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Napoleón: una mezcla de cine épico y humor involuntario

Tras ser ascendido a general por su victoria en el asedio de Tolón, Napoleón Bonaparte (Joaquin Phoenix) conoce a la viuda Josefina de Beauharnais (Vanessa Kirby) durante un “baile de las víctimas”. Esta versión “corta” del biopic explora a grandes rasgos su matrimonio y cómo los conflictos conyugales influyeron en las victorias y derrotas del emperador francés.  

A propósito de biopics ¿qué es más memorable? ¿La formal visión de Spielberg sobre Lincoln (2012) o la María Antonieta (2006) vistiendo Converse de Sofía Coppola? ¿Una dramatización efectiva como Judy (2019) o algo más estridente y subjetivo como Rocketman (2019)? Posterior a la controversia sobre el rigor histórico,  queda claro que el Napoleón (2023) de Ridley Scott da mayor importancia al impacto visual y no a la revisión monográfica de los hechos, porque ¿quién quiere ver una recreación histórica juiciosa, pero acartonada, como Gandhi (1982) a estas alturas? 

Desde su inicio, mostrándonos la decapitación de María Antonieta en primer plano, Ridley  Scott establece la línea hipersubjetiva del largometraje, abordando la vida del militar a través de un filtro contemporáneo, pero sin llegar al anacronismo extremo que Los Bridgerton ha puesto de moda. Dicho esto, el filme recuerda bastante al estilo de Miloš Forman, quien filmó a Mozart con batuta en mano, cuando jamás dirigió una orquesta, llevando al personaje histórico a una versión hiperbolizada, pero verosímil para la audiencia. 

Napoleón está compuesto por una cordillera de picos impresionantes, donde el maximalismo es usado para ensalzar batallas o eventos famosos que sobresalen en el imaginario colectivo, como la coronación, recreando a detalle la obra de Jacques-Louis David, quien incluso aparece dibujando un boceto. No obstante, dichos puntos dramáticos (minuciosamente planificados) son seguidos por postales grotescas del regente, casi llamando a las puertas del humor involuntario

Ya sea el Napoleón de alcoba o aquel huyendo a gatas del enfurecido Consejo de los Quinientos, Ridley Scott explora otra dimensión desprolija de la “leyenda” que amalgama perfectamente con su Rashōmon medieval (El último duelo, 2021), remarcando que la historia oficial es un eterno borrado de patéticos episodios y actos ruines. A nivel interpretativo, Joaquin Phoenix recurre al perfil actoral más frenético, con su personalidad mediática apenas desvanecida, para alejarse del ídolo histórico y jugar bajo sus propias reglas; en pocas palabras, apropiarse del personaje a lo Marlon Brando, quien también interpretó a Napoleón. 

Napoleón: todo sobre la película de Ridley Scott con Joaquín Phoenix
Napoleón 2023

Pese a lo negativo de seleccionar a actrices más jóvenes de lo requerido por el personaje, la Josefina de Vanessa Kirby es el mayor logro en la película, pues evita la reputación de personaje maquiavélico y le da peso dramático en la carrera militar de Napoleón. Las emociones y pensamientos de la emperatriz no son expresados con palabras, sino mediante el lenguaje no verbal de Kirby, extraordinario trabajo interpretativo que establece un diálogo con el espectador sobre el desdén y hastío que debió silenciar para no perder su estatus político y social. Un magnífico remate a todo esto es la “cita”: “te dejé libre para que llegaras a la ruina”, resumiendo su importancia argumental desde un plano casi secundario. 

Más allá de su trama, se puede entender a Napoleón como un ejercicio de proeza técnica, donde Ridley Scott reafirma su ingenio para transformar en ostentoso lo que otro director resolvería de forma práctica. El realizador convierte a la brutalidad bélica en un eye candy distribuido en pequeñas dosis a lo largo del metraje. Decisiones como reducir la batalla de Austerlitz a los estanques helados del Satschan o enfocar los cuerpos desmembrados durante la Insurrección Realista dan al filme un salvaje toque fantástico que lo acerca más a Juego de Tronos que al biopic tradicional. 

Todo es espectacular en términos generales, pero tiene un serio problema: la edición, con demasiados eventos aislados que, si no fuera por cultura general, jamás sabríamos su importancia en la cronología de los hechos. El percance es aún más evidente debido a la saturación de rótulos con ubicaciones y nombres para no perder el hilo narrativo, haciendo que la experiencia sea más parecida a ver un documental dramatizado y no lo nuevo del director de Gladiador (2000). Napoleón debe tomarse como simple vistazo cinematográfico de aquello próximo a estrenarse en Apple TV+, una degustación para dimensionar lo espectacular de las imágenes que veremos en pantalla chica. 

Cines donde puedes ver Napoleón en México

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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