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Hombre Lobo: Whannell cambia la licantropía clásica por un drama sobre padres e hijos

critica hombre lobo wolf man 2025 Leigh Whannell zoomf7

Tras años distanciados, Blake (Christopher Abbott) es notificado sobre la muerte de su padre. Como un respiro a su desgastado matrimonio, el protagonista realiza un viaje a la zona rural de Oregon con su esposa (Julia Garner) e hija, para visitar el hogar de su infancia. Sin embargo, una bestia los ataca en el camino, logrando herir a Blake en el brazo.  

Es lamentable que Hombre Lobo (Wolf Man, 2025) tenga un argumento tan simple, pues su desarrollo sobre las paternidades era muy atractivo. Abordando otro tipo de violencia, la producción buscaba replicar la fórmula temática de El hombre invisible (The Invisible Man, 2020), pero lo interesante del tópico se fue desvaneciendo a lo largo de una historia que no concluye ninguno de los enfoques de su premisa. 

Cuando la película arranca se plantean demasiadas situaciones: un matrimonio al borde del divorcio, desencuentros familiares y un protagonista a punto de entrar en una grave depresión. Tales aspectos son sugeridos como claves para la posterior transformación de Blake (Abbott), pero toda la tensión se enfría de golpe cuando la trama se mantiene en el nivel más bajo de originalidad. La complejidad temática del inicio desaparece, dejando al público varado en una ficción predecible, monótona y sin suspenso.

Abusando del minimalismo argumental, los guionistas (Leigh Whannell y Corbett Tuck) sustituyen diálogos por gestos y miradas que pretenden crear un lenguaje “telepático” entre los personajes. Sin importar lo mucho que se esfuercen Abbott y Garner por comunicarnos emociones con sus rostros, la metamorfosis del patriarca pierde todo el dolor y sufrimiento que habrían aportado un par de conversaciones bien desarrolladas.

Y lo peor es que hay grandes intenciones en la escritura de esta reinvención del monstruo de Universal, las cuales son demostradas con el emotivo paralelismo entre Blake (Abott) y su padre. Como una especie de Affliction (1997) con “hombres lobo”, el protagonista vive atormentado por el miedo a replicar los patrones tóxicos de su progenitor, pesadilla que termina convirtiéndose en realidad con la entrada de la “fiebre de las colinas” a su torrente sanguíneo. 

La interpretación de Christopher Abbott logra transmitir la angustia de saberse condenado por el instinto primitivo transmitido por la enfermedad, aunque ya había cierta pulsión adormecida en su interior. La violencia de género de El hombre invisible tiene ecos en la agresiva personalidad del padre interpretado por Sam Jaeger en el prólogo, cuyo intento de “proteger” a su hijo evidencia un comportamiento tóxico que deja secuelas traumáticas en el pequeño Blake, quien apenas y recuerda a la bestia acechando en el bosque. Por desgracia, esa infancia difícil poca importancia tiene en la metamorfosis del protagonista, más allá de un tatuaje que sirve de predecible giro de tuerca final.  

critica hombre lobo wolf man 2025 Leigh Whannell

No obstante, el mayor error de esta reinvención del monstruo clásico fue quitarle los rasgos místicos al “hombre lobo”, pues estamos frente a una película de virus y contagios, no sobre licantropía. Leigh Whannell intenta ser original, pero en el proceso elimina todo el “folclore” que envuelve a la criatura, como la luna llena o la magia negra. La innecesaria ausencia de dichos códigos empobrece la propuesta cinematográfica, puesto que el juego de depredador y presa no tiene mucha complejidad ni suspenso. Es decir, si se alejaba tanto de la tradición, ¿por qué no diseñar algo nuevo que no genere expectativas?

El mayor error de esta reinvención del monstruo clásico fue quitarle los rasgos místicos al “hombre lobo”, pues estamos frente a una película de virus y contagios, no sobre licantropía.

El nuevo título de Blumhouse tampoco está a la altura en su cuota de horror corporal. Teniendo grandes antecedentes ochenteros, como Un hombre lobo americano en Londres (1981) o The Company of Wolves (1984), resulta mediocre el uso de efectos prácticos en Hombre Lobo, ya que la ejecución no cumple con ninguna función en la historia, aparte de integrar el disfraz/botarga de los infectados. La fantasía de una gran fiera amenazante se reduce a cuerpos en estado de descomposición, lo cual es más trágico que siniestro. 

Salvo algunas escenas shockeantes, como ver a Blake mordisquear su propio brazo, el largometraje se queda corto en todos sus intentos por producir miedo o repulsión en el público. Mediante composiciones que mezclan penumbras, luces dramáticas y un par de planos ingeniosos en “el puesto de comando”, Whannell  y el director de fotografía (Stefan Duscio) buscan vías más conceptuales (y económicas) para evocar terror al puro estilo de Cat People (1942), pero nada evita la acumulación de malas decisiones en preproducción. 

Pese a lo elemental de la propuesta y la mala taquilla, Hombre Lobo está lejos de ser un fracaso absoluto, especialmente cuando la película depende enteramente de la brillante interpretación de Christopher Abbott, del mismo modo que Elisabeth Moss (El hombre invisible) y Logan Marshall-Green (Upgrade, 2018) ofrecían brutales actuaciones en otros filmes con protagonistas acorralados y sin oportunidad de escape. Dejando de lado el horror, el fatalismo vuelve a ser el eje en el cine de Leigh Whannell, visión pesimista que habría sido más impresionante si no estuviera relacionada con “hombres lobo”, porque es muy evidente que la licantropía solo era un gancho comercial. Con un poco de ingenuidad, el espectador podría disfrutar este nuevo intento por desempolvar a los monstruos de Universal.

Hombre Lobo está en cines de México 

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Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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