Así suena el cine de Danny Boyle | Playlist

Por: Miguel Ángel Sandoval


Danny Boyle es un cineasta de gran versatilidad. Su carrera aborda géneros como la comedia negra, el terror y el thriller, entre otros, mediante un marcado estilo que apremia la acción y el descarrilamiento emocional de sus personajes. Es famoso por dar vidaa historias rebosantes en adrenalina y tensión.

Para transmitir estas sensaciones, el director cuenta con un amplio arsenal de temas musicales que además solidifican su obra; sin duda, un momento memorable es aquel en que suena Perfect Day, de Lou Reed, mientras la alfombra devora a un joven Ewan McGregor en sobredosis (Trainspotting, 1996). Otro instante digno de recordar viene con las notas ‘postrockeras’ de Godspeed You! Black Emperor, cuando Cillian Murphy enfrenta el peligro y persecución de una horda de zombies (28 days later, 2002).

Por otra parte, Slumdog Millionare (2008) -galardonada en los premios Oscar como Mejor Película- introduce los beats de M.I.A para explorar la infancia de Jamal y Salim: dos niños pobres sumergidos en un conflicto religioso de la India. Cabe destacar que este largometraje posee algunos ecos visuales del trabajo de Wong Kar Wai (como el uso del ‘motion blur’ o desenfoque de movimiento), influyente autor a quien también fascina la música y al que te recomendamos echar un vistazo.

Junto a los ya mencionados, Danny Boyle recurre a músicos internacionalmente conocidos en sus demáscintas: Sigur Rós y The Libertines son sólo algunos de los nombres que componen la siguiente playlist:

http://ow.ly/dpN330qAtNT

Yesterday: una película dirigida por… ¿Danny Boyle?

Hay algunos elementos de la realidad terrenal que parece han existido desde siempre y es imposible imaginar la vida sin ellos: la computadora, el internet, la electricidad, ciertos intérpretes musicales… ¿Se han preguntado cómo sería la vida si no existieran Los Beatles? En este punto del recorrido del homo sapiens, probablemente no, y quizá sea de las preguntas menos hechas, pero bajo este cuestionamiento se construye Yesterday (2019), dirigida por… ¿Danny Boyle?

Sí, ese Danny Boyle de Trainspotting, en compañía de Richard Curtis, famoso por ser el gurú de la comedia romántica (Un lugar llamado Notting Hill, El diario de Bridget Jones, Realmente amor, Cuestión de tiempo, entre otras) y nadie puede decir que no tiene talento para eso. No serán los relatos más complejos, pero sí son buenos ejemplos de cómo manejar relaciones convencionales en pantalla. Este dúo extraño se encargó de la historia de Jack Malick (incómodo Himesh Patel), un músico de poca monta a quien le sonríe el destino, pues tras un accidente y un evento sobrenatural inexplicable, parece ser que sólo él recuerda que existe la música de dicho grupo. Al descubrir estas condiciones, el tipo aprovechará (re)creando algunas de las mejores canciones conocidas para ascender a la fama con el dilema moral de estar, técnicamente, plagiando la obra.

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Paralelo a esto, tenemos la pazguata relación entre Jack y Ellie (sorprendentemente fome Lily James), su representante que lo conoce desde la infancia y ha estado secretamente enamorada de su “artista”, pero él, como buen músico deslucido, no se da cuenta. Esta subtrama se construye a través de pulsos intermitentes; por momentos vemos que se desarrolla, pero después se abandona por seguir con el núcleo musical y así sucesivamente.

Insisto, hay cosas tan presentes en nuestro entorno y cultura que es parcialmente imposible concebirnos sin ellas. Es llamativa la pregunta: ¿qué sería de la Tierra si los Beatles no existieran? Cuestión de gustos, pero es inobjetable la relevancia sociocultural del “Cuarteto de Liverpool” -como les dirían los de antaño-; no sólo es posiblemente la banda de rock -y de cualquier género- más famosa de la existencia, también fueron parte fundamental de la historia de la música. Hay un antes y un después de ellos. Eso sí, también de las primeras boy bands, pero eso es aparte.

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Al volver a la pregunta, podemos decir que de inicio, la música sería totalmente diferente. Tal vez fue por evitar complicaciones, pero esta duda realmente no se resuelve en la película. Había varias formas de elaborar una respuesta congruente para un escenario ciertamente interesante, pero el vaivén narrativo en el que se envuelve el argumento lo ablanda y deja muchos huecos, incluso en su propia lógica. No tengo problemas con que no se explique el fenómeno que desata la “bendición” que recibe Jack, pero sí habla de un endeble guion que no se aproveche lo que pudo ser una exposición más profunda.

Ahora bien, el libreto está planteado mayormente como una comedia romántica (miren quién estuvo involucrado). Sin embargo, el encanto y afabilidad que distinguen a los proyectos de Curtis no está por ningún lado. Entre varias líneas que resultan incómodas para la elaboración de una situación romántica, la nula afinidad entre la pareja protagónica y el desairado desempeño actoral -especialmente de Malick- forza un flirteo donde no lo hay, estropeando la esencia del filme.

Aun con la deficiente trama, hay ciertos momentos donde reluce la habilidad y estilística de Boyle. Por ejemplo, aquellos planos holandeses visibles en su filmografía o los peculiares emplazamientos para dotar de una perspectiva peculiar a una escena. Algunos movimientos de cámara deslumbrantes… El perico donde quiera es verde, pero sin una base escrita sólida, puede perder varias plumas.

Fuera de algunos momentos conmovedores y/o graciosos como un homenaje a la (im)posible vida de John Lennon, esta película parece más una discrepancia entre dos piezas grandes que un intento por generar algo provechoso. Considero que Yesterday pudo ser algo más si se hubiera enfocado más en, irónicamente, las posibilidades. Digo, ya es tarde, pero, ¿se imaginan?

Cinco películas imperdibles de Danny Boyle

Al igual que muchos cineastas, Danny Boyle no obtuvo su educación cinematográfica dentro de las aulas académicas. La curiosidad del inglés por adentrarse al mundo del arte comenzó en los escenarios de la Royal Shakespeare CompanyA partir de ahí, su inquietud provocó que se adentrara en diferentes géneros durante su trayectoria, la cual suma un total de diez largometrajes, sin contar con las múltiples películas y series que realizó para la televisión londinense, además del espectáculo inaugural para las olimpiadas de aquel país en 2012.

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En cada película que Boyle ha dirigido, sea comedia negra en Shallow Grave (1994) o ciencia ficción en el caso de The Sunshine (2007), ha demostrado que es uno de los creativos más versátiles de los últimos años. A continuación una lista de películas que lo demuestran, ¿cuáles agregarías?

Trainspotting (1996)

Cuando el segundo trabajo de Boyle se estrenó en las salas de cine, Escocia y el resto del mundo veían como el monstruo del internet surgía tal y como lo conocemos hoy. La realidad estaba cambiando a pasos agigantados al igual que la ola consumista y de globalización, provocando que el ritmo de vida se hiciera más acelerado. Como respuesta a esa época surgió la generación Peter Pan Generación X, grupo de muchachos perdidos insatisfechos con su entorno y rebeldes sin causa entregados al hedonismo puro.

El cineasta encontró en la novela homónima de Irvine Welsh la oportunidad perfecta para hablarle a esa generación de jóvenes que avergonzaba a la sociedad, pero que fascinaba al director. Junto a John Hugde creó un alucinante guión, que sin satanizar el uso de estupefacientes presentes en la novela, hablaba sobre la celebración de la juventud y amistad.

Los veinteañeros de aquel entonces, identificados con el grupo de inadaptados residentes de Edimburgo, adoptaron a la cinta como propia, convirtiéndola en un rotundo éxito de tal magnitud que las generaciones actuales y futuras encuentran en el ritmo de la historia, la gran banda sonora, el trabajo de edición, montaje y sobre todo en la dirección del cineasta, a la voz que los entiende y  les dice: “Choose life”. No es casualidad que se encuentra en la lista de las 100 mejores películas de todos los tiempos.

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28 días después (2002)

Seis años después de hacer aquel viaje lisérgico llamado Trainspotting, e inspirado en el cine del estadounidense George A. Romero, Boyle reinventó el género del terror con 28 días después, la cual relata la vida de Jim, un joven quien tras despertar sólo en un hospital y sin nadie a su alrededor, intentará sobrevivir en lo que parece ser un apocalipsis zombie.

Y aunque en ese mismo año en Hollywood se estrenaba una cinta perteneciente al mismo género y protagonizada por Milla Jovovich, Resident evil (2002), la dirección frenética del londinense, el excelente guión de Alex Garland y la música estridente de John Murphy convirtieron al cuarto largometraje de Boyle en un referente cultural, muy por encima de la ya mencionada franquicia liderada por la ucraniana.

Quisiera ser millonario (2008)

Con cámaras digitales, el director decidió viajar a la ciudad de Bombay y empezar a grabar una de las películas que se llevarían más galardones en la temporada de premios de aquel año.

Una escena puede describir perfecto el objetivo que el realizador quería mostrar con la historia adaptada por el inglés Simon Beaufoy. Se trata de la persecución inicial en la que dos pequeños huyen de la policía. Durante toda la secuencia los infantes recorren los rincones de la ciudad india, mostrando la pobreza y desigualdad  que vive la mayoría de los pobladores en contraposición a los pocos privilegiados que residen en la ciudad, cuyo nivel de vida los hace intocables ante las autoridades.

Los contrastes son el tema central de esta historia, en la cual se habla de riqueza en un país donde la mayoría de su población carece de artículos de primera necesidad, donde una historia de amor al puro estilo de cuento de hadas fluye en el mismo sitio donde la violencia radica permanentemente y escenario que convierte a un joven infortunado en un millonario por contestar una sencilla pregunta en un exitoso programa de televisión.

Un realizador que impactado ante la forma de vida de Bombay, decidió retratarla sin pretensiones ni prejuicios utilizando los elementos fílmicos explotados en toda su filmografía, pero siempre consciente de reflejar la realidad que vive Bombay.

En trance (2013)

Un Whodunit o Who has do it? (¿Quién lo ha hecho?) donde Boyle explora las posibilidades que las prácticas hipnóticas pueden hacer con el cerebro humano.

No sólo es la primera película en la que realizador incursiona en el género del thriller psicológico, también es la única ocasión en la que todo el arco argumental de la historia gira alrededor de una mujer, una psicóloga. Por segunda ocasión, el director gusta de jugar con la estructura narrativa de la película para enganchar al público y seducirlo hasta el acto final, tiempo donde desenmascara a cada uno de los personajes, dando cuenta de que nada es lo que parece.

Steve Jobs (2015)

Después del fracaso que la película Jobs (2013) protagonizada por Ashton Kutcher significó para la industria hollywoodense, Boyle siempre interesado en incursionar en diferentes géneros fílmicos, decidió que su reciente producción fuera sobre la vida del genio de las computadoras.

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Es quizá la película menos enérgica de toda su filmografía, pero eso se debe al elegante guión de Aaron Sorkin, cargado de largos diálogos, sin embargo el cineasta buscó la manera de dejar su huella implementando tres diferentes formatos de grabación para los momentos, además de las tomas ya conocidas en sus anteriores trabajos, dándole un aire fresco e innovador a la historia.

Diana Mendoza 

Editora audiovisual del Museo de Antropología y admiradora del séptimo arte.

 

Danny Boyle: las claves para entender su estilo

En esta ocasión presentamos un ensayo del cineasta británico Danny Boyle, director de Trainspotting (1996), Slumdog Millionaire (2008), Steve Jobs (2015), T2: Trainspotting (2017), entre muchas otras. ¿Qué otro cineasta les gustaría que abordaramos?

Trainspotting 2: dos décadas de nostalgia

First there was an opportunity……then there was a betrayal 

Spud

Trainspotting resume la nostalgia de toda una generación, el mundo ha cambiado, pero… ¿lo has hecho tú? 

Fue en 1996 cuando Boyle le mostraba al mundo la dura vida de un grupo de jóvenes en Edimburgo que inmersos en las drogas buscan constantemente la autodestrucción. Basada en la novela homónima de Irvin Welsh, la cinta sacudió (y lo sigue haciendo) con su excelente realización y narrativa.

El realizador británico empezó este proyecto pensando 20 años a futuro, y así, con ambición y superando retos, Danny Boyle logró estrenar la segunda parte, que con gran ansiedad estuvimos esperando. El rumor de Trainspotting 2 lo escuché hace unos 11 años cuando vi  Trainspotting, “ya estaba en edad para verla”  (no estoy tan vieja querido lector). Aquella primera parte me impactó y como a muchos (estoy segura) se convirtió en una de mis películas favoritas.

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20 años pasaron desde que el grupo de “yonquis empedernidos” se enfrentaba a la vida, con lo poco o mucho que ésta les había dado. Mark huyó con el dinero del “deal” que hicieron todos, y solo recompensó a Spud con su parte. Voló a Amsterdam mientras los demás se quedaron en su miseria en Edimburgo. Volver no iba a ser fácil, enfrentar a quienes traicionó no sería una tarea sencilla.

Ahora los vemos tan diferentes entre sí, con sus propios problemas pero uniéndose en una misma historia. Amistad, traición, drogas, violencia, sexo y tragedia siguen rodeando a este grupo de amigos muy particular. El reencuentro es necesario. Regresar a los lugares donde se fue miserablemente feliz, golpea, ¿qué has hecho en estos últimos años? Quizá el retorno es para sanar, para limpiar los errores, pero ¿qué pasa cuando en vez de curar las heridas, las revives? Volver también puede ser un acto provocador de una constante pulsión de muerte.

La edición es un vaivén entre el primer filme y este último; el montaje es un elemento importante en la estética de Danny, en la que destaca el hecho de ocupar planos distintos entre sí al mismo tiempo (127 Horas, 2011), o viajar en el tiempo (Slum dog millionaire, 2009) y en Trainspotting no es la excepción.

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La suerte de ninguno ha cambiado, ni siquiera para el que escapó. Renton, Spud, Begbie y Sickboy ya ni siquiera se hablan por sus apodos, ahora son Mark, Daniel, Franco y Simon. La llegada de Mark interrumpe una drástica decisión de SpudFranco, el temperamental, violento y abusivo del grupo cumple una condena en la cárcel, harto de su encierro se ingenia un plan para escapar y seguir delinquiendo; es su pasión y lo que mejor hace.

La visita de Mark a Simon tampoco es grata. La rabia del segundo guardada durante 20 años ahora quiere salir. Desea vengarse del traidor, convenciéndolo de quedarse. En Sick boy solo ha cambiado su droga preferida, ahora cocaína; maneja sin mucho éxito el Pub, negocio herencia de un familiar, pero su verdadero “business” es el chantaje de videos sexuales de hombres con una prostituta llamada Verónika, quien es por cierto su novia.

Los ecos del pasado persiguen a cualquiera y Simon comienza a ceder inconscientemente ante la amistad de Renton. Lo viejo se siente nuevo, el pasado sigue presente y ahora Verónika, Simon y Mark son socios de crimen al conseguir un presupuesto que usarán para construir un burdel. Begbie se entera de la sorpresiva aparición de Mark y va a buscarlo para enfrentarlo sin piedad. 

La fotografía y el diseño de producción transportan a la melancolía, con el uso de colores fríos no solo se refleja el clima de Edimburgo, sino el sentir de sus protagonistas, su vacío y decadencia personal. Los planos, perfectamente bien pensados, suman a la historia y nos llevan incluso a los escenarios de la primera cinta. Ángulos de cámara y movimientos drásticos aportan elementos importantes al desarrollo de la película. Boyle habla con planos y no con diálogos. El vestuario vuelve a ser contemporáneo, pero es aquí donde muestran un cambio más radical, tal vez señalando que es en lo único en lo que han madurado.

El soundtrack, otra vez delirante, sazona la película, e incluso muchas veces sobresale a las imágenes (intencionalmente). El cast, no pudo ser mejor; ver a los mismos personajes es (usaré la palabra que creo mejor para describirlo) hermoso. Potentes, violentos, inocentes y frustrados, son todo lo que fueron y seguirán siendo.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

El tren escocés que partió de la estación en 1996

Irving Welsh escribió a principios de los noventa una de las novelas escocesas más influyentes de la última década del siglo XX. No era común describir con tal detalle el uso indiscriminado de drogas duras, las sensaciones que causan y sobre todo el contexto en el que se abusaba de la heroína, droga a la que Lou Reed le cantaba. Esta novela toma el nombre de la afición de observar el paso de los trenes, un pasatiempo muy famoso en los países de la Gran Bretaña: Trainspotting.

Dicho libro fue aplaudido tanto por la crítica especializada, que tuvo una rápida puesta en escena, y una posterior adaptación cinematográfica. El encargado de llevarla al celuloide fue una de las promesas del cine inglés: Danny Boyle, quien con su cinta previa, Shallow Grave (1994) fue elogiado en el Festival Internacional de San Sebastián, sin embargo no tuvo tanta aceptación con el público en general. Esto no detuvo la carrera de Boyle, quien consultó con Welsh la posibilidad de llevar a la pantalla grande la historia de Mark Renton.

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Con actores que en ese entonces eran casi desconocidos, Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Robert Carlyle, Boyle llevó las cámaras a los lugares más deprimentes de la capital de Escocia. Además, se sumergió en una polémica al filmar escenas de sexo explícito, la aplicación de drogas intravenosas y del uso indiscriminado del slang escocés.

Los personajes fueron de inmediato aclamados por la crítica y por los espectadores, quienes vieron en Mark Renton, Sick Boy, Spud, Diane y Tommy, a la juventud de final de milenio, no sólo de Escocia, sino del mundo occidental. Quienes no planeaban a futuro, se salían de los dogmas implementados, buscaban un refugio en las drogas, la música post punk, y en las andanzas de toda una generación perdida.

Cada personaje tiene un perfil adictivo que no responde necesariamente a las drogas; en algunos casos, como el de Begbie, recae en la doble moral. Esto crea un cóctel de personalidades en el que todos se critican por las costumbres que tienen. Los que usan la heroína, pero también los que son felices mientras consumen sus propias drogas socialmente aceptables.

 En su momento fue llamada “La naranja mecánica de los 90”, debido a su temática y por la carga visual que presenta Boyle, quien sin temer a las críticas tanto positivas o negativas nos lleva de la mano ante la recuperación de un adicto y su recaída, hasta llegar a la falsa ilusión de poder ser un hombre (“decente”) dentro de la sociedad.

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La historia está aderezada con un soundtrack que tiene las influencias del punk de Iggy Pop, el britpop de Pulp y Blur, la música tecno (tan famosa en tal década), el uso de clásicos como Heaven 17 y los infalibles New Order y Lou Reed, quien canta un himno junkie llamado Perfect Day.

Después de 20 años, Trainspotting se mantiene fresca para las nuevas generaciones. Es una de esas películas de culto que la mayoría se topa en la adolescencia y actúa como una bocanada de aire fresco que nos ofrece una premisa: todos tenemos adicciones, las escondemos y sobre todo somos hipócritas.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

Steve Jobs, una revolución a toda costa

En Steve Jobs, Danny Boyle y Aaron Sorkin presentan a un personaje para el cual la imagen es primordial. Los anuncios publicitarios, la apariencia de una computadora, la portada de una revista, la puntualidad; pero también lo es el control. El control sobre los anhelos tecnológicos de la sociedad, sobre el trabajo de sus compañeros y sobre la madre de su hija. Sin embargo, las decisiones de un consejo directivo, la economía del mercado de las computadoras y la tenacidad de una niña de apenas cinco años, se imponen a los cometidos de Steve Jobs.

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La cinta se enfoca en lo anterior y así resalta una de sus virtudes: es concreta. No se trata de una película que abarca la vida del personaje, sino de cómo su ámbito laboral estuvo estrechamente relacionado con el familiar y personal, tomando momentos puntuales y personajes específicos que revelan sus facetas de padre y creativo. Así, la historia no se dispersa en otros aspectos, en lo cual sería fácil caer al hablar de alguien emblemático y lleno de matices como Jobs, el encargado de crear el puente entre la vida cotidiana y los sistemas computacionales.

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En la película el auditorio siempre está listo para presentar aquel producto que las personas “no saben que necesitan hasta que lo ven”. La primera Macintosh en 1984, el Cube de NeXT en 1988, y la iMac en 1998. Pero a Jobs (Michael Fassbender) no lo vemos en el escenario, sino detrás de éste, acompañado de Steve Wozniak (Seth Rogen), cofundador de Apple y John Sculley (Jeff Daniels), el director ejecutivo. También observamos a Chrisann Brennan (Katherine Waterston), madre de Lisa Brennan-Jobs. El mayor lazo se desarrolla con esta última y con Joanna Hoffman (Kate Winslet), la ejecutiva de marketing y quien permaneció con Steve incluso cuando éste salió de Apple.

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Con cada uno de los personajes Steve Jobs desarrolla un conflicto, y el más punzante es con Lisa, a quien inicialmente niega como su hija. Sin embargo, la misión de ésta es muy clara sin importar su edad: quiere estar cerca del hombre que tal vez nombró a una computadora con su mismo nombre, o no. Lisa se aferra sin importar las palabras que el magnate ha lanzado y las cuales la marcarán.

A excepción de un par de golpes de efecto que se tornan forzados en el primer acto, el trabajo del director (Trainspotting) y el guionista (The social network)  es impecable. Asimismo, el desarrollo es lineal, pero el hecho de estar filmada en tres formatos diferentes la dotan de dinamismo. Es un viaje a tres distintas épocas tanto en la historia como en la pantalla, en el que la transformación va de 16 mm a 35 mm y finalmente a HD Digital.

El guión se basó en una biografía publicada por Walter Isaacson en 2011, año en que falleció Jobs. En pantalla, el relato resulta una carga de adrenalina gracias a las actuaciones, a diálogos veloces y a una dirección frenética.

Steve Jobs, que fue presentada en el Festival de Cine Telluride y también cerró el Festival de Cine de Londres, es una cinta que muestra las consecuencias de allanar el camino para que todo resulte como uno lo desea.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.