‘Un lugar en silencio: día uno’: Sarnoski dirige una precuela insuperable
‘Un lugar en silencio: día uno’ tiene escenas memorables salidas del cine bélico más siniestro, como la evacuación o el descenso al subterráneo, donde el montaje se encarga de emular los diferentes estadios de la devastación.
Mientras Nueva York es atacada por los monstruos de las películas anteriores, Sam (Lupita Nyong’o) y su tiene escenas memorables salidas del cine bélico más siniestro, como la evacuación o el descenso al subterráneo, donde el montaje se encarga de emular los diferentes estadios de la devastación.gato Frodo se aventuran al Harlem con el objetivo de comer una última rebanada de pizza antes de morir, ya sea por los extraterrestres o a causa de la enfermedad terminal que ella padece. En el camino conoce a un atemorizado estudiante de Derecho llamado Eric (Joseph Quinn), quien se une a la expedición en lugar de dirigirse al punto de evacuación.
Aunque a esta franquicia le queda poco por explotar en precuelas y secuelas, también es cierto que todavía restaba espacio para una invasión alienígena por todo lo alto. El trailer de Un lugar en silencio: día uno (2024) nos dejaba bastante claro cómo sería el desarrollo de la acción en las calles neoyorkinas, solo faltaba conocer el otro elemento esencial que compone a las películas de John Krasinski: el trasfondo sentimental. Inesperadamente, esta nueva entrega es superior a las anteriores en dicho aspecto, debido a que la relación entre Sam y Eric termina prescindiendo del escenario apocalíptico para ahondar en temas más siniestros, como el abandono, los recuerdos perdidos y la soledad.
La elección de Michael Sarnoski como director fue una decisión perfecta, pues bastante de su ópera prima Pig (2021) está presente en la producción de Paramount, esencialmente por las similitudes entre ambos protagonistas: dos personajes sin nada que perder, en la búsqueda de algo (el cerdo trufero o la pizza de Patsy’s) con un valor sentimental más profundo de lo esperado. Las persecuciones y el suspenso no solo cumplen la función de entretenimiento; toda esa acción tiene el objetivo de preparar terreno para un conmovedor desenlace en el Harlem. Podrá parecer un momento dramático efectivo, pero en el fondo implica la suma de mucho ingenio creativo involucrado, incluyendo el asombro talento actoral de Nyong’o y Quinn.
En la historia de los Abbott había lazos afectivos fuertes, pero en cierto sentido estaban condicionados por el parentesco y la obligación de proteger a la camada. En cambio, Un lugar en silencio: día uno busca explorar el afecto desde una perspectiva que no sea el compromiso, la sobrevivencia o el heroísmo. En sus últimas horas, Sam (Nyong’o) ha cortado todo vínculo con las personas y la falsa afabilidad a su alrededor, llegando a gritar a su cuidador (Alex Wolff) que no es su “amigo” cuando este intenta ser empático con ella; palabras que tienen eco en la posterior hermandad con Eric (Quinn), porque la protagonista descubre en el ocaso de su vida una amistad más poderosa que el miedo a la muerte, algo casi imposible en un escenario tan aterrador como el fin de los tiempos.

En colaboración con John Krasinski, Sarnoski escribe y dirige un inusual blockbuster veraniego con alma de cine independiente. El toque personal del realizador es apreciable en la añoranza de los personajes por el hogar perdido, no tanto el lugar físico, sino la sensación de pertenencia. Para Sam y Eric, la felicidad se ha terminado mucho tiempo antes de la hora cero y su encuentro (aunque breve) viene a llenar los vacíos que han dejado sus respectivas tragedias… un tópico absolutamente indie. En ese sentido, el viaje suicida al Harlem les lleva a recuperar la vida perdida durante la enfermedad y a ser visible para alguien en esa ciudad extranjera. Las cosas no volverán a ser las mismas, así que Sarnoski convierte a esas horas de compañía en el último vistazo al hermoso mundo que se les va de las manos.
Siendo Niños del Hombre (Children of Men, 2006) la principal referencia, Sarnoski y Pat Scola (también director de fotografía en Pig) pasan del cliché apocalíptico de Krasinski a un terror que evoca al asolamiento provocado por la guerra. Pese al minimalismo de la historia, la película tiene escenas memorables salidas del cine bélico más siniestro, como la evacuación o el descenso al subterráneo, donde el montaje se encarga de emular los diferentes estadios de la devastación. La ciudad en ruinas no solo es un telón de fondo, pues el gran diseño de producción logra que se convierta en una representación gráfica de las emociones de Sam y Eric: desde el espectáculo de marionetas al inicio del filme, hasta la hermosa iglesia destruida con sobrevivientes orando en silencio.
En conclusión, Un lugar en silencio: Día uno es una precuela perfecta, debido a la libertad creativa de la producción en la expansión del universo imaginado por Bryan Woods y Scott Beck: cumple con las expectativas del público general, pero al mismo tiempo nos ofrece un emotivo relato sobre el encuentro de dos almas rotas durante el fin del mundo. El trabajo de Michael Sarnoski demuestra que el éxito de esta franquicia, sobre monstruos alienígenas, depende de la sensibilidad de los próximos directores y guionistas para explorar en las profundidades del corazón humano.
Un lugar en silencio: día uno está en cines de México.
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