Saltar al contenido

El niño y la Garza: la creación y destrucción según Hayao Miyazaki

Crítica 'El niño y la Garza'

En El niño y la garza Miyazaki entrega su película más personal e íntima, quizá bajo la idea de una carta de despedida e incluso como una especie de testamento sobre su legado.

Hablar del cine de Miyazaki lleva siempre a hablar de la posguerra, suceso que marcó al creador en su más tierna infancia. He ahí la razón por la cual el tema de la guerra se ve reflejado a lo largo de su obra fílmica. Si bien su cine siempre ha tenido algo de autobiográfico (¿qué artista no toma de su vida elementos para crear?) ya entrado en sus 80 años, el director se vuelva cada vez más transparente al mostrar aquello que lo ha trastocado en lo personal; tal es el caso de El niño y la garza, donde encontraremos elementos un tanto obviados en su filmografía, pero con la majestuosa creatividad y maestría que caracterizan al laureado director y a su estudio.

Diez años después del estreno de Se levanta el viento (2013), la que se presumía como su última película, Miyazaki vuelve con un nuevo largometraje. En El niño y la garza conocemos la historia de Mahito, un adolescente de 12 años que, tras la muerte de su madre (producto de un ataque bélico), se ve obligado a mudarse con la nueva familia que ha configurado su padre, un empresario fabricante de piezas de avión para la guerra. En su nuevo hogar se confronta con una enigmática garza que habita una extraña torre abandonada; el ave le asegura que su madre continúa con vida y que, para rescatarla, debe seguirla adentro de la torre.

Fiel a su estilo y a su escuela, Hayao Miyazaki arma una reflexión en torno a la guerra y sus consecuencias, mostrándolas tanto explícitamente como en los detalles que conforman el entramado; las localidades devastadas, las carencias en las despensas, los personajes acostumbrados a sobrevivir. En otros momentos, el cineasta ronda el plano de lo simbólico con elementos como los Warawara y las ideas entretejidas de la vida, la muerte y la devastación; las mujeres a través del tiempo y su labor de cuidado y restauración; la propia garza, pensada en la cultura oriental como una vagabunda deambulante en el mundo y el inframundo, quizá, incluso, por su naturaleza que le permite estar siempre entre lo acuático, lo terrenal y el cielo.

Dentro de estas interpretaciones nos detenemos en los personajes y el papel que juegan. Mahito es por mucho el personaje más infantil de Miyazaki, en el sentido que parece estar privado de palabra; el protagonista interactúa poco, habla poco, pero sus acciones demuestran el descontento con la situación que vive, con la forma en que lleva su duelo y con su familia. Mahito, al igual que Miyazaki, rompe el silencio pocas veces, pero cuando lo hace es contundente: no deja dudas, por ejemplo, cuando es cuestionado sobre si le gustó la comida.

Crítica 'El niño y la Garza'
El niño y la Garza (2023)

Por otra parte, lo autobiográfico parece convertirse en metaficcional. El libro que inspira a El niño y la garza , ¿Cómo vives?, aparece en la película, pero no sólo eso, sino que la historia de su escritura es similar a la que sucede en pantalla con el creador de mundos; se trata de una obra iniciada por un autor y concluida por un segundo. La torre aparece como un enigmático axis mundi al que nadie puede entrar, más que quien se atreve a transgredir. Es el lugar donde el creador de mundos se ha atrincherado, donde no dejará que nadie se introduzca, a menos que él así lo deseé. Se trata de un lugar atemporal, como el cine del Estudio Ghibli, al cual Mahito pretende adentrarse para posteriormente querer escapar a su propio mundo, no sin antes arreglar lo que considera que no funciona dentro de las dimensiones de la misma torre.

Quizá el tío creador de mundos es el personaje más interesante y medular, y en ese sentido resulta obvio que se puede entender a Miyazaki como el creador de mundos agotado de su labor en esta interminable tarea de acomodar y reacomodar sus 13 piezas de piedra, quizá las 13 películas del autor, y a Mahito como un heredero que se niega a continuar su legado. El creador preferirá ver a su creación destruida antes que dejarlo en manos de alguien que no desea asumir la responsabilidad de construirlo.

Es así como en El niño y la garza Miyazaki entrega su película más personal e íntima, quizá bajo la idea de una carta de despedida e incluso como una especie de testamento sobre su legado. A partir de la música, que rememora y retoma algunos leit motiv de otras bandas sonoras de sus películas, se crea la sensación de estar en una especie de recuento de su carrera. Fiel a su estilo, a las particularidades en sus escenas y encuadres, así como a la atención al detalle, el director hace que el espectador se deleite ante lo bello de la creación, pero también de la destrucción.

El niño y la garza continúa en cines 

Categorías

Crítica

4 comentarios sobre “El niño y la Garza: la creación y destrucción según Hayao Miyazaki Deja un comentario

Deja un comentario

Descubre más desde ZoomF7

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo