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Profesión Peligro: como las margaritas, muy dulce, pero nada del otro mundo

Profesión Peligro: como las margaritas, muy dulce, pero nada del otro mundo

Profesión Peligro funciona más como chick flick, porque prevalece la estrategia comercial (de explotar la buena racha  de Gosling) sobre el cine de acción.

Tras sufrir una aparatosa caída que lo dejó incapacitado, el doble de riesgo Colt Seavers (Ryan Gosling) es contactado por la productora Gail Meyer (Hannah Waddingham) para regresar a los rodajes. Durante la nueva filmación, el stuntman se reencuentra con la directora Jody Moreno (Emily Blunt), su novia antes del accidente, pero la reconquista es interrumpida por la incriminación de Colt en un homicidio. Ahora, con la ayuda de su amigo Dan (Winston Duke), el protagonista debe encontrar al verdadero culpable. 

La filmografía de David Leitch es un tanto irregular, porque a nivel visual y técnico son películas impecables, pero se desmoronan por la falta del excitante  plus que tienen otras producciones contemporáneas, como la saga John Wick, de la cual es productor ejecutivo. Tanto Atómica (2017) como Bullet Train (2022) tenían todo para convertirse en obras maestras del género, pero sus burdos argumentos —llenos de incongruencias, redundancias y clichés— rompen la fantasía construida por el arsenal de escenas de acción.

Con la “adaptación” del programa televisivo The Fall Guy (ABC, 1981-1986) sucede lo mismo: Profesión Peligro (2024) es una placentera parafernalia de efectos especiales y star power, pero sin esa chispa que te impulse a adorarla. En parte, porque Ryan Gosling tuvo demasiada participación en la producción, para destacar su “carisma” por encima del escaparate acrobático. A sugerencia del actor, el proyecto pasó de cine noir a comedia romántica, algo que no sería un problema si el guionista, el director y la sala de montaje se hubieran tomado la molestia de compaginar el thriller con el romance. 

La película es el producto de un alocado brainstorming donde nada fue descartado. Sin un guion sólido y coherente, el argumento va dando volantazos entre múltiples géneros, con el objetivo de llevar la historia a forzadas escenas donde Gosling pueda lucirse frente a las cámaras. La comedia y el romance (aportaciones del intérprete) sabotean la acción a tal nivel que cuando aparece el cadáver en la bañera, después de 40 minutos de rom-com, el suspenso se siente ajeno al flirteo entre Colt (Gosling) y Jody (Blunt). Esa desproporción de estilos ocasiona que sea imposible tomar en serio las aparatosas escenas de pelea, porque no hay el mínimo de tensión necesaria para mantenernos a la expectativa.

Profesión Peligro: como las margaritas, muy dulce, pero nada del otro mundo
‘Profesión peligro’ (David Leitch, 2024)

Profesión peligro pretendió realizar el homenaje definitivo a los dobles de acción, no obstante, es una involuntaria parodia de la industria hollywoodense. Nada en este largometraje es verosímil, mas no porque esté mal filmado, al contrario, todo está desorbitado al punto de sustituir la figura del stuntman por un superhombre. Lo que pudo ser el MacGyver de los efectos especiales se queda en un genérico personaje de acción que podría dedicarse a cualquier oficio. De hecho, salvo la escena del bidón de gasolina, jamás vemos el talento de Colt fuera de los sets de filmación, lo que ayudaría a remarcar su maestría como profesional de riesgo. Lo mismo sucede con los behind the scenes durante los créditos, que en lugar de presentarnos formalmente a los cinco dobles de Ryan Gosling, se esfuerzan por mostrarnos lo buena persona que es el actor con el staff. 

Aunque Profesión Peligro intenta cuestionar el poco reconocimiento a los especialistas en acción, no se atreve a tocar temas escabrosos. La película dejó pasar la oportunidad de convertir a Tom Ryder (Aaron Taylor-Johnson) en una crítica a actores como Tom Cruise (y su dudosa independencia de los dobles de riesgo), pero el personaje resulta otro villano tradicional sin ningún trasfondo importante. Realmente, todo en Profesión Peligro tiene esa misma tibieza: por momentos parece que algo sorprendente e inesperado sucederá y el resultado final siempre está por debajo de las expectativas, sin importar lo espectacular de las imágenes. 

Aunque no es una maravilla del género, también sería injusto no reconocer lo positivo de la película como entretenimiento pasajero. Parecido a sus entregas previas, las escenas de acción diseñadas por Leitch son efectivas al margen de la trama, ya que no es necesario ver las dos horas de metraje para asombrarte con el salvaje virtuosismo de todos los departamentos técnicos. La secuencia en la playa y el desenlace son asombrosas bacanales para los amantes del cine de acción, pues se percibe el esfuerzo y el coraje para lograr lo imposible.

La dupla Blunt-Gosling es otro acierto: un romance a la vieja escuela, donde las llamadas a lo Pillow Talk (1959) o la escena del karaoke son los únicos momentos “no acrobáticos” que dan sentido a este barroco producto cinematográfico, el cual fracasa en su intento de emocionar por todos los medios. Al final, Profesión Peligro funciona más como chick flick, porque prevalece la estrategia comercial (de explotar la buena racha  de Gosling) sobre el cine de acción. Lamentablemente, si David Leitch estuvo o no detrás de cámaras, deja de importar desde el inicio de la película.

Profesión peligro está en cines de México 

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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