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Licorice Pizza: amor entre dos seres atractivamente imperfectos | Crítica

Licorice Pizza | Crítica

Por: Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Inspirada en recuerdos del productor Gary Goetzman, Licorice Pizza cuenta el flirteo entre el adolescente Gary Valentine (Cooper Hoffman) y Alana (Alana Haim), una chica diez años mayor. Mediante postales nostálgicas del Valle de San Fernando de los 70, se desarrolla una coming-of-age romántica ambientada en un excéntrico entorno con posibilidades infinitas. Aunque a veces absurda, el director afirma que la mayor parte de la ficción está inspirada en anécdotas reales.  

Las relaciones afectivas en las películas de Paul Thomas Anderson se fundamentan en la toxicidad del apego y los celos. Sus obras más sentimentales, Embriagado de Amor (2002) y El hilo fantasma (2016), cuentan con retorcidas dinámicas de pasiva violencia psicológica, basadas en la sumisión y el sometimiento, mecánicas amorosas que no suelen ser claras en sus razones y terminan siendo ambiguas y sin sentido (como todo en el universo de PTA).

En Licorice Pizza la seducción es más legible que en el resto de películas del autor, ya que los encuentros y desencuentros de la relación están motivados por el estrambótico entorno social, síntoma de la era Nixon. La corta diferencia de edad tiene relevancia central en la trama, ocasionando un choque entre la desesperación de Alana por comenzar una estable vida adulta y la inmadurez de Gary, quien un día funda una compañía de camas de agua y al otro una de pinball, resultado de la inestable economía del momento.

Aunque se trata de una recreación histórica de los 70, el trasfondo social la acerca más a comedias de finales de siglo, como Suburbios de Beverly Hills (1998) o Election (1999), donde la irreverencia juvenil es vista con ojo crítico y moral.  Desde el inicio se deja claro que andar con Gary es la peor decisión que podría tomar Alana, por tal razón elige rumbos que no parecen gustarle del todo, como buscar un antipático novio judío, entrar a la política o conseguir un papel junto a Jack/William Holden (Sean Penn). El desencanto resultante de esos fallidos intentos por “madurar” la regresan a Gary, quien parece estancar aún más su vida.  

Licorice Pizza: amor entre dos seres atractivamente imperfectos | Crítica

Si bien parece discordante con el resto del filme, el episodio de Joel Wachs (Ben Safdie) es el más importante para el arco narrativo de Alana, quien en búsqueda de una vocación elevada termina topando con la punta de la podrida vida política. Por su parte, Gary ha perdido el carisma como estrella infantil e inicia la exploración de formas poco éticas para ganar dinero. En oposición a Alana, él se deja llevar por la rapaz oferta y demanda; dicha fractura entre ambas visiones del mundo genera el verdadero conflicto del largometraje.

El conjunto de fragmentos que conforman la trama parecen episodios sin sentido, pero las referencias melancólicas al pasado enlazan la historia a partir de canciones, colores y modas vintage. En oposición a otras “cartas de amor a Hollywood” recientes (la de Tarantino es la más mencionada por la crítica), el ojo de Paul Thomas Anderson se muestra menos romántico que el de sus colegas, ofreciendo excelentes parodias del histérico star system setentero. Los personajes de Sean Penn y Bradley Cooper representan al viejo y “nuevo” Hollywood del momento, respectivamente, y ambos son igual de patéticos para el fresco universo que la juventud angelina le ofrece a la pareja.

Si El hilo fantasma (2016) parecía un avance acelerado hacia el clasicismo más rígido, Licorice Pizza regresa al formato más elemental de trama anecdótica sin (aparente) hilo conductor, acompañada de una “modesta” fotografía (en la escala PTA) que sólo tiene por objetivo hacer lucir a los jóvenes actores. Dejando de lado la controversia sobre el racismo del gag asiático, la película habla en lenguaje centennial, generación insegura frente al porvenir en una sociedad cada vez más crepuscular. A nivel autoral, el filme es una evolución fresca en la carrera de Paul Thomas Anderson, en parte, gracias a los emergentes Hoffman y Haim, quienes hacen entrañable a esta historia de amor entre dos seres atractivamente imperfectos.

Ve aquí el trailer de Licorice Pizza 

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