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Frankenstein: El moderno prometeo de Guillermo del Toro

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Frankenstein es un epílogo decente a la filmografía de Guillermo del Toro, que reúne sus mayores fortalezas, pero también un gran número de sus debilidades

Enuncia un dicho popular del mundo cinematográfico que “un director suele hacer siempre la misma película”. Esto, obviamente, no significa que las imaginaciones de los directores de cine se ciñan a ciertas fórmulas rígidas que los limitan (o en ocasiones sí), sino que señala que estos poseen patrones fílmicos que se repiten, pero al mismo tiempo, mutan con cada historia. 

Guillermo del Toro, por ejemplo, se ha labrado una reputación como el innegable maestro mexicano moderno de la fantasía y el horror, quien ha creado mundos tan únicos que prácticamente en cada una de sus películas algún elemento puede figurar como un icono de la cultura pop. Entre bestiario y bestiario pueden haber puntos en común, como lo podrían ser coincidencias en tópicos como la orfandad o el rechazo. Por citar casos concretos, y si lo pensamos bien, las bases de El Laberinto del Fauno (2006) y El Espinazo del Diablo (2001) son las mismas: infancias atrapadas en entornos hostiles que se ven obligadas a crecer a presión.

Sin embargo, es claro que la experiencia de Ofelia y Carlos apuntan a lugares totalmente distintos, pues a lo largo de su extensa carrera, Del Toro se ha especializado en subvertir estos tropos para hacer de los viajes de sus protagonistas algo completamente alejado a sus antecesores.

Pero con Frankenstein (2025), quizás el proyecto más importante de su carrera a la fecha, sucede algo curioso, pues esa energía subversiva que le ha caracterizado al director parece haberse disipado en su mayoría y, en muchos sentidos, comienza a sentirse estancada en lugares conocidos.

Esta nueva versión del moderno Prometeo sigue a Víctor Frankenstein, quien, producto de una infancia terrible, se obsesiona con la medicina y con un objetivo que se acerca más a un juego divino que a la ciencia, como podría serlo vencer a la muerte. Tras años de investigación, un empresario se fija en su trabajo y le ofrece financiar el proyecto más ambicioso de toda su carrera: armar al hombre perfecto con piezas de distintos cadáveres y regresarlo a la vida.

Como es bien sabido, el monstruo de Frankenstein es una figura que ha sido indispensable dentro de la filmografía del tapatío, sirviendo como referencia en múltiples proyectos, incluyendo su aclamada Pinocho (2022), donde fusionó los imaginarios de Shelley y Collodi para reinventar el clásico de la literatura italiana.

La mezcla es tan efectiva que no sería tan osado decir que, en muchos sentidos, su incursión en el stop motion hace justicia a ambos relatos al mismo tiempo… y, tener ese referente tan cercano, hace que la materialización de su película soñada sea un objeto de comparación obligado (y por ende) que sus fortalezas y defectos salten a la vista con mayor facilidad. 

'Frankenstein' (Guillermo del Toro, 2025)
‘Frankenstein’ (Guillermo del Toro, 2025)

Frankenstein tenía todo para ser una obra cumbre, pero lo que resulta es una obra que cumple a secas por las pocas vías de experimentación que encuentra en relación con las temáticas recurrentes de su director, ya que durante gran parte del metraje se ve ideas, ideas que —aunque bien pensadas— ya han sido abordadas con mayor contundencia en otros de sus trabajos.

Cuestiones como la crueldad de la guerra, las analogías religiosas, la violencia o encontrar la belleza de la vida y la muerte circulan la narrativa sin abonar de forma significativa a lo que Guillermo del Toro ya nos ha dicho antes: no obstante, el cineasta saca un último as bajo la manga.

Destripando su material de origen —como debía de hacerlo —, el mexicano pone el trauma generacional como epicentro de su visión humanista del relato, un enfoque fresco a las paternidades de su cine que salva a Frankenstein de caer por completo en lo repetitivo, lo cual, además, le da una gran fuerza emocional que la hace encantadora.

Teniendo tantas versiones detrás, algunas con huella indeleble en el imaginario colectivo, Guillermo del Toro hace suya a la criatura de Mary Shelley, transformándolo de una bestia salvaje y grotesca a un ser que, con todo y su apariencia perturbadora, irradia una gran inocencia, transmitiendo más ternura que temor, cuya cereza en el pastel es la extraordinaria interpretación de Jacob Elordi.

Como era de esperarse, el diseño de producción no falla, con una arquitectura que remite de inmediato al gótico que le pudimos ver con mayor presencia en La Cumbre Escarlata (2015); sin embargo, su adición más interesante la podemos ver en el diseño del monstruo que se extrae directo de la tradición griega con un adonis macabro cuya apariencia es completamente bella como imponente.

Sobre su fotografía, aunque el que suscribe esta crítica no cree que exista la denominada “estética netflix”, visualmente Frankenstein es más similar al estilo de cinematografía televisiva de El Gabinete de Curiosidades (2022) que a la de los otros trabajos del realizador, lo cual no impide que, de la mano de cinefotógrafo Dan Lausten, siga entregando un deleite para las pupilas que es preferible ver en el lienzo más grande posible.

Si se trata de un cierre a una etapa dentro de su filmografía, como Guillermo del Toro lo ha declarado en entrevistas, Frankenstein es un epílogo decente que reúne sus mayores fortalezas, pero también un gran número de sus debilidades, entregando una adaptación que no decepciona pero tampoco sorprende.

Su carisma logra encubrir muchos de sus errores pero, en lo personal, me deja deseoso por ver lo que Guillermo del Toro podría decir en otros registros, como en la animación o en su ya anunciado thriller criminal, ya que el poeta de lo monstruoso parece haberse topado con un estándar autoimpuesto cada vez más difícil de superar.

¿Ya viste Frankenstein, qué te pareció?

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