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Seis películas para entender el cine colombiano de la última década

Seis películas para entender el cine colombiano de la última década

La importancia del cine latinoamericano no está a discusión. Su aportación creativa en la historia del séptimo arte se refleja en el interés del cinéfilo mundial, quien voltea a ver sus películas producidas, a sus directores e incluso su participación destacada en festivales o sus premios obtenidos. Y de entre los países latinoamericanos con más proyección internacional está Colombia; sus películas, tanto ficción como documental, representan los efectos y las consecuencias de un pasado turbulento (aunque con mucho respeto para su presente histórico), además de gozar de una alta capacidad creativa para abordar distintos temas sin ningún tipo de restricciones artísticas.

Sin embargo, es interesante notar un fenómeno en Colombia, compartido con México y otros países latinoamericanos respecto al desempeño en salas de su industria fílmica: hay una disparidad importante entre los éxitos de crítica y los de taquilla; sus películas más exitosas en festivales no precisamente son las que más recaudan, siendo superadas por comedias románticas o enfocadas a un consumo más popular. A pesar de esta cuestión, lo cierto es que esa industria es bastante productiva y hay muchos ejemplos de que la década pasada fue bastante prolífera para el cine colombiano.

Seis largometrajes emblemáticos del cine colombiano

Uno de los primeros ejemplos de esta productiva década para el cine colombiano es Los colores de la montaña (Carlos César Arbeláez, 2011), cinta en que conocemos a Manuel, un niño de un pequeño poblado quien tiene el sueño de ser un gran futbolista y cuyo padre le ha regalado en su cumpleaños un balón nuevo; no obstante, el sueño se hace más lejano cuando su pelota cae por accidente en un campo minado. Manuel trata de recuperarla con la ayuda de sus mejores amigos (Julián y Poca Luz) en múltiples intentos, a pesar del peligro de una explosión y en medio de un conflicto armado que amenaza con cimbrar a su comunidad.

Los colores de la montaña cine colombiano
Los colores de la montaña

La visión del director se complementa con la mirada inocente del pequeño Manuel, ofreciendo así una perspectiva infantil sobre este conflicto auspiciado por diferentes organizaciones combatientes (la guerrilla, los paramilitares y el ejército), las cuales afectan a todos los colombianos y propician una violencia que dio como resultado una alta incidencia de desplazamientos —y desapariciones forzadas—; mientras los niños se entretienen jugando futbol, pintando murales en la escuela u observando las inmensas y hermosas montañas, los adultos sobrellevan sus vidas en medio del conflicto sin poder defenderse de sus consecuencias.

Los colores de la montaña tuvo una destacada participación en festivales colombianos y extranjeros, resultando ganadora a Mejor Nuevo Director en el Festival de Cine de San Sebastián, La Taiga de Plata en el Festival de Cine Debutante Spirit of Fire, premios del público en los festivales de Cartagena de Indias y de Friburgo, así como el Premio a Mejor Película en el Festival de Cine de Bogotá.

En la misma línea de la violencia y los desplazamientos, se estrenó poco después La sirga (William Vega, 2012). Alicia es una chica que huye del conflicto armado que ha destruido a su pueblo y arrebatado a su familia; en su camino llega al hostal La sirga que dirige su tío Óscar, un adulto de mediana edad con sus propios embrollos internos. Este le ofrece refugio bajo la condición de que ella lo ayude con las labores de remodelación de la cabaña, la cual preparan para el arribo de hipotéticos turistas. Alicia reanuda su vida y recupera hasta cierto punto un nivel de cotidianeidad e independencia, aunque el fantasma de la violencia nunca deja de sentirse en el aire y amenaza con llegar a La sirga.

La sirga cine colombiano
La sirga

Filmada en 35 mm, La sirga es una película visualmente hermosa, con secuencias contemplativas que exploran la inmensidad y la belleza de la laguna de La Cocha, departamento de Nariño, donde fue rodada esta historia. Las imágenes no sólo tienen una intención estética, también narrativa: los paisajes vibrantes pero grises, los colores diversos pero opacos: todo esto junto se complementa para brindarnos una atmósfera lúgubre del lugar y una dimensión sobre la amenaza de esa violencia invisible pero siempre acechante. Las pausadas acciones y el montaje poco dinámico son también recursos que le dan estilo a este título, y que remarcan la soledad y la monotonía que absorbe a los personajes en su día a día

Esta producción colombiana, mexicana y francesa tuvo su estreno mundial en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes del año 2012; a partir de allí recibió una serie de nominaciones y premiaciones bastante fructífera, resultando en los Premios a Mejor Ópera Prima en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y en el Festival de Cine de Lima a Mejor Fotografía, además del Premio Especial del Jurado, por mencionar algunos.

Tres años después, La tierra y la sombra (César Acevedo, 2015) colocó nuevamente a Colombia en la mira de la cinefilia internacional. Esta cinta aborda la historia de la familia de Alfonso, un campesino que regresa después de 17 años al hogar que abandonó, debido a que su único hijo padece una terrible enfermedad; de vuelta a la región, descubre que todo lo que él conocía ya no existe y que lo que queda está a punto de desaparecer debido al avance del progreso. Ante este panorama, Alfonso hará todo lo posible por reparar los lazos que lo unen a su familia y tratará de acercarse a ellos antes de que sea demasiado tarde.

La tierra y la sombra cine colombiano
La tierra y la sombra

Influenciada por el pensamiento y la forma de ver el mundo del cineasta Andréi Tarkovski (de acuerdo a las palabras del fotógrafo Mateo Guzmán), La tierra y la sombra es una película minimalista en cuanto a su puesta en escena, pero de gran riqueza estética y narrativa, dedicando un cuidado exhaustivo a la realización de sus planos contemplativos y a su duración, además haciendo que tenga sentido el tan célebre concepto de “Esculpir en el tiempo”. Para el director, la intención de su película era trascender a las sensaciones y sentimientos y no sólo retratar una cruda realidad, por lo que la puesta en cámara y en escena traducen a nuestros ojos la historia de una familia afectada por muchas penurias, gracias a imágenes llenas de luces y sombras, entre otras decisiones creativas. La casa, un oasis perdido entre un mar de cañas de azúcar, alberga dentro de sus posibilidades las memorias y los sueños de la familia, pero es incapaz de protegerlas cuando se lucha contra el agresivo empuje de la realidad.

La tierra y la sombra se presentó mundialmente en el Festival de Cine de Cannes y ganó la Caméra d’or por Mejor Ópera Prima, así como el Grand Rail d’or, el Premio SACD y el premio France 4 Visionary durante la Semana de la Crítica; asimismo, alrededor del mundo participó en certámenes como el Festival de Cine de Rotterdam, el Festival de Cine de San Sebastián, el Festival de Munich, el Festival de Cine de Jerusalén y el Festival de Cine Independiente de Bogotá, ganando algunos premios o sólo formando parte de las selecciones oficiales.

En 2017 se estrenó Virus Tropical (Pablo Caicedo, 2017). Paola es la menor de una familia colombiana que tiene poco de tradicional: su papá es sacerdote, su madre es vidente y sus hermanas no son precisamente el orgullo de sus padres. Ella tiene que lidiar en un contexto donde las apariencias y los estereotipos influyen en las dinámicas de esta sociedad latinoamericana, por lo que debe abrirse paso hacia la independencia mientras se enfrenta a pequeñas crisis de identidad que van a definir su compleja personalidad.

Virus tropical cine colombiano
Virus tropical

Inspirada en la novela gráfica autobiográfica de la artista plástica Powerpaola y con un estilo visual que nos recuerda a proyectos como Persepolis (Marjane Satrapi & Vincent Paranaud, 2007) y Waltz with Bashir (Ari Folman, 2008), esta animación es un coming of age sobre la vida de Paola, la cual abarca desde su “milagrosa” concepción (su madre se había ligado las trompas de Falopio, por lo que los doctores pensaban que en realidad era un virus tropical y no un embarazo) hasta su adolescencia. A través de distintos momentos de su vida, y de la mano de una fabulosa banda sonora, podemos ver el desarrollo personal de Paola y cómo se enfrenta a sus conflictos internos y externos mientras conocemos también el contexto en que ella deambula.

La película se estrenó mundialmente en el Animation Is Film Festival de Los Ángeles y fue seleccionada en concursos como el Festival de Cine de Berlín o el South by Southwest Film Festival, donde se llevó el Premio del Público. Virus Tropical también ganó el galardón al Mejor Largometraje en los Premios Quirino de la Animación Iberoamericana 2019.

El 2018 fue un año intenso para Colombia en cuanto a realización cinematográfica, destacando dos proyectos importantes: en Matar a Jesús (Laura Mora, 2018) una estudiante universitaria llamada Paula es testigo del asesinato de su padre —un popular profesor de una universidad en Medellín— por parte de un sicario a bordo de una motocicleta. Sus familiares acuden a las autoridades para buscar justicia, pero chocarán de frente contra un muro de indolencia y desinterés; unos meses después, Paula se cruzará nuevamente con el sicario, por lo que ella buscará conocerlo y adentrarse en su mundo para después vengarse de él.

Matar a Jesús cine colombiano
Matar a Jesús

Inspirada en la pérdida de la propia directora (quien desarrolló todo un proceso escrito a partir de un sueño donde el asesino de su padre se le presentaba), el segundo largometraje de Laura Mora retrata de manera cruda y natural el efecto de la violencia en las ciudades colombianas y cómo afecta a sus habitantes por igual. La dirección de la cineasta es clave para que el dilema moral planteado en la película, en vez de desarrollar una clásica historia de venganza, nos muestre las complejidades del ser humano (representadas en sus dos protagonistas, quienes brindan unas brillantes actuaciones), generando así una reflexión sobre cómo somos víctimas de un sistema social y económico que nos subyuga y deshumaniza. Mención aparte para la ciudad de Medellín, convertida en una tercera protagonista gracias a la fotografía y a las diferentes locaciones requeridas para la producción, presentándola como un territorio con muchos matices.

Matar a Jesús tuvo su premier mundial en el Festival de Cine de Toronto, y a partir de entonces presumiría un palmarés asombroso con una cantidad extensa de premios alrededor del mundo, destacando los obtenidos en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (Mejor Largometraje de Ficción, Mejor Actor), el Festival de Cine de El Cairo (Pirámide de Plata) y sus diferentes galardones del Festival de Cine de San Sebastián.

Pájaros de verano (Cristina Gallego y Ciro Guerra, 2018) es una historia que se sitúa en los años 70 en pleno boom del consumo de marihuana en los Estados Unidos y el desarrollo del narcotráfico en Colombia, donde una familia Wayuu del desierto de Guajira tomará protagonismo dentro de este redituable negocio; sin embargo, su sed de riqueza y poder los llevará al conflicto con un clan hermano que pondrá en grave peligro sus vidas.

Pájaros de verano cine colombiano
Pájaros de verano

Aunque existen otras películas con Ciro Guerra como director de mayor alcance mediático como El abrazo de la serpiente (2015) —nominada a los 88° Premios Oscar en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa—, esta cinta dirigida en conjunto con la cineasta y productora Cristina Gallego aborda uno de los momentos más complicados en la historia de Colombia (el desarrollo y auge del narcotráfico, en específico el periodo conocido como “la bonanza marimbera”); asimismo revela los efectos en su historia actual, pero lo hace desde el punto de vista de las comunidades wayuu, las cuales durante ese periodo vieron amenazadas sus costumbres y tradiciones por culpa de aquellos que decidieron abandonarlas seducidos por el dinero y el poder. Siendo la película más narrativa de la dupla Cristina–Ciro, esta cinta coral trata de mostrar todos los puntos de vista posibles para entender las dimensiones y las consecuencias de este conflicto social y cultural. Aporta a esta misión la incisiva mirada del fotógrafo David Gallego, quien no solo captura unos magníficos planos de estos paisajes colombianos, sino que también sabe cómo resaltar algunos momentos donde la paleta de color predomina en rojos y amarillos.

Esta producción colombiana, francesa y danesa es una de las películas latinoamericanas más exitosas de los años recientes: no sólo fue la cinta inaugural de la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes, sino que también se presentó en certámenes como el Festival de Cine de Toronto, el Festival de Cine de San Sebastián y el Festival de Cine de Locarno; por otro lado, entre sus reconocimientos destacan los de Mejor Dirección y Premio del Jurado en el Festival de Cine de Lima, Mejor Largometraje de Ficción, Mejor Actriz y Mejor Música en el Premio Iberoamericano de Cine Fénix y el de Mejor Película en el Festival de Cine de Miami.

BONUS: Monos (Alejandro Landes, 2019)

En la cima de las montañas, un grupo de ocho jóvenes guerrilleros apodados “Los monos” conviven en un campamento y realizan ejercicios de entrenamiento bajo las órdenes de un paramilitar; su única misión es cuidar a “La doctora” (una mujer norteamericana a la que mantienen como rehén) y a una vaca lechera. Cuando el grupo es empujado hacia las selvas debido a una emboscada, la misión de los monos comienza a peligrar debido a las fricciones y a la desconfianza entre ellos.

Con una propuesta que por momentos nos recuerda a Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y a Lord of The Flies (Harry Hook, 1990), Monos es una película particular si nos adentramos a su fondo y forma. La puesta en cámara es brillante y dinámica, con movimientos poco usuales en las producciones colombianas, pero sin abandonar del todo las virtudes del plano fijo (elemento en común en las películas mencionadas en este listado); tales decisiones creativas impactan en las acciones que ocurren dentro del encuadre y como resultado tenemos muchísimos planos dignos de enmarcar. Sin clavarse en presentarnos una situación o un contexto histórico determinado, el filme nos otorga una historia universal sobre la violencia y la pérdida de la inocencia, con un realismo simbólico que rememora los peores momentos de Ven y mira (Elem Klimow, 1985) y que se mantiene en un balance sin llegar al extremo romantizador o al tremendista, que es algo que ocurre muy seguido en las películas latinoamericanas.

Monos cine colombiano
Monos

Monos se estrenó en enero de 2019 en el Festival de Cine de Sundance, donde ganó el Premio Especial del Jurado, y a partir de allí tuvo un largo recorrido por festivales. Algunos de ellos fueron el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (premio a la Mejor Música Original), el Newport Beach Festival California (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Cinematografía y Mejor Actriz),  el Slovakia Art Film Festival (Mejor Película), así como el Festival de Cine de Palm Springs (Mejor Película Iberoamericana).

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