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La Confidente: retrato compasivo de una falsa sobreviviente

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La confidente es la primera serie francesa de Max. Un imperdible retrato dramático sobre la mitomanía, con una protagonista cuyos matices la alejan de la maldad pura.

Christelle (Laure Calamy) descubre la solución a todos sus problemas cuando se une a un grupo de sobrevivientes de los atentados de 2015, como supuesta amiga de una víctima hospitalizada. No obstante, su testimonio es una mentira para ganarse el afecto de Émilie (Annabelle Lengronne) y Myriam (Ava Baya), convertirse en miembro central de la naciente asociación Stand for Paris y, si es posible, cobrar la indemnización del Fondo de Garantía. 

En la comedia romántica Mientras dormías (While You Were Sleeping, 1995), la solitaria Lucy (Sandra Bullock) inventa una relación con alguien en estado de coma, a quien solo conoce de vista, mentira motivada por la acumulación de muchos sueños sin cumplir. Bajo las convenciones del género todo es perdonado, pero en la realidad sería vista como una absoluta villana egoísta y deshonesta. La Confidente (Une Amie Dévouée), primera serie francesa de Max, aborda el escenario más creíble, donde la protagonista es capaz de cometer abuso de confianza para formar parte de una historia que no le pertenece.

La confidente: imperdible retrato de la mitomanía 

Basada en la investigación de Alexandre Kauffmann (La Mytomane du Bataclan), la producción de cuatro episodios es un retrato dramático sobre la mitomanía, aunque también podría considerarse una crítica al narcisista FOMO (fear of missing out) que comparte toda una generación, puesto que “Chris” no es la única persona deshonesta en el relato. Incluso, el director de terror y fantasía Just Philippot aporta a su antiheroína varios matices que alejan al personaje de la maldad pura, sin llegar a idealizar su reprobable falta de escrúpulos. 

Similar a la protagonista de Enferma de mí (Syk Pike, 2022), Christelle utiliza el engaño para solucionar el vacío ocasionado por una vida llena de malas decisiones. La apasionada actuación de Laure Calamy nos revela los estragos de tantas frustraciones y anhelos rotos; pues, aparte del cobro de la indemnización, las mentiras son motivadas por la oportunidad de regresar a “los buenos tiempos”. En consecuencia, el grito final por “una canción más” es igual de doloroso que la decepción de sus compañeros activistas traicionados. 

El equipo creativo de la serie buscaba hablar sobre la “marginalidad” del personaje; algo complicado, considerando el delicado contexto de la historia. Teniendo como referencia Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, 1985) de Agnès Varda, aunque se parece más a la deslealtad circunstancial de Rosetta (1999), Philippot y guionistas desafían al espectador a no empatizar con un ser deshonesto, que alberga en su personalidad parte de nuestra propia vileza cotidiana, como miembros de sociedades corruptas y egoístas.

La miniserie solo muestra el rol de Facebook y Twitter en el stalkeo y la creación de identidades falsas, pero también cuestiona a la actual megalomanía en la creación del “yo” digital, sin pensar en el impacto de nuestra fabricada imagen en redes sociales. El frívolo interés por convertir una causa altruista en “fiesta personal” es similar a la reacción del usuario promedio de Instagram frente a una catástrofe o tragedia, sed de notoriedad que no es distante al ilegal modus operandi de Christelle. Aun cuando la mitomanía al nivel de Tania Head (falsa víctima del 11-S) supera el límite de lo justificable, la producción espera que la audiencia se identifique con el personaje de Calamy, tanto en lo positivo como en lo negativo. 

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‘La confidente’ (2024)

A la protagonista acompaña un grupo de sobrevivientes que evoca la onda expansiva del trauma, que va desde la negación hasta la furia. Con total delicadeza, La Confidente ahonda en cómo Florence M. (la verdadera Christelle) se convirtió también en un apoyo significativo para quienes la conocieron. Lo anterior vuelve aún más compleja la serie, porque captura lo ambivalente del drama humano, sin emitir juicios rotundos, como lo hace el cine social de los hermanos Dardenne o Ken Loach. Es decir, no dejar de ver a la persona, sin importar su actuar criminal. 

Como si fuera una “chica Almodóvar”, Calamy utiliza la exageración histriónica para exaltar los rasgos particulares de Christelle, como su nivel socioeconómico, edad y gustos. El contraste del trasnochado glam rock de su guardarropa con el resto de personajes remarca el aislamiento de la protagonista y su desesperación por reintegrarse al circuito musical del cual fue expulsada. Dichos elementos nos recuerdan constantemente la barrera social entre “Chris” y los demás, línea más o menos desdibujada por sus mentiras. 

El estilo sombrío y decadente de la miniserie es otra extensión de la primavera tardía del personaje, convirtiéndose en un limbo retro lleno de rock y referencias musicales donde el tiempo parece detenido. Sin embargo, la producción evita el espectáculo audiovisual (por obvias razones), para no distraer al espectador de la profundidad dramática del guion. La Confidente va más allá de lo anecdótico, logrando adentrarse a la mente caótica de Christelle, un arriesgado juego de subjetividad que merece más reconocimiento y visualizaciones. 

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Series

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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