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Cumbres Borrascosas: la frivolidad no siempre es defecto en el cine

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Cumbres borrascosas de Fennell podrá ser la menos formal y seria de todas las adaptaciones, pero no es la primera ni la última que ha transformado el juego de control y sumisión del libro en “la mayor historia de amor jamás contada”.

Rescatado de las calles por el patriarca de la familia, Heathcliff (Jacob Elordi) llega a Cumbres Borrascosas para convertirse en la servicial compañía de la frívola Cathy (Margot Robbie). Mientras crecen, los adolescentes desarrollan un lazo afectivo que se desvanece con la llegada de la acaudalada familia Linton a la región. 

En ocasiones, la frivolidad no es un defecto en el arte, especialmente cuando dicha banalidad viene acompañada por una estética repleta de simbolismos visuales e inagotables referencias. En su adaptación libre de Cumbres Borrascosas, Emerald Fennell explota todo el kitsch y camp que conforma su propio bagaje cultural, integrado por fotografías de calendarios eróticos, novelas comerciales, el doble sentido de los 90 y mucha inspiración del ecléctico pop contemporáneo. 

A grandes rasgos, Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, 2026) es más bizarra que violenta, con un morboso interés hacia la muerte, la humillación y el sexo. Lo novedoso de esta versión se debe a que tales ideas dan forma a un encantador “cuento de hadas”, el cual es tan respetuoso con la obra de Emily Brontë como Disney lo ha sido con Victor Hugo, Hans Christian Andersen y la cultura de varios países. La película de Fennell podrá ser la menos formal y seria de todas las adaptaciones, pero no es la primera ni la última que ha transformado el juego de control y sumisión del libro en “la mayor historia de amor jamás contada”.

Quizás el cambio más provocativo respecto a la novela es que los abusos y vejaciones vienen acompañados de consentimiento, como si los personajes estuvieran escritos por Paul Verhoeven, algo ejemplificado con la nueva relación entre Isabella Linton y Heathcliff. Si no quedaba claro con tanto brillo y decorado, la salvaje actuación de Alison Oliver nos viene a recordar que todo lo filmado por Fennell no debería apreciarse con total seriedad.

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‘Cumbres borrascosas’ (2026)

La representación carnavalesca de la muerte o los sugestivos planos de caracoles y huevos quebrados son señales de un genuino sello autoral que da continuidad al bochorno provocado por la escena en la bañera en Saltburn (2023). Ahora bien, Cumbres Borrascosas tampoco es tan provocativa como las películas anteriores de la realizadora, pero sí es una manera irreverente de demostrar al público y la crítica lo libre que es su estilo cinematográfico.

Con el mismo temple de Liliana Cavani o Catherine Breillat, pues Une vieille maîtresse (2007) y Barba Azul (Barbe bleue, 2009) son referencias directas, Fennell construye escenas extravagantes que desafían la propia lógica de sus argumentos, arriesgando de forma temeraria la cohesión de todos los elementos que integran la producción. Por lo tanto, aunque el filme parezca “moderno”, se trata de otro atrevido y refrescante retorno al erotismo más lúdico e inmoral del siglo pasado.

En cierto sentido, la obra de Emily Brontë tampoco es tan relevante como la tradición cinematográfica de reducir la extensa novela al amour fou entre Cathy y Heathcliff. No obstante, la versión de Fennell sintetiza aún más el drama al eliminar otros personajes importantes como Hindley Earnshaw, quien es fundamental para entender la furia de Heathcliff, ya que el tema racial también suele ser omitido. En consecuencia, la falta de conflictos sustanciales en el romance ocasiona que lo gótico se convierta en superficial arte pop que está destinado a complacer el simple gusto estético del espectador, aunque las películas anteriores de la cineasta podrían ampliar el trasfondo de esta adaptación. 

Siguiendo la línea de Promising Young Woman (2020) y Saltburn, Fennell convierte al privilegio de los Linton en otra fastuosa pesadilla, donde la prepotencia y falta de escrúpulos de las clases altas abre las puertas a la tragedia y al crimen. La Granja de los Tordos parece salida del cine de Walerian Borowczyk, con una diabólica belleza que se vuelve aún más sublime cuando la sangre se desborda por debajo de las sábanas. Sin embargo, el mayor componente moral del filme se encuentra en la recriminadora mirada de Nelly (Hong Chau), el personaje con mayor desventaja social en la trama, quien observa con cierto placer las consecuencias fatales de una arrogancia desbordada que a ella misma la ha arrastrado.

A pesar de la ligereza de su trama, el mayor pecado del largometraje no está en el desarrollo de la ficción o sus diálogos anodinos, sino en el extraño montaje que intenta imitar el ritmo acelerado en las películas de Baz Luhrmann, pero sin armonía ni “rimas” en la estructura del filme. El fuego del romance se apaga cada vez que el número de elipsis incrementa, convirtiendo grandes momentos románticos en clips de un mediocre video musical, especialmente cuando Fennell presume su colaboración con Charli XCX.

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‘Cumbres borrascosas’ (2026)

A pesar de la ligereza de su trama, el mayor pecado de Cumbres Borrascosas no está en el desarrollo de la ficción o sus diálogos anodinos, sino en el extraño montaje que intenta imitar el ritmo acelerado en las películas de Baz Luhrmann, pero sin armonía ni “rimas” en la estructura del filme.

En cambio, la cínica artificialidad en el diseño de producción lleva a que Cumbres Borrascosas sea más parecida a la fantasía ochentera de La princesa prometida (The Princess Bride, 1987) que al cine de época convencional. Una gran decisión fue alternar locaciones y filmación en estudio, donde la profundidad de campo del paisaje natural es bloqueada por falsos backgrounds que evocan al Technicolor del cine clásico, un surrealismo vintage que es complementado por la saturada fotografía del oscarizado Linus Sandgren (La La Land).

Desde los créditos en stop-motion con cabelleras formando las letras del título, la estética onírica del largometraje tiene como único objetivo acentuar el lado primitivo de los personajes, con paredes simulando piel humana o graneros transformados en salas de bondage. El estilo retro del filme es favorecido por el infalible talento de Jacqueline Durran para mezclar la estética de los años 50 con el siglo XIX, ya sea mediante su reinterpretación de Balenciaga y Dior en Anna Karenina (2012) o ese “vestido celofán” que viste Margot Robbie durante la noche de bodas. A primera vista, parece una explosión de anacronismo sin sentido, pero todo tiene lógica cuando conoces las referencias en los mood boards de la producción. 

Incluso sin fantasmas, la saña de Heathcliff contra los herederos de sus enemigos, ni el gótico lúgubre del libro, la adaptación de Emerald Fennell es efectiva como un melodrama entretenido que pudo ser desastroso y ofensivo. Por todo lo anterior, es casi un hecho que Cumbres Borrascosas seguirá el mismo camino de Marie Antoinette (2006) o el experimento teatral de Anna Karenina (2012), pues ahora nos parece frívola, pero con el tiempo descubriremos su valor cultural, porque es el tipo de cine desmesurado que da versatilidad a una industria destinada a la homogeneidad comercial. 

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Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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