La llegada: Invasión en los sueños de Casandra

1024_2000Por: Rodrigo Garay Ysita

Casandra sufría la carga dolorosa, escupida y premonitoria, visión nebulosa la de los terrores futuros. Si ella hubiera podido elegir, se habría alejado de los sueños y adivinaciones: Casandra, la bruja, la profeta que nadie en Troya quería escuchar. Por más que ella intentó prevenir a su gente, Troya ardió de todas formas.

Amy Adams es una Casandra pelirroja y de tristes ojos azules en La llegada (Arrival, 2016), el nuevo largometraje del director canadiense que acaba de justificar con creces la realización de la secuela de Blade Runner que corre a su cargo: Denis Villeneuve. Mientras que Blade Runner 2049 pinta para ser un festín de grandilocuencia y efectos visuales, su nueva película utiliza el concepto de la invasión alienígena como vehículo para llevar las pasiones y los horrores del género a un plano interior. Secreto.

la-llegadaHay que aclarar, ahora que aún no es tarde, que la protagonista de La llegada no se llama Casandra, se llama Louise, y que poco tiene de bruja o de profeta en realidad. Ella es una experta lingüista a la que su docencia universitaria no ha tratado nada mal (si la suntuosidad de la casa que vemos desde el primer plano fuera un testigo fiable) y que revive, en tiempo presente, la pérdida de su hija en las garras de una enfermedad letal. Louise es mecánica y adormecida hasta que —cambio escandaloso— llegan los aliens.

Como esto no es un blockbuster de ciencia ficción, la intervención de una profesional en lingüística no será, lógicamente, para taladrar aeronaves a balazos o conducir vehículos militares a toda velocidad. Su función es descifrar el lenguaje de nuestros nuevos inquilinos para poder entablar, con la menor violencia posible, las relaciones diplomáticas que nos separan de los animales. Sin embargo, comprender un lenguaje implica procesos cerebrales que van más allá de los puntos y las comas.

Esa enorme responsabilidad la sobrelleva gracias al apoyo incondicional (suertudos somos los que hemos sabido encontrarlo en alguna parte) de su colaborador enamorado Ian, interpretado con simpática sutileza por un entrañable Jeremy Renner. En el ejercicio de ver The Hurt Locker (Kathryn Bigelow, 2008) antes o después de La llegada, uno no reconocería al mismo hombre. Su sensibilidad y apertura con Louise son reflejos del respetuoso tacto con el que ambos tratan a los (casi) arácnidos extraterrestres ante la tensión militar que los rodea. Naturalmente, sólo ellos tendrán acceso al regalo cósmico de la comunicación sobrehumana.

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La ofrenda espacial la recibe agresivamente la psique de la heroína, como gracia divina que transforma, y la enfrenta inmediatamente a un arraigo que sufre principalmente como madre. Una de las tantas lecciones que pueden leerse aquí es, como dicen los insoportables, “más vale amar y perder que no haber amado”, o, en otras palabras, que es mejor vivir para morir que no vivir nunca. Mejor aún sería vivir para seguir viviendo, pero La llegada no se ocupa de la trascendencia metafísica que era materia de Interstellar (Christopher Nolan, 2014), sino que deja que el caso de una mujer excepcional represente los límites de las bondades humanas en secreto. Interstellar, comparación obligada, es también una película más cursi.

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Aprovechando el espacio que este tipo de textos suelen dedicar al indispensable y minucioso estudio comparativo, no sobra mencionar que la filmografía de Villeneuve tiene el atributo, hasta el momento, de no repetirse demasiado. Su exploración del thriller, de una narrativa siempre interesante, ha pasado por la tragedia pecaminosa en Incendies (2010), la cacería policial en Prisoners (2013), el laberíntico lenguaje saramaguiano en Enemy (2013) y la ruptura psicológica fronteriza en Sicario (2015). Si hubiera que apuntar a alguna de ellas, es seguro decir que su más reciente entrega es del corte enigmático de Enemy, de donde, por cierto, canibaliza uno de sus mejores planos y lo adapta a la anatomía de sus monstruosos vecinos intergalácticos (¿o viceversa?).

El breve autoplagio no es nada que cause alarma por el momento ni un detrimento para la ilustración efectiva de una mentalidad que ha logrado superar las limitaciones de la jaula humana. Entre naves espaciales y tentáculos escribanos, La llegada nos habla del poder comunicativo y del dolor eterno en una persona que, así como Dave Bowman en 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968), abre su tercer ojo.arrival-5

Predispuesta al ardor de Troya, Louise se separa del mito al encarar una decisión compleja y resolverla, en silencio, con una abnegación lo suficientemente esperanzadora como para transformar en encantos los futuros terrores, los de la nebulosa visión, premonitoria y escupida, dolorosa carga la sufría Casandra.

Trailer

Ficha técnica

Dirección: Denis Villeneuve

Guión: Eric Heisserer, basado en el cuento Story of Your Life de Ted Chiang

Producción: Dan Levine, Shawn Levy, David Linde, Aaron Ryder

Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Michael Stuhlbarg, Forest Whitaker, Tzi Ma

Edición: Joe Walker

Dirección de fotografía: Bradford Young

Música: Jóhann Jóhannsson

País: Estados Unidos

Año: 2016

Stranger things: cómo pasar del plagio al homenaje

Los grandes artistas copian, los genios roban.

-Pablo Picasso

Con bombo y platillo se presentó la ochenterísima Stranger things, serie original de la titánica compañía Netflix, que incursiona en la ciencia ficción acompañada por un gran número de referencias musicales y cinematográficas, con una trama predecible pero con personajes entrañables.

Un niño se pierde misteriosamente en un suburbio estadounidense, una niña escapa de un complejo en donde se realizan extraños experimentos a las afueras del condado. A través de ocho episodios el programa busca resolver ambas narraciones.

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El guion funciona a la manera típica, tres actos perfectamente distribuidos en sus casi ocho horas de duración, sin embargo se diluye hacia el final. Los antagonistas pierden fuerza y el capítulo final brilla por ser anticlimático. El poder de Stranger things yace en los primeros cinco episodios, los hermanos Duffer se toman el tiempo necesario para desenrollar la anécdota, a pesar de ello hay momentos que se sienten forzados o se resuelven con prisa de lo cual resulta una arritmia  insatisfactoria.

La trama es débil, no así los personajes. Se comienza con una brillante Wynona Rider, quien interpreta a una mujer al borde de la locura debido a la pérdida del hijo. Matthew Modine entrega a un villano solemne, en cada aparición intriga y es lamentable su apresurada resolución, él es el único desaprovechado del elenco. Milly Bobby Brown es una perturbada “Once”, rememora a la genial Natalie Portman de Leon ( Besson, 1994), ambas jóvenes de gran talento. El resto de los histriones también se destaca, sin embargo son éstos tres los que se roban la serie.

Debido a lo predecible del arco narrativo, Stranger things apela a la nostalgia del ochentero, se agradecen los innumerables guiños a cintas como Tiburón (Spielberg, 1975) o The thing (Carpenter, 82). Pero, son tantos los señalamientos que la serie pasa por copia fiel de un sin fin de cintas del género y la época como E.T, el extraterrestre (Spielberg, 1982), ejercicios de televisión que exploraron la amistad en la infancia tal cual lo hizo IT (Lee Wallace, 1990)  o películas y series contemporáneas con el mismo ambiente o tema como  Super 8 (Abrams, 2011) y Believe (Cuarón/Friedman, 2014) . Dichos homenajes le restan personalidad al producto, que pasa por mediano.

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La música es un deleite, los sintetizadores se encuentran lo mismo en el clímax que en conversaciones anodinas, y hacen referencia también a compositores como Giorgio Moroder o Cliff Martínez. Es aquí donde la historia encuentra su identidad.

El diseño de producción y la fotografía se fusionan para recrear la época a la perfección, se sabe ya que los técnicos estadounidenses son pulcros y difícilmente se les recrimina algo en esos departamentos.

Strange things es una serie entretenida, que se nutre tanto de sus referencias que termina por desdibujarse, contiene la dinámica del suburbio gringo por todos conocida, sin nuevos giros ni emociones inesperadas.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7