Firma Aquí: las distopías tecnológicas requieren nuevos tópicos
Firma aquí pudo alcanzar las cavilaciones elevadas de Her, pero fracasa al caer en lugares comunes de la comedia romántica nacional.
Forever es un Tinder futurista que promete encontrar a tu pareja ideal. Cansada del algoritmo, Fran (Regina Blandón) altera su formulario en la app con preferencias opuestas a las suyas. En el carrusel de opciones conoce a Roque (Leonardo Ortizgris), alguien muy diferente a su estándar de “hombre perfecto”, con quien decide firmar contrato por cuatro años.
En 2011 se estrenó el primer episodio de Black Mirror y desde entonces su modelo tecnofóbico ha perdido fuerza por la redundancia de temas en el proyecto de Charlie Brooker (y en otros títulos basados en la serie). Los comentarios en el trailer de Firma Aquí (2024) ya vaticinaban que estaría fuertemente inspirada por el episodio Hang the DJ, tanto en forma —replicando el conteo regresivo de los años— como en contenido, planteando una resistencia a las normas de la aplicación.
Sin embargo, lo problemático de esta producción mexicana no es la inspiración en dicho capítulo —ni a The Entire History of You, cuando abordan la renuencia a la app—, sino el tosco diseño de esa corporación llamada Forever. En lugar de construir una realidad distópica acorde a conversaciones actuales, el concepto del mecanismo del sistema se reduce a una básica parodia del botón de Cut; una metáfora fantasiosa que pudo alcanzar las cavilaciones elevadas de Her (Spike Jonze, 2013), pero fracasa al repetir los lugares comunes de cualquier comedia romántica nacional.
Mismo caso de otros fallidos productos de ciencia ficción romántica, como el test de las uñas en Fingernails (Christos Nikou, 2023) o el episodio The One de Weird City (YouTube Originals), los guionistas (Maria Torres y Enrique Vázquez) dan demasiada importancia al factor tecnológico, para terminar reduciéndolo a una cuestión tan banal como encontrar “el amor verdadero”. En Firma aquí son exagerados los conflictos mentales sobre estar o no “en pausa”, porque no hay alguna adversidad que condicione el comportarse de una forma u otra, como podría ser la soltería castigada en Langosta (Yorgos Lanthimos, 2015) o el duelo patológico en Fruto de la memoria (Christos Nikou, 2020).

Es frustrante ver al argumento redundar en “la biología del amor”, cuando hay otros tópicos más trascendentales que la trama aborda superficialmente, como el conflicto de la protagonista con los roles de género y otros prejuicios. El tema de “cuchara grande y cuchara chica” es de lo poco notable del guion, porque entra en terrenos escabrosos de la sagrada heteronorma mexicana. Y aunque luego se desvía en pajas mentales sobre si el amor es para toda la vida, resulta inteligente la reflexión sobre la búsqueda de parejas en apps de citas, pues todo se reduce a encontrar a la persona menos incómoda y desagradable, para cumplir con la norma social de no vivir en soledad.
Firma Aquí se vuelve interesante cuando aparece el personaje de Leonardo Ortizgris, un teto medio tóxico con apego a la familia tradicional. El esfuerzo de Fran (Blandón) por simpatizar con esa persona que no cumple sus gustos personales se va transformando en afecto hacia aquellas inesperadas particularidades del otro. Por un buen rato queda olvidado el tema de Forever, porque la película se adentra a un tierno romance lleno de claroscuros en el que ambos personajes van cediendo en sus requisitos de “pareja ideal” y construyen ese punto de referencia sentimental que hará tan difícil encontrar nuevas relaciones.
Lamentablemente, al final regresan con lo del “contrato” y se desvanece ese brillante arco dramático de la pareja, sólo por cumplir con la cuenta regresiva basada en Hang the DJ. Como si los diálogos estuvieran escritos por adolescentes, los personajes se obsesionan demasiado con “el amor” en su acepción más cursi, considerando que fácilmente pueden romper el contrato y continuar con sus vidas. En general, Firma aquí está hecha sobre una rígida fórmula que no permite a la historia tomar su propio rumbo, lejos de esa desgastada premisa tecnológica que únicamente sirve como gancho comercial para su marketing.
Pese a lo irregular de la propuesta, la ópera prima de Enrique Vázquez (coguionista de ¿Conoces a Tomás?) no decepciona en su totalidad. La presencia de Regina Blandón y Leonardo Ortizgris son los mejores aciertos, porque hay varias escenas, como el vergonzoso “momento del baile”, que se sostienen por el carisma de ambos actores y el compromiso con los personajes. Sin lugar a dudas, Firma Aquí habría sido una experiencia más elevada de no ser por la insistencia en entregar un producto 100 % comercial y convencional, sin importar que el corte final tenga la apariencia de algo visto decenas de veces.
Firma aquí está en cines de México (consúltalos aquí)
¿Ya viste Firma aquí, qué te pareció?
Categorías