Mr Bates vs The Post Office: la función social de la TV que habíamos olvidado
Mr Bates vs the Post Office es el tipo de serie que merece la recomendación de boca a boca, ya sea por su contexto político o por las excelentes actuaciones de su elenco, magistralmente liderado por Toby Jones y Monica Dolan.
Tras ser despedido, el extrabajador del servicio postal Alan Bates (Toby Jones) lidera una cruzada colectiva contra la compañía minorista Post Office, que mediante el software Horizon incriminó en delitos de fraude a cientos de colaboradores del Reino Unido. En los cuatro episodios de esta miniserie conocemos las consecuencias trágicas de dicho “error judicial” en la vida de los acusados, quienes después de 20 años no han obtenido ninguna indemnización por parte de la empresa o del Estado.
Pocas producciones tienen tanto compromiso social como Mr Bates vs the Post Office (disponible en USA mediante PBS), la cual, a medio año de su estreno en Reino Unido, obligó a Paula Vennells (exdirectora del Servicio Postal) a devolver su título en la Orden del Imperio Británico y llevó al primer ministro Rishi Sunak a elaborar un proyecto de ley para exonerar a todos los operadores procesados. Sin embargo, cualquier acción del Estado resulta absurda en comparación con las dos décadas que los afectados han luchado contra un injusto sistema que únicamente beneficia a los empresarios y políticos, mientras se pisotean los derechos de miles de trabajadores.
El extraordinario guion de Gwyneth Hughes (The Girl, 2012) remarca constantemente la decadencia del capitalismo, siendo el “escándalo de la Post Office” un ejemplo perfecto sobre la denigración humana que ocasiona el poder político de las empresas, influencia en las decisiones gubernamentales que llega a alcanzar niveles perversos. “Se supone que es el país más civilizado”, exclama un testigo como crítica a la colaboración del Estado en la criminalización de inocentes, mostrando más interés en proteger la reputación de una institución que la vida de las personas.
Aunque al principio parece otra dramatización televisiva convencional, Mr Bates vs the Post Office termina deviniendo en un realismo social crítico e iracundo contra la oligarquía. La corona británica (“Amamos a la reina, ¿no?”) y la cultura organizacional se convierten en símbolos de la siniestra frivolidad que envuelve el destino de los personajes; un escenario de terror donde el gobierno permitió a una empresa robar el patrimonio de las personas con total impunidad, incluso, esperando que los acusados recibieran el injusto castigo con cordialidad y sin reclamos.

Tras años de lucha en tribunales, la producción de ITV (UK) ni siquiera busca justicia, sino aportar una piedra más al descontento social. Es conmovedor que el show televisivo plantea a la colectividad como una forma de superar la devastación emocional de los trabajadores estafados, pues una de las artimañas de la Post Office era hacer sentir a los afectados que eran los únicos con “adeudos”, llevándolos a un grado extremo de pánico y aislamiento en el que no fueran capaces de pedir ayuda; es decir, explotar la “individualidad” tan promovida por el capitalismo más feroz. En la línea del mejor cine rojo de Ken Loach, la miniserie profundiza en los vínculos y lazos afectivos construidos durante la lucha, porque al final del día es lo único que nos lleva a no perder la razón cuando todo está perdido.
Lamentablemente, Mr Bates vs the Post Office no se encuentra en ninguna plataforma, pero es el tipo de serie que merece la recomendación de boca a boca, ya sea por su contexto político o por las excelentes actuaciones de su elenco, magistralmente liderado por Toby Jones y Monica Dolan. Sin ambiciones narrativas y un presupuesto modesto, cada episodio nos adentra con absoluta espontaneidad en la complejidad del conflicto financiero, pues el director James Strong (colaborador en algunos episodios de Downton Abbey y Doctor Who) prioriza el drama humano por encima del suspenso y la polémica. Como resultado, la producción es empática con todas las historias de vida alrededor del “escándalo corporativo”, incluso con quienes negociaron acuerdos con la empresa, debido a que la miniserie es una denuncia directa y concisa, sin matices argumentales que despierten distracciones ideológicas en la audiencia.
Se trata de una historia local, relativamente desconocida hasta la emisión del programa, pero el mensaje resuena en todos los países, cada uno con sus propias organizaciones carroñeras. Juicios sin evidencias, acoso corporativo y la obstrucción de apelaciones conforman esta siniestra crónica de 20 años de batalla legal, que mediante la ficcionalización de los hechos busca visibilizar la corrupción de todo un sistema. Mr Bates vs the Post Office es una producción que merece toda nuestra atención, ya sea como entretenimiento dramático o por su denuncia contra las alianzas entre el gobierno y las empresas.
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