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Bronca T2: el triunfo del capitalismo al ritmo de música atmosférica

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SINOPSIS: Debido a problemas financieros en el negocio de la pareja, Joshua (Oscar Isaac) y Lindsay (Carey Mulligan) tienen una acalorada discusión que es grabada por dos miembros de su staff. Al otro extremo, Ashley (Cailee Spaeny) y Austin (Charles Melton) viven sin ninguna certeza económica, situación que los lleva a utilizar el video para extorsionar a sus jefes y mejorar sus ingresos.  

Hay dos caminos recurrentes a la hora de continuar una serie antológica: replicar el formato de la primera temporada o deconstruir la premisa anterior hasta convertirla en un producto independiente. El creador Lee Sung Jin eligió la segunda opción para la siguiente entrega de su premiada Bronca (Beef, Netflix), tomando decisiones creativas que no solo cambian radicalmente la esencia del show, ya que también juega con los códigos morales de las típicas críticas contra el capitalismo. 

En lugar de castigos ejemplares o una perversión descarada al estilo de Scorsese, Sung Jin cierra su historia criminal al ritmo de Love Like a Sunset de Phoenix, himno indie que acompaña a la representación del símbolo circular del Samsara. Las good-vibes del montaje constituyen un escenario cursi que busca incomodar a quienes vieron la primera temporada como una entretenida riña que se sale de control. El showrunner eleva el nivel de ironía para provocar una indignación más visceral, ya sea por la impunidad en la ficción o porque la serie no cumple con las expectativas del espectador.

La segunda temporada de Bronca recuerda al cine de Im Sang-soo (The Housemaid, The Taste of Money) y otros directores surcoreanos que satirizan sobre el peso trágico de las injusticias causadas por el capitalismo tardío.

El episodio final es demasiado anticlimático como para ignorarlo, debido a que todos los personajes terminan traicionando sus convicciones morales. Lo anterior transforma al drama intimista en una cínica celebración del “ciclo de la ambición”, donde siempre será castigada la mínima intención de “hacer lo correcto”. La segunda temporada de Bronca recuerda al cine de Im Sang-soo (The Housemaid, The Taste of Money) y otros directores surcoreanos que satirizan sobre el peso trágico de las injusticias causadas por el capitalismo tardío, puesto que el creador también aparenta ingenuidad a la hora de retratar un sistema dominado por la codicia. 

Crítica de Bronca temporada 2
‘Bronca’ T2

Al tener más subtramas, los guionistas se enfrentan al reto de lograr que el público empatice con un puñado de antipáticos personajes, lo cual no sucede hasta el cuarto o quinto episodio. La nueva historia da continuidad a la misma crítica contra el capitalismo, pero el exceso de tópicos ocasiona que la puntual crítica de la primera temporada se convierta en un conjunto de ideas provocativas que toman rumbos confusos y contradictorios. Lo disparatado del clímax obliga a sobreanalizar la ficción para encontrar lógica en las aparentes incongruencias de guion. 

Menos ambigua es la lectura sobre la crisis del individuo en una sociedad esencialmente narcisista. Mientras la salud mental era el motivo central en la bronca de Ali Wong y Steven Yeun, la nueva trama se centra en los sueños rotos y la inalcanzable prosperidad. La dramedia de Lee Sung Jin nos grita que el sistema está desgastado, provocando que el libre mercado se transforme en una salvaje carrera para diseñar la estafa perfecta. Al final, la extorsión y la malversación no parecen actos tan ruines cuando se comparan con los crímenes cometidos por las élites para conservar sus privilegios.

No obstante, aunque la brecha económica agrava el rencor entre los personajes, el verdadero conflicto se encuentra en la rivalidad generacional. Con adultos que han desarrollado dependencia a ChatGPT o se embarcan en negocios con altas posibilidades de fracaso, los guionistas remarcan los paralelismos entre las adversidades que enfrentan ambas parejas. Millennials y centennials comparten los mismos traumas y angustias que alimentan el insano deseo de un efímero “éxito”. Paradójicamente, la edad no se traduce en madurez para afrontar las hostilidades de un sistema que se esfuerza por devaluar la empatía, la honestidad y demás conceptos que vayan en contra del ego. 

El showrunner tampoco utiliza al capitalismo como justificación para todos los defectos de sus personajes, explotando el lado irracional y salvaje de los protagonistas. Aunque la temporada trae muchas variaciones conceptuales, se agradece que permanezcan las referencias a la poca distancia entre lo “humano” y el mundo animal, cambiando el comadreo de las aves por la eusocialidad de los insectos. La autoorganización de las hormigas es análoga a las inalterables jerarquías que rigen a la sociedad, idea representada mediante la condescendencia de los personajes cuando los crímenes son cometidos por las élites, ya sea por miedo o simple alineación al sistema.  

Aprovechando que la primera temporada había establecido las bases del show, Lee Sung Jin se atreve a construir un preámbulo de tres episodios que prepara el terreno para la furia esperada desde el inicio. Es hasta el episodio paranoico de Ashley (Spaeny) y la desaparición de Burberry que la trama adquiere sabor con verdaderos horrores de la vida adulta, como descubrir el significado de “deducible” o el costo de una operación quirúrgica. Lamentablemente, la falta de equilibrio entre “la bronca” y los diálogos introspectivos crea una ficción irregular en su búsqueda de grandilocuencia. 

La primera temporada dependía completamente de las neuróticas actuaciones de Wong y Yeun, alcanzando un nivel de patetismo que se equilibraba con la simpleza en la puesta en escena. Sin sus dos ganadores del Emmy, la segunda temporada se esfuerza en levantar vuelo con otros recursos discordantes, como una inesperada secuencia de acción, lo cual sería un defecto si no fuera por la idea del Samsara. Aunque cuenta con el director de fotografía de Moonlight (2016) y otros fichajes prestigiosos, la confrontación entre empleados y jefes no impacta con la misma fuerza de su primera entrega. 

A pesar del esfuerzo por unificar las temporadas, es un hecho que Bronca T2 depende del análisis para que el espectador comprenda las divagaciones en la cabeza de Lee Sung Jin, por lo que es difícil valorar a primera vista si ese caos fue una osadía creativa o un desvarío argumental. Lo personal de la ficción da autenticidad a la serie, especialmente a la hora de representar la fragilidad de sus protagonistas como si se trataran de versiones alternativas del propio creador, quien ha desarrollado un gran concepto televisivo para explorar los límites morales que somos capaces de cruzar por un poco de bienestar.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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