes están a punto de lanzar su producto al mercado. Sin duda una de las mejores adquisiciones de la plataforma.

No todas son opciones para adultos, en el apartado de animación Netflix también cuenta con interesantes propuestas:

Rango

Gore Verbinski  es el responsable de las mejores entregas de la saga Piratas del Caribe, el realizador ha navegado por distintos géneros; destaca su versión de El aro, remake del filme homónimo japonés. Rango es un homenaje a las grandes películas del género estadounidense por excelencia, el Western. La animación es diferente a lo que nos tiene acostumbrados Pixar y Dreamworks, con criaturas hiperrealistas y un guión que disfrutarán por igual niños y adultos. ¡Imperdible!

Fantastic Mr. Fox

No todo es animación por computadora. El icónico realizador Wes Anderson elabora esta película a partir de la técnica Stop Motion. La historia narra la lucha por la supervivencia del Sr. Zorro y su familia, que tienen que escapar a tres hombres que destruyen progresivamente su hábitat. A pesar del conflicto en apariencia trágico, se trata de una comedia fársica divertidísima. Que además cuenta con el sello del director estadounidense.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7