La poesía del fin

Por: Sebastián Ortiz Casasola

 

“Horror, Humor y Simultaneidad”

Manifiesto Pánico

 

La filmografía de Alejandro Jodorowsky, desde su cortometraje La cravate (1957), pasando por El Topo (1970) y Santa Sangre (1989) se distingue por su complejidad cinematográfica. El espectador se halla frente a películas que no son comunes, y por comunes me refiero a su  estilo, composición y temática.

Lo mismo sucede con Poesía sin fin (2016) la continuación de La danza de la realidad (2013) en la que retoma su juventud en Santiago de Chile, donde comienza una serie de problemas de identidad con sus padres y la búsqueda por su pasión: la poesía.

En sus andanzas, el joven Alejandro Jodorowsky conoce a un grupo de artistas, quienes le dan cabida en un hogar. En esas aventuras encuentra a la que será su primera musa, así como al poeta Nicanor Parra y demás amigos que lo seguirán hasta el alzamiento del presidente Carlos Ibáñez y su posterior salida hacía Francia, en donde querría salvar al surrealismo.

Jodorowsky retoma desde su peculiar estilo su biografía, sale a cuadro y un ejército de staff completamente vestido de color negro ayudará a contar esta historia, convirtiendo la puesta en escena en las tablas de un teatro.

Así es como se cuenta Poesía sin fin. Parece un gran teatro, con escenarios impresos y actuaciones tan exageradas ante las que quizá el espectador no genere una empatía o al menos se sienta atraído por las experiencias que sufre el protagonista, Adan Jodorowsky.

Éste cuenta con una gran movilidad y talento para el baile, pero es pésimo en la actuación, con una ostentación tal que bien podría sacar risas involuntarias y no necesarias.

La puesta en escena es en uno de los puntos en donde más adolece. Cuando digo que la película parece una gran obra de teatro, no es como en las cintas de George Melies, en La poesía del fin las actuaciones y su conjunción con los props y el escenario se sienten puramente de teatro. Lo dicho no es necesariamente malo, pero se pudo prescindir de ese recurso y llevar la idea a otro nivel mediante el lenguaje cinematográfico.

En el departamento de fotografía no hay algo sorprendente, al parecer los recursos eran muy limitados debido a que se realizó mediante el crowdfounding.

Jodorowsky plantea mediante actos surrealistas, y con una fuerte influencia del performance, la historia de su juventud, cuando halla su entusiasmo por las letras y las personas que lo influyeron a sumergirse en dicho mundo.

No es una película tediosa con duración de dos horas, pero tampoco dirige a algo en particular. Hay momentos divertidos y que si uno entenderá si está empapado con la obra del chileno.

Poesía sin fin es ese cine que te sorprende cuando tienes 15 años y crees que de eso se trata el quehacer cinematográfico. Es como cuando ves por primera vez El Topo, pero 12 años después te percatas que ese cine no es el que te gusta ver, ni siquiera lo soportas. Calificación: 1/5

Forma parte de la 63 MUESTRA de la Cineteca Nacional  

Dirección: Alejandro Jodorowsky

Guión: Alejandro Jodorowsky

Fotografía: Christopher Doyle

Producción: Xavier Guerrero

Elenco: Brontis Jodorowsky, Adan Jodorowsky, Alejandro Jodorowsky.

Año: 2016.

 

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