En el fotoperiodismo mexicano no hay garantías de nada: Oswaldo Ramírez

Los profesionales de la fotografía están continuamente en un vaivén de conciliación y lucha con los avances tecnológicos, que en la era digital han derivado en un mundo de incontables imágenes, las cuales han creado cuestionamientos sobre el valor de esta actividad. Sin embargo, el fotoperiodista mexicano, aun en un ambiente de inseguridad (recordemos que México es el país más peligroso de América Latina para los periodistas) siempre halla la razón para tomar la cámara: el regocijo de ver su mirada materializada y la necesidad de documentar lo que marca a un país. Y no sólo eso, el fotoperiodismo continúa vivo porque ha sabido aprovechar esos cambios de las herramientas para potenciar sus imágenes.

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Expertos han vaticinado la muerte de la fotografía, pero hay quienes la defienden, porque la historia de la fotografía está llena de cambios…ahí tenemos la llegada del color, el cambio de análogo a digital, y un largo etcétera. La mirada que se basa sólo en lo técnico, quizás sea la que se verá en apuros, pero aquella que tiene algo que contar tiene más posibilidades de permanecer en una época en la que todo parece desvanecerse en un scroll infinito.

Sobre estos cambios tecnológicos y el panorama actual del fotoperiodismo nacional, platicamos con Oswaldo Ramírez, fotógrafo mexicano con más de diez años de trayectoria, quien cuenta con una mención de honor del Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez y fue finalista del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo. Tiene una amplia labor en el fotoperiodismo y en la fotografía documental, colaborando para diversas agencias y medios nacionales. También cuenta con un muy valioso trabajo con la fotografía de calle, sobre la cual menciona:

La fotografía de calle me encanta, es un gran ejercicio mental y visual y menospreciada por muchos.

A continuación la charla y una muestra del trabajo de Oswaldo, con quien retomamos nuestra sección de #FotógrafoDeLaSemana:

 ¿Cual fotografía o serie han sido para ti el mayor reto?

Hasta el momento es la serie que hice en 2014 sobre los grupos de autodefensa en la zona de Tierra Caliente en Michoacán, fue mi primer cobertura como freelance, con recursos y condiciones de seguridad muy limitados. Me fui sin haber colocado el trabajo con algún cliente, ya sobre el terreno me contactaron algunos medios.

Tengo una anécdota con un agencia internacional: al ser una cobertura de alto riesgo y no disponer de un chaleco blindado, no quisieron comprometerse y decidieron no comprarme fotos. En lo laboral y sobre todo en lo personal, fue un gran aprendizaje.

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¿Quienes son tus fotógrafos y fotógrafas favoritos?

Hay demasiados y sería imposible nombrar a todos. Por mencionar a algunos, Christopher Morris, quien ha cubierto conflictos armados y ahora también hace campañas para grandes marcas de moda. Graciela Iturbide, Daido Moriyama, Nadav Kander, Rineke Dijkstra, Nan Goldin, Enrique Metinides, Manuel Álvarez  Bravo, Imogen Cunningham, Allan Schaller, Zackary Canepari, Tania Franco Klein, Pep Bonet…

Enrique Metinides


No solo veo a fotógrafos documentales y/o fotoperiodistas, trato de ver todo tipo de fotografía: conceptual, un poco de moda, retrato, de calle…también enriquece y refresca la mente y el ojo.

¿Que posibilidades creativas y personales te ha dado la fotografía?

Es el lenguaje con el que mejor me logro expresar y vincularme de alguna forma con el mundo. Me ha dado la posibilidad de conocer lugares y gente increíble, de estar en situaciones excepcionales y ver la miseria y bondad humana. En la actualidad, la fotografía no sólo es imagen fija: es sonido, instalación, formatos no convencionales, etc. Ante eso no puedo quedarme relegado, trato trato de aprender y buscar nuevas narrativas para darle soporte a mi trabajo, como parte de ello es que pronto aprenderé y experimentare con el grabado.

 

¿Cuales consideras que son actualmente las retos y posibilidades de la fotografía mexicana?

Sin duda la inseguridad y violencia es un gran reto y no es sólo la generada por los grupos criminales, las mismas autoridades son parte del problema. Se ha vuelto muy complicado poder trabajar así, no hay garantías de nada, ni de los medios y muchos menos de las autoridades.

 

Y a eso le agregamos condiciones laborales muy malas y salarios precarios, que no es algo exclusivo de quienes somos freelance, la gente que trabaja de fijo en algún medio también padece estas condiciones. El que trabajes para un ¨gran medio nacional¨ no es garantía de nada; en los últimos meses hemos visto cómo se prescinde de la plantilla de fotógrafos.

Otro tema es la del fotógrafo multitarea, tienes que hacer video y editar, volar dron, etcétera. Cuando tal vez no todos tenemos la capacidad de hacerlo, porque el que seas muy buen fotógrafo no necesariamente te hace cineasta. La manera de contar historias y cómo las consumimos ha cambiando y ante eso no podemos hacernos a un lado, pero se reduce a una mera cuestión de mercado, de hacer más con menos en detrimento de la calidad del trabajo.

Que te validen ciertos sectores o instituciones de acuerdo a sus lineamientos de lo que para ellos es y tiene que ser la fotografía, eso es muy jodido. Y aun con esto hay gente muy talentosa y haciendo cosas increíbles en colectivo o de forma individual.

Puedes seguir el trabajo de Oswaldo Ramírez en: 

Twitter @waldoras
Instagram @waldor

Tumblr oswaldoramirez.tumblr.com

World Press Photo: entre el arte de la luz y la polémica

Por: Karla León (@klls_luu)

La controversia no sólo se ha desatado dentro del concurso, recientemente el World Press Photo facilitó un debate sobre la ética periodística de los fotógrafos y de la organización, al publicar la serie Dreaming Food (2018) de Alessio Mamo, a quien se le concedió el segundo premio en la categoría Personas, por mostrar a niños y adultos de zonas rurales en la India con la cara cubierta y una mesa de comida falsa frente a ellos. La organización publicó un comunicado con la disculpa del fotoperiodista, así como sus argumentos sobre la importancia de presentar este tipo de trabajos.

Sin duda, la World Press Photo ha fungido como un espacio noble para el arte de la luz, donde historias de vida se impregnan para mostrarle al mundo la nueva realidad y la cotidianidad de nuestros tiempos. No obstante, también es cierto que la polémica nunca se separará de dicho certamen porque, con alteraciones o no, el periodismo nació para incomodar. 

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Aquí te presentamos las fotografías más polémicas que han opacado a esta importante organización en los últimos años. 

Gaza Burial (2012)

Galardonada en la categoría Noticia de actualidad, y reconocida como Foto del Año, el sueco Paul Hansen desató polémica en la 56° edición del World Press Photo, luego de que el analista de imágenes, Neal Krawetz, afirmó una supuesta falsificación de la fotografía con superposiciones y retoque en los rostros para dramatizar la escena. 

La imagen, que muestra los cuerpos amortajados de dos menores que son trasladados a una mezquita para su funeral, fue sometida a valoración para comprobar las alteraciones. Sin embargo, más allá de comprobar la postproducción al cambiar la densidad de la luz, no se encontraron modificaciones en cuanto al supuesto montaje. 

La WPP se deslindó de las críticas al asegurar el endurecimiento de los protocolos para la selección de las fotografías, además de la asesoría de expertos en el tratamiento de imágenes.

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The Dark Heart of Europe (2015) 

Aunque en 2013 se reforzaron las medidas para la selección de las fotografías, la 58° edición del World Press Photo fue cuestionada por la revocación del primer lugar a la serie fotográfica The Dark Heart Of Europe del italiano Giovanni Troilo, de quien afirmaron, tergiversó la ubicación y organizó las acciones dentro de las tomas. 

La controversia estalló cuando se demostró que en una fotografía de la serie que participó en la categoría de asuntos contemporáneos, en la que se muestra un encuentro sexual dentro de un automóvil, se empleó un flash de control remoto para iluminar el asiento trasero, de esta forma, el jurado determinó una violación a las normas básicas del concurso. 

An Assassination in Turkey (2016)

El cuerpo del embajador ruso Andréi Kárlov junto a Mevlüt Mert, su agresor y quien sostenía en arma mientras una mirada iracunda penetraba a través de la lente de los periodistas, fueron los elementos que le dieron a Burhan Ozbilici el reconocimiento a Foto del Año en la 59° edición del World Press Photo. 

La elección de la fotografía dividió al jurado y más tarde a los espectadores, quienes iniciaron un debate en torno a si debían galardonar el evidente odio y violencia que existe en nuestra época. No obstante, el acto del Ozbilici fue reconocido por capturar un momento significativo en la historia de Turquía, además de demostrar la ardua y difícil labor de los fotoperiodistas. 

An Iranian Journey (2017)

Hossein Fatemi obtuvo el segundo premio en la categoría Proyectos a largo plazo por la seria An Iranian Journey, trabajo en el que mostró a la sociedad iraní desde un punto de vista diferente y acentuando las actividades de las mujeres jóvenes, quienes, desde la perspectiva del autor, no parecen sufrir las consecuencias de un estado apegado a la religión. 

Aunque pesar se presentaron varias pruebas para demostrar que las acciones dentro de las tomas fueron planeadas y que, incluso, Fatemi compartió el montaje con la fotógrafa iraní Mojgan Ghanbari, la WPP expuso un comunicado en el que se determinó que tales argumentos no contaban con el fundamnto para determinar el fraude de las imágenes. Tras el escándalo y la nominación, una persona decidió presentar una denuncia en contra de Fatemi por retratarla sin su consentimiento.  

The Lake Chad Crisis (2019)

Este año la controversia no se separa del certamen que ya exhibe el material galardonado en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México. En esta ocasión no se trata de ninguna fotografía seleccionada, sino de la trayectoria del italiano Marco Gualazzini, quien participó con una serie sobre la crisis humanitaria en el lago Chad, lo cual lo llevó a conseguir el primer premio en la categoría Medio Ambiente y una nominación a Foto del Año e Historia del Año. 

En 2017, miembros del gremio cuestionaron su ética como periodista al presentar un reportaje sobre mujeres que habían sido víctimas de abusos sexuales en la India, en el que, aseguran, puso en peligro la vida de las afectadas al exponer sus rostros en las imágenes, además de mostrar a algunas menores, lo cual, representa un delito grave. 

Las investigaciones comprobaron que la historia construida en torno a esta situación no fue del todo verídica, ya que al menos una de las protagonistas del reportaje no tenía la edad que aseguraba Gualazzini y, sobre todo, no era víctima de ningún tipo de abuso o violencia, incluso, la joven aseguró que él le pidió posar para retratarla. 

Sergio Larrain: el fotógrafo chileno que inspiró a Cortázar

Dos trabajos despuntaban la carrera de Sergio Larrain, quien fue fotógrafo de la agencia Magnum Photos a partir de la invitación del propio Henri Cartier-Bresson: el retrato del capo italiano Giuseppe Genco Russo y la serie Los abandonados, que muestra a un grupo de infantes viviendo debajo de puentes, a las orillas del río Mapocho en Santiago de Chile.

Por muy contrastantes que parezcan, ambos trabajos se distinguen por un arduo proceso de familiarización por el que el fotógrafo tuvo que pasar. En el caso de Russo, cuyas fotografías se tomaron en 1959 por encargo de la agencia y dieron la vuelta al mundo, Larrain tuvo que frecuentar a Giuseppe en el pueblo de Caltanissetta durante dos semanas sin sacar la cámara.  

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Giuseppe Genco Russo

En el caso de Los abandonados, el fotoperiodista revela a una especie de tribu independiente; niños con su propio idioma y costumbres que preferían la diversión de la calle a las instituciones estatales. Dos piezas de la serie, realizada en 1957, fueron compradas por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, lo cual significaba el despunte de su carrera.

Pero el azar y la casualidad también se manifestaron en su carrera, como en la de toda persona dedicada a la fotografía en general. Sin embargo, una de aquellas casualidades detonó dos obras, una en el cine y otra en la literatura. Un día Pablo Larrain notó que en una serie de disparos realizados en la catedral de Notre Dame, París, se encontraba una pareja teniendo relaciones sexuales, justo en el borde del encuadre. 

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El detalle, capturado con su cámara Leica, despertó la curiosidad del escritor argentino Julio Cortázar, quien se desempeñaba como traductor de la Unesco en París y a quien Larrain conoció cuando colaboraba para las revistas Paris Match y Life. Cortázar decidió trasladar tal experiencia a la literatura y resultado fue Las babas del diablo, un cuento que poco después el cineasta Michelangelo Antonioni adaptó a la pantalla grande: Blow-up

El relato escrito es una mezcla de dos puntos desde donde el personaje de Roberto Michel presencia un mismo hecho. Así, Las babas del diablo ofrece una reflexión fantástica en torno a lo que es la fotografía, y también nos traslada a un terreno en el que cuestionamos temas como la otredad y la misma realidad.

Sergio Larrain

El alcance que tuvo su experiencia con aquella fotografía fue poco relevante para Larrain, quien en los años 60 comenzaba a rechazar la fama y el prestigio debido a una visión particular sobre la fotografía, la cual se oponía a la dinámica de los medios y de la propia agencia Magnum. En una conocida carta a su sobrino escribió: “[Nunca] …fuerces la salida a tomar fotos, porque se pierde la poesía, la vida que ello tiene, se enferma. Es como forzar el amor o la amistad, no se puede.” Este fue el motivo por el cual, en 1962, Larrain se despidió de Henri Cartier-Bresson y de Magnum, dejando un legado que hoy es referente en la historia del fotoperiodismo latinoamericano y la fotografía documental.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

 

Los mexicanos ganadores en el World Press Photo 2019

El World Press Photo, el concurso anual que desde 1955 premia a lo más destacado del fotoperiodismo a nivel mundial, este año reconoce el trabajo de dos mexicanos: Pedro Pardo y Yael Martínez. Sus labores se ha enfocado en diversos puntos del estado de Guerrero, por lo que revisar la obra de ambos es indispensable para mirar la urgencia que requiere el problema de la violencia en los lugares más recónditos, vulnerables, y con más pobreza en nuestro país.

Ambos manifiestan a la fotografía lejos de la barrera que la visión purista coloca entre los sujetos fotografiados y quien está detrás de la cámara, ya que esa violencia que retratan también ha trastocado su vida, y justo esa sensibilidad abona a la contundencia de sus imágenes. A continuación te cuento un poco más del trabajo de cada uno.

Yael Martínez

La mirada del fotógrafo guerrerense exhibe las secuelas del clima de violencia que caracteriza a su estado natal, centrándose en aquello que causa una ruptura en la vida de los pobladores: las carencias económicas, las enfermedades y la muerte inesperada de un miembro de la familia. Son retratos de un aura oscura, pero Yael aguarda a encontrar algo más. Y entonces su cámara también atestigua lo más valioso, los lazos que impiden el quebrantamiento, los pilares que sostienen el día a día.

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En 2016 Yael obtuvo la beca Magnum Emergency Fund 2016, que otorga la Agencia Magnum Photos. En ese año también fue seleccionado en el 4th Annual New York Portfolio Review del New York Times. En esta edición del World Press Photo obtuvo el segundo lugar en la categoría Proyecto a largo plazo, por su serie La casa que sangra. En ella se reflejan diversas historias de familias de Guerrero que viven en la incertidumbre por la desaparición de un familiar. Incluso una de ellas refiere a una situación cercana: la desaparición de tres de sus familiares.

Otras de sus series son Mujer estrella, La raíz oscura y La raíz rota, las cuales puedes ver en su sitio web.

Pedro Pardo

Es uno de los fotoreporteros mexicanos más destacados en la actualidad, ya que ha evidenciado el estado latente de guerra en el que se encuentra México. Su trabajo es una referencia de la ola de violencia en Guerrero, especialmente en los años 2011-2012, cuanto éste se convirtió en el segundo más violento del país a partir de los enfrentamientos entre cárteles de la droga y el ejército. Sus fotografías exhiben hasta qué nivel la violencia y la inseguridad se apoderó de la vida cotidiana de los pobladores.

En la más reciente edición del World Press Photo el fotógrafo originario de Puebla obtuvo el tercer lugar en la categoría Noticias del momento por una imagen en la que vemos cómo una familia intenta cruzar la frontera en Tijuana. Esta fotografía fue tomada en noviembre de 2018 dentro de su labor como corresponsal de Agence France-Presse (AFP) mientras documentaba a un grupo de migrantes Centroamericanos, en su mayoría hondureños, quienes escalaban la barrera que separa a México de Estados Unidos.

Este galardón se une al que recibió en 2012 en la categoría Historias contemporáneas por su serie La guerra de los cárteles de la droga, en la que documenta las muertes que desató el narcotráfico en diversos puntos de Acapulco, Guerrero.

“Creo que es lo mismo vivir la violencia en Guerrero como periodista o como persona porque aquí la violencia es tan próxima, la tenemos tan de frente, pues es una experiencia que vivimos en primera persona”

Pedro Pardo en entrevista con Testigos presenciales

Henri Cartier-Bresson, sin categoría

Él odiaba la fotografía a color y los pies de foto. Mencionaba que Robert Capa era el optimista y Chim, pesimista; ¿Henri? él se decía impulsivo. Se dejó seducir por el cuarto oscuro debido a que la fotografía era “una manera de vivir más intensamente” y hoy sus imágenes son testigo de lo formidable que es la coexistencia de la luz y el tiempo.

Las portadas en Life, los fotoreportajes para la agencia Magnum y un sinfín de portafolios hoy imprescindibles en la educación del ojo fotográfico, son una advertencia de que no existe límite ante el deseo de expresarse a través de los contrastes: Henri Cartier-Bresson desbordaba el mismo frenesí en el obturador ante el campo de batalla y cuando el fulgor de su mirada se debía al reflejo de aquellos paisajes surrealistas en cada uno de sus viajes alrededor del mundo. Sus propias palabras lo expresan: “A veces era la guerra. A veces no era la guerra. A veces era pacífico. Cuando una situación está llena de posibilidades debes estar presente…”

Henri no fue una fuente de postales turísticas. Él nos regaló pasajes de la vida ante los cuales el espectador péndula entre la sonrisa que despierta ver la cotidianidad capturada en una geometría de tonos, y el desasosiego que provocan ciertas dificultades sociales.

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En cada revelado, el hombre francés de sonrisa tenue también revelaba a la posteridad la importancia de la sencillez e inmenso era el motor que lo orillaba a utilizar la cámara para congelar desde un destello, hasta las desventuras en la guerra. Con la Brigada Lincoln en España, Victoria de la vida y España vivirá son algunos filmes sobre la guerra civil realizados por Henri, quien también se dejó atrapar por el proceso del cine, e incluso, fascinado por el trabajo de Luis Buñuel, intentó ser su ayudante de dirección. En una entrevista declaró que todo su conocimiento se lo debía al pintor André Lhote y a Jean Renoir, de quien sí logró ser asistente en Una salida al campo y La vie est a nous.

 “Todo es interesante, desde tu propia habitación. Pero, al mismo tiempo, no puedes fotografiar todo lo que ves. En algunos lugares el pulso late más que en otros”. Henri Cartier-Bresson

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india

La herencia del cofundador de la Agencia Magnum es una muestra de que la manifestación a través de la pintura, cine y fotografía, más que una ocupación, se trata de una necesidad. Sin embargo, tal actividad requiere ir de la mano con la exigencia. Por lo cual, el trabajo de Henri será siempre un mosaico de lecciones para aquel que en su terreno figure la bandera de la libertad creativa.

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Para el padre del fotoperiodismo, el retrato era la tarea más difícil debido a que “eres como un biólogo y su microscopio: al estudiar algo, ese algo no reacciona igual que cuando no está siendo estudiado”. Sin embargo, la dificultad en él siempre actuaba como un impulso y logró impecables retratos de diversas personalidades como Albert Camus, Matisse, Jean-Paul Sartre, Truman Capote, Ezra Pound, Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, entre muchos otros.

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Albert Camus

El legado de Henri está cargado de reflexión. Ante su fotografías, caben las preguntas sobre nuestro propio tiempo, ¿qué estamos fotografiando? ¿Cuál es el poder de la imagen ante un contexto caracterizado por la catástrofe? ¿Cómo atestiguaremos el tiempo del que somos parte y el cual definimos con nuestras acciones?

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

 

Enrique Metinides, anécdotas y fotografías inéditas

En esta segunda parte de la entrevista, Enrique Metinides cuenta algunas de las historias que más se grabaron en su labor como fotógrafo de nota policiaca y a la par, presenta un serie de fotografías inéditas.