Diana Cano, la fotógrafa que rescata las protestas borradas del espacio público

Por: Aylin Colmenero

Los medios de comunicación son espacios potentes de difusión, en los cuales se tiene la elección de mostrar o eliminar ciertos discursos. Para Diana Cano, al trabajar desde miradas no normadas, la fotografía puede generar imágenes que resignifiquen.

Ella es originaria de Ecatepec, socióloga y fotógrafa de formación y actualmente docente en la Escuela Activa de Fotografía y del Gimnasio de Arte y Cultura. Su obra ha sido expuesta en la Bienal de ARTEMERGENTE de Monterrey (2019) y en la XI Bienal de Puebla de los Ángeles (2017), así como en el Centro de la Imagen, Museo de Arte Carrillo Gil, MUCA-Roma, CONARTE, Centro Cultural Brasil-México, Faro Tláhuac, Centro de Cultura Digital, entre otros.

El trabajo de Diana se centra en el error, la ausencia y el borrado, todas aquellas miradas alternativas que fungen como recursos creativos y que van configurando una perspectiva de algunos acontecimientos. “Trabajé en un proyecto que se llama Experimentos visuales (2016 – 2018), donde intentaba ficcionar la mirada de un daltónico a partir de imágenes que tenía y un intercambio de cartucho en una impresora para colocarnos en la mirada del daltónico” cuenta Diana en entrevista con Zoom F7. 

Pero esta ausencia trasciende al espacio público donde la acción de borrar es un acto político. Diana trabaja actualmente en dos proyectos: Borre las paredes de las pintas (2019) y La urgencia de borrar (2020), obras relacionadas con la eliminación de consignas colocadas en las calles tras las marchas feministas del año pasado.Me espantaba mucho cómo estas acciones de borrados eran sumamente inmediatas. Cuando eran las manifestaciones al día siguiente de camino al trabajo, me tocaba pasar por lugares donde había pasado la marcha y veía que los sitios estaban prácticamente limpios y como si no hubiera pasado absolutamente nada, a raíz de eso, en las siguientes marchas que iba, me enfocaba en fotografiar las consignas y las paredes y pintadas”.

Las fotografías intentan mostrar estos dos puntos de vista, ambos con una fuerte carga política, tanto una pared totalmente limpia y una pared rayada. “Intenté darle la vuelta discurso, es decir, que lo que se queda en imagen fotográfica es el reclamo tal cual la pinta y no la pared, que era lo que se estaba priorizando en los medios de comunicación. Me centro mucho en la idea de las cosas que se quitan, hay nombres de mujeres víctimas de feminicidio que remiten específicamente a un hecho, todo eso es lo que se borra”.

A través de su fotografía, Diana toma el espacio público a partir de un contexto de impunidad. “Estos espacios como tal ya no están significando lo que significaron en su momento, los están tomando y los están transformando. Esto es sumamente valioso porque están dotando de sentido algo que ya no lo tenía”, comenta. 

“Creo que la importancia de la mirada femenina, ya sea desde el fotoperiodismo, el arte, el activismo o la academia, es poder hablar del tema que no se habla. Hoy en día es más fácil acceder a los medios, alzar la voz y denunciarlo, pero aun así falta mucho, seguir platicando y sacando estos temas de discusión para poder reflexionar sobre ellos”.

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