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Crítica de ‘Mickey 17’: Pattinson y unos ‘gusanos’ salvan la aventura espacial de Bong Joon-ho

Mickey 1

Si la comparamos con los grandes títulos de Bong Joon-ho, Mickey 17 (2025) es más directa y redundante en sus mensajes, lo cual es un defecto por el uso de clichés vistos en Okja (2017) o Snowpiercer (2013), pero también una virtud, pues le permite al cineasta crear otra exagerada sátira bajos sus propios códigos. 

Para escapar de un sádico usurero, Mickey Barnes (Robert Pattinson) se enlista como “prescindible” en la expedición colonizadora a Niflheim, planeta habitado por una comunidad de gusanos. Tras regresar de una misión, la diecisieteava versión de Mickey se encuentra con otra réplica de su cuerpo, lo cual viola la ley que prohíbe la existencia de “múltiples”.  

Lo atractivo de la ciencia ficción creada por Bong Joon-ho radica en las notas de ternura que el realizador inyecta a sus historias, ya sea mediante encantadoras criaturas o los lazos afectivos entre los personajes. Para su adaptación de la novela Mickey7 (Edward Ashton, Editorial Minotauro), el director surcoreano explota los rasgos dulces de dos elementos en la película: los bebés “creepers” y el carisma de Robert Pattinson. 

Al igual que Oscar Isaac en Moon Knight (Disney+), el talento actoral de Pattinson interpretando una doble personalidad es el componente más importante y audaz de la ficción, pues la versión “afable” de Mickey (quien también sirve de narrador) es el tipo de rol que destruye ficciones si el intérprete no da la dosis perfecta de patetismo al personaje. Para cubrir el espacio que Song Kang-ho suele llenar en sus filmes, Bong Joon-ho saca del actor británico una faceta cómica que aporta verosimilitud y dinamismo a esta fantasiosa crítica social, la cual no funciona del todo bien cuando el “prescindible” protagonista no está en pantalla. 

Como entretenimiento cómico, Mickey 17 tiene bastantes subtramas que desaceleran la aventura del protagonista, secuencias que pudieron ser depuradas en beneficio del ritmo general del largometraje. Los negocios sucios de Timo (Steven Yeun), el tráfico de drogas o las irritantes intervenciones de Marshall (Mark Ruffalo) son elementos que robustecen una historia que ya era compleja con la “fragmentación” de Mickey y su adorable romance con Nasha (Naomi Ackie). 

'Mickey 17' (Bong Joon-Ho, 2025)
‘Mickey 17’ (Bong Joon-Ho, 2025)

Como entretenimiento cómico, Mickey 17 tiene bastantes subtramas que desaceleran la aventura del protagonista, secuencias que pudieron ser depuradas en beneficio del ritmo general del largometraje.

Bong Joon-ho aborda demasiados tópicos en su distopía, con el objetivo de convertir una historia ligera en pesada crítica al fanatismo ultraconservador durante la era Trump. En consecuencia, los villanos que representan dichos problemas se sienten como innecesarios añadidos que restan importancia a la conexión entre Mickey y los gusanos, quienes comparten la misma condición de “ratas de laboratorio”. Más allá de la caricatura política, lo realmente importante es la sátira sobre el falso progreso científico, capaz de crear vacunas en los mismos laboratorios donde se creó la enfermedad. Lamentablemente, el cineasta da mayor protagonismo a una parodia política que ya hemos visto en demasiadas películas.

Si la comparamos con los grandes títulos de Bong Joon-ho, Mickey 17 es más directa y redundante en sus mensajes, lo cual es un defecto por el uso de clichés vistos en Okja (2017) o Snowpiercer (2013), pero también una virtud, pues le permite al cineasta crear otra exagerada sátira bajos sus propios códigos. A partir de un humor muy ingenuo, el argumento hiperboliza la estupidez humana mediante arquetipos maniqueístas que sintetizan los conflictos que plantean la space opera de Edward Ashton. La falta de matices bien definidos en los personajes (incluyendo al protagonista) ocasiona que la película vacile entre lo naif y la denuncia social, cayendo en un vacío discurso anticapitalista que no ofende directamente a nadie. 

Lo anodino de Mickey 17 también se debe a que la película es pudorosa en el uso de violencia, la cual no llega hasta la tardía aparición de Luko y Zoco. Como adaptación, no tiene sentido incluir en el argumento la perversión del prestamista o aumentar el número de muertes de Mickey si tal brutalidad gráfica no formará parte de la propuesta fílmica. La crueldad es un elemento que impulsa toda la trama, pero no está del todo fundamentada mediante imágenes, porque aunque el largometraje cuenta con un espectacular despliegue de efectos especiales y cinematografía (a cargo de Darius Khondji, director de fotografía de Okja), la acción se siente como otro producto comercial sin ningún reto para el espectador. 

Sin embargo, tampoco se trata de una película totalmente fallida, ya que la mayoría de sus problemas se encuentran en una edición saturada de personajes y actos prescindibles. Mickey 17 es como una buena serie televisiva comprimida en un apresurado montaje de dos horas, algo evidente en sus múltiples deus ex machina (especialmente, un par de agentes encubiertos) y el abuso de la narración para sintetizar eventos y reflexiones importantes, como sucede con el prólogo o la historia de Alan Manikova. 

Al final, lo más disfrutable de la película son los momentos “bizarros” que dan autenticidad a la ficción, como la plegaria cantada por Toni Collette, la ilógica presencia de un “hombre paloma” o el traductor de gusanos. Definitivamente, Mickey 17 no cumple con las expectativas post-Parásitos, pero al menos es un producto que guarda en cada fotograma la fascinante esencia del impredecible cine de Bong Joon-ho.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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